skip to main | skip to sidebar

Amy Goodman

Periodista, investigadora, escritora... Ha demostrado que SÍ es posible la independencia de los medios de comunicación y ha dado voz a lxs excluídxs en los mass media. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Vandana Shiva

Doctora en física, filósofa, activista por la justícia global y la soberanía alimentaria... Ha demostrado que SÍ es posible la producción sostenible y plural de alimentos. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Tawakkul Karman

Periodista, política, activista por los Derechos Humanos... Ha demostrado que SÍ se puede luchar desde el pacifismo por la Revolución política, social y de género en Yemen. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Joumana Haddad

Poeta, traductora... Ha demostrado que SÍ se puede trabajar por la secularización de la sociedad, la libertad sexual y los derechos de las mujeres en Líbano. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Leymah Gbowee

Trabajadora social, responsable del movimiento que pacificó su país en 2003... Ha demostrado que SÍ es posible la Paz en Liberia y que las mujeres son sus constructoras. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Ada Colau

Filósofa de formación y miembra visible de la PAH... Ha demostrado que SÍ es posible hacer frente a la ilegitimidad de las leyes movilizando a la sociedad pacíficamente. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Marama Davidson

Activista por los derechos del pueblo maorí... Ha demostrado que SÍ es posible identificarse con la idea universal de la descolonización del Planeta. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Teresa Forcades

Doctora en salud pública, teóloga... Ha demostrado que SÍ es posible un discurso humanista, feminista y combativo por la justícia social dentro de la Iglesia Católica. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Sheelah McLean, Nina Wilson, Sylvia McAdam y Jessica Gordon

Fundadoras del movimiento Idle No More... Han demostrado que SÍ es posible mobilizar a la sociedad en defensa de los derechos de los pueblos autóctonos en Canadá. SIN ELLAS NO SE MUEVE EL MUNDO.

Mostrando entradas con la etiqueta capitalismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta capitalismo. Mostrar todas las entradas

19 de abril de 2015

El feminismo contra las políticas neoliberales, por Rosa Cobo

Artículo de Rosa Cobo, profesora titular de Sociología del Género de la Universidad de A Coruña, publicado en eldiario.es. Una reflexión sobre el ataque del capitalismo globalizado, y la intensificación de sus políticas neoliberales, a los derechos de las mujeres conquistados en los tres últimos siglos.

El feminismo es un movimiento social interclasista, pues todas las mujeres, de todas las clases sociales, de diferentes culturas o razas y con distintas orientaciones o identidades sexuales pueden ser abusadas sexualmente, agredidas, explotadas en el hogar y en el mercado laboral y discriminadas en aquellos ámbitos en los que hay recursos y poder. Las estructuras simbólicas y materiales sobre las que está edificada la desigualdad afectan en mayor o menos medida a todas y cada una de las mujeres y ninguna de ellas puede sustraerse a algunos de los rostros de esa desigualdad. 

En sus tres siglos de historia, el feminismo ha sabido identificar los nudos de la opresión y ha luchado políticamente para deshacerlos. En el siglo XVIII, el feminismo se articuló como una interpelación moral a los privilegios masculinos y en ese contexto las mujeres reclamaron la consideración de sujetos racionales como base para conseguir otros derechos que ya tenían los varones. En el siglo XIX, el feminismo exigirá el estatuto de sujeto político para las mujeres y se articulará políticamente en torno al derecho al voto. En el siglo XX, las feministas pondrán de manifiesto el dominio masculino en el marco doméstico y familiar y el feminismo subrayará el carácter político de aquello que había sido definido por el liberalismo y el socialismo como privado.

El feminismo del siglo XXI, en medio de intensos cambios sociales, se interroga acerca de las vindicaciones sobre las que articular la lucha bajo una poderosa reacción patriarcal y neoliberal. En efecto, como hemos podido ver en España recientemente con el derecho al aborto, ninguno de los derechos que hemos conquistado está plenamente consolidado. La reacción patriarcal pesa como una losa sobre las vidas de las mujeres debido a los intentos de restablecer los antiguos códigos patriarcales. 

La idea que quiero desarrollar es que en este comienzo de siglo, el capitalismo neoliberal se ha convertido en el dispositivo de mayor opresión para las mujeres. Todos los datos ponen de manifiesto que las políticas de austeridad son devastadoras para ellas. La idea, asentada entre la izquierda, de que las políticas económicas neoliberales afectan negativamente a las clases trabajadoras y medias es cierta, pero es una idea insuficiente. Hay una parte en esta afirmación que no se suele contar y es que las políticas de austeridad empobrecen y subordinan más a las mujeres que a los varones. 

La economía feminista subraya que uno de los efectos más rotundos de los programas de ajuste estructural es el crecimiento del trabajo gratuito de las mujeres en el hogar, resultado directo de los recortes de las políticas sociales por parte del estado. En efecto, aquellas funciones de las que el estado abdica, vuelven a recaer invariablemente en la familia y una vez más son asumidas por las mujeres. Si bien los trabajos reproductivos y de cuidados han sido asignados históricamente a las mujeres, las políticas de austeridad aumentan el trabajo en el hogar, pues algunas tareas que estaban ‘externalizadas’, ahora vuelven a la familia. 

Por otra parte, la entrada de considerables contingentes de mujeres al mercado global de trabajo en unas condiciones de sobreexplotación difíciles de imaginar es un requisito necesario para la supervivencia del nuevo capitalismo neoliberal. La alta participación de mujeres en las maquilas o zonas francas vinculadas al vestido y al montaje electrónico pone de manifiesto que hay sectores económicos ocupados mayoritariamente por mujeres. Como también puede apreciarse que las maquilas más descualificadas son las más feminizadas.

Los nuevos sistemas de producción flexible requieren un nuevo perfil de trabajador. Deben ser personas flexibles, capaces de adaptarse a cambios rápidos, a los que se puede despedir fácilmente y que estén dispuestos a trabajar en horas irregulares. Este segmento del mercado laboral se está convirtiendo en mano de obra heterogénea, flexible, temporal y con salarios de pobreza. Estos grupos de trabajadores, que Manuel Castells denomina ‘genéricos’, son mayoritariamente mujeres. El perfil del trabajador sin derechos y sobreexplotado tiene rostro de mujer. Este hecho es el que ha hecho que el feminismo se haya comprometido y movilizado políticamente junto a la izquierda en la lucha contra el neoliberalismo.

Sin embargo, hay que precisar que el objetivo político feminista no debe ser la crítica a la austeridad en sí misma: debe ir más allá e identificar la política patriarcal del neoliberalismo. El feminismo del siglo XXI ha entendido que el capitalismo neoliberal, en estrecha alianza con los diversos patriarcados, está privando de derechos conquistados a las mujeres, está articulando nuevos espacios de subordinación, incrementando la explotación y feminizando la pobreza. El resultado es un creciente e instrumental aumento de la violencia contra las mujeres con el objetivo de que acepten su nuevo rol en las nuevas sociedades capitalistas y patriarcales. Cualquier estrategia feminista debe articularse en torno al trabajo y al empleo debido a su carácter fuertemente opresivo para las mujeres. Y, además, esta estrategia desembocará en la construcción de diferentes espacios de encuentro entre las feministas y las mujeres que no se encuentran dentro del movimiento feminista. Las políticas neoliberales y patriarcales deben convertirse en uno de los objetivos de la lucha feminista porque se han convertido en la causa fundamental de la feminización de la pobreza.

Fuente fotografïa: http://dcs.uas.edu.mx/index.php?sec=3&op=2&tipo=i&id_noticia=3789

13 de febrero de 2014

A propósito de Femen

Brigitte Vasallo
Bigitte Vasallo, periodista, escritora, mediadora intercultural y activista feminista, fue entrevistada por la periodista Irene Redondo sobre el feminismo de Femen, que ha sido calificado como el McDonalds del feminismo. Esta entrevista se publicó en la revista DIAGONAL el 5 de noviembre de 2013, con el título El espectáculo Femen llega a España No te pierdas su interesante análisis. 

Publicado en su blog Perder el Norte
(El cambio de color de los textos es obra de la autora)

· ¿Femen invisibiliza el resto de acciones y movimientos feministas o es un altavoz?
 
Femen es muy contraproducente respecto a otros movimientos feministas. No solo los invisibiliza sino que dificulta muchísimo su trabajo sobre el terreno. Mi crítica principal a Femen es que están situadas en un feminismo colonialista, etnocéntrico, que no tiene en cuenta las luchas particulares de los feminismos no-hegemónicos y que les impone su visión. Su Topless Yihad, en la que parece que querían “liberar” a las musulmanas de la voluntad ser musulmanas, fue un ejercicio de tremenda arrogancia cultural y de una ignorancia bochornosa, sin ninguna visión ni estrategia a medio plazo, y sin tener en absoluto en cuenta las opiniones y el trabajo de las feministas musulmanas y de países musulmanes. Puro despotismo ilustrado: “todo por las mujeres, pero sin las mujeres”. La postura etnocéntrica de Femen en general se reconoce, pero no se considera un problema mayor. Para mí, sin embargo, es el todo. No me interesa, desde el feminismo, cambiar el discurso hegemónico de género, “feminizarlo”, sino dinamitar la existencia misma de lo hegemónico, dinamitar las imposiciones de todo tipo, también epistemológicas, que ejercen las cumbres del poder hacia las bases. Si el feminismo no es horizontal e inclusivo, casi ni me interesa.


· La falta de diversidad de cuerpos, ¿proviene de Femen o es el ojo masculino de los medios?
 
No estamos hablando exactamente de falta de diversidad, sino de refuerzo de los cuerpos normativos, de imágenes del cuerpo femenino surgidas del patriarcado y del capitalismo. Es bastante difícil creer en una lucha feminista que use como herramienta de transformación el refuerzo mismo de las imágenes patriarcales. No olvidemos que el cuerpo normativo no es una mera opción estética: es una herramienta de control. Y yo intuyo que el cuerpo es uno de los primeros espacios que son recuperados por la persona feminista. Me cuesta pensar en una gran teórica del feminismo machacándose con la dieta Dukan, la verdad, aunque sabemos que al fin todas estamos llenas de incoherencias. También creo que, defendiendo lo indefendible, se me dirá que “ellas son así”,  o que (que eso también lo he oído) “en Ucrania son así”. Pero yo me miro y miro a mi entorno feminista, en el país que sea, y lo que veo es diversidad: en pesos, en alturas, en edades, en formas, en gustos. Tal vez respondiendo más en concreto a tu pregunta, en la página web de Femen no vemos diversidad alguna de cuerpos. Las apariciones estelares de Femen en lugares como Cannes hubiesen sido una buena ocasión para desmentir ese cuerpo normativo que tanto se les está criticando, sin embargo las representantes allí tenían cuerpos normativos. Así que no, no creo que sean los medio, aunque sin duda Femen recibe tanta atención por usar cuerpos normativos. El pez que se muerde la cola: ¿tienen sentido grandes acciones reivindicando nuestro derecho al cuerpo cuando estás reforzando una de las principales herramientas de control sobre el cuerpo femenino, que es el patrón estético impuesto por el patriarcado y el capitalismo?


· Una organización jerárquica, ¿puede ser feminista?
 
No lo sé. Soy bastante enemiga de esencialismos, de decir qué puede y qué no puede ser. Tengo claro que no me interesa un feminismo así, a mí personalmente. Por lo demás, también creo que hay que dar espacio a los grupos y a los movimientos para que hagan, y eso incluye dar espacio para que comentan y cometamos errores. Pero hay que ser extremandamente cuidadosa con los “daños colaterales” de nuestros errores. Es decir, bienvenidas las luchas, en todas sus formas, pero que sean luchas que sumen, no que resten.


· ¿Son las greenpeace del feminismo?
 
No. Como bien dice la Filósofa Frívola, son el McDonalds del feminismo. Feminismo imperialista.


· ¿Las mismas campañas valen para todos los países?
 
Por supuesto que no. Te pongo un ejemplo muy gráfico, que cita Saba Mahmood: en los 70 las feministas blancas de clase media pedían el desmantelamiento de la familia nuclear por ser la base de la opresión, sin embargo las feministas indígenas y afro-americanas argumentaban que para ellas la libertad consistía en poder formar una familia, puesto que la larga historia de esclavitud, genocidio y racismo había operado precisamente rompiendo sus comunidades. Yo no me atrevería a decirle a ninguna de mis compañeras, feministas o no, cómo debe gestionar su vida. ¿Cómo es que nos permitimos hacerlo tan alegremente con mujeres y contextos que ni conocemos ni nos hemos preocupado de conocer, ni de escuchar, ni de entender?


· ¿Son islamófobas?
 
Te linko la respuesta que publicó Shevchenko a las quejas de las musulmanas, feministas incluidas, sobre su Topless Yihad. En ella hay un repertorio absolutamente ridículo de estereotipos y desconocimiento abrumadores: afirma que la máxima aspiración de una mujer musulmana es ser la favorita de un harén (igual se refiere a musulmanas como Shirin Ebadi, Premio Nobel de la Paz y, claro, musulmana) Habla de los hombres musulmanes como violadores, asesinos y lapidadores (supongo que en eso incluye a tipos como Malcom X, por nombrar a un musulmán). Pero, además, la actitud es absolutamente patriarcal, arrogante y etnocéntrica hacia las musulmanas, negándoles su propia capacidad de decisión (“Escriben en sus carteles que no necesitan liberación pero en sus ojos  está escrito ayúdame”) y referenciándolas continuamente respecto a sus padres, hermanos y maridos,: “Hermanas (prefiero hablar con mujeres, incluso sabiendo que detrás de ellas hay hombres barbudos empuñando cuchillos)”. Podría añadir cincuenta citas de las feministas post-coloniales, pero valga Mohanty como ejemplo:

“En el contexto del equilibro de poder Primer/Tercer Mundo, los análisis feministas que ejercen y sostienen la hegemonía de la idea de la superioridad de Occidente, producen un conjunto correspondiente de imágenes universales de la mujer con velo, la madre fuerte, la virgen casta, la esposa obediente, etc. Estas imágenens tienen un esplendor universal, ahistórico, que pone en marcha un discurso colonialista que ejerce un poder muy específico, en tanto que define, codifica y mantiene las relaciones existentes entre el Primer y el Tercer Mundo”


3 de junio de 2013

"La caza de brujas revela aspectos constantes de las relaciones capitalistas". Entrevista a Silvia Federicci

Gaelx entrevista a Silvia Federici para Nodo50 en mayo de 2012.  Un relato cada día más actual.

Charlamos con Silvia Federici, activista, investigadora y autora de "Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria" durante su reciente visita a Madrid, sobre temas como la caza de brujas, la privatización actual y los cercamientos de tierras modernos, los bienes comunales y el control sobre los cuerpos de las mujeres.

Una tesis incómoda: la caza de brujas no se trata de un vestigio de superstición medieval sino que supone un momento necesario para la acumulación originaria del capital.

“Creo que ha habido un fuerte empuje para disociar la historia del capitalismo, que siempre se ha presentado como una historia de liberación, emancipación, conquista de derechos, etc. de unos ataques tan horribles sobre la vida de las personas. Desde el inicio del siglo XIX se extiende la teoría de que, principalmente, la caza de brujas tiene que ver con la Iglesia, con la superstición medieval, aunque no existe evidencia histórica. Los pocos estudios que hay muestran que la caza de brujas se produce intensa y ampliamente en el siglo XVI, en un momento en el que las relaciones feudales estaban totalmente disueltas."

"Incluso hoy en día no se ha producido ese reconocimiento. Ha sido el movimiento de mujeres el que ha resaltado el continuo entre, por ejemplo, la caza de brujas y las prácticas esclavistas. El inicio de la esclavitud, la colonización, pertenecen al mismo contexto político, al mismo momento histórico. Y también a la fundación de la sociedad capitalista moderna. Pero no se ha asimilado. (…) [Cuando se trata esta parte de la historia en las escuelas] no pueden evitar explicar que el inicio de la sociedad moderna tiene mucho que ver con la colonización, con la conquista de América, pero se sigue eliminado la caza de brujas; no se admite que mujeres quemadas en la hoguera tengan nada que ver con el inicio del capitalismo.”

Una versión bastante extendida, al menos en la cultura popular, explica parcialmente el hecho de que entre el siglo XV y el XVIII se asesinase en Europa a entre 200 y 500.000 personas acusadas de brujería, cerca de un 80% de ellas mujeres [1], basándose en el uso de drogas alucinatorias, según aparece recogido en muchas de las confesiones. Pero como Federici nos recuerda, “realmente no sabemos lo que hicieron estas mujeres porque las confesiones eran realizadas bajo tortura. Así que esta interpretación no se basa en ninguna evidencia firme, es puramente especulativa.”

Entonces, ¿cómo podemos entender esta alucinación colectiva en la que toda una sociedad actuó durante varios siglos como si realmente existiera la brujería?

“Hay otras interpretación posibles, que yo prefiero porque tienen mucho más sentido teniendo en cuenta el contexto. Por ejemplo, la acusación de que estas mujeres volaban a encuentros secretos tiene mucho que ver con, para empezar, el miedo a estas reuniones, el miedo a las asambleas campesinas, de gente reunida, conspirando, que tenían lugar de noche porque cualquier cosa no legal tenía lugar bajo el manto de la oscuridad. La cuestión de volar también se relaciona con el fuerte ataque que tiene lugar en estos momentos contra la movilidad de las personas.” Recodemos que en estas fechas se producen de forma masiva en buena parte de Europa cercamientos (enclosure o, en un lenguaje actual, privatizaciones) de tierras, de las que se expulsa a grandes masas de población que se ven obligadas a vagar en busca de un salario y a las que se trataba de controlar fijándolas a un territorio. “Estoy muy inclinada a ver el horror que provocaba la idea de las mujeres volando por los aires, moviéndose a grandes distancias, como un ejemplo, un continuo de estos ataques sobre la movilidad.”

La globalización de la caza de brujas: América Latina en el siglo XVI, África en el XX

“Alguien ha señalado también -y resulta un detalle interesante a tener en cuenta- que las imágenes de las mujeres cubriéndose de ungüentos que nos ha llegado del siglo XVI podrían estar inspiradas en imágenes similares que se estaban representando de gente de las colonias americanas (“brujas”, médicos y chamanes de México y la región andina). Hacia mediados y finales del siglo XVI hay un cierto intercambio de imágenes y conceptos entre el proceso de colonización y la caza de brujas en Europa.” Es decir, las prácticas y discursos propios de la caza de brujas en Europa se exporta y aplica en los procesos de colonización de América en un “ir y venir discontinuo que configura y da forma a la caza de brujas en un nivel internacional” ya que esas “mismas técnicas de persecución y tortura se aplican en América y después se traen de vuelta a Europa.”

Las torturas y asesinatos de personas, principalmente mujeres y, entre estas, mayores bajo la acusación de brujería reaparece “a finales de los 80, durante los 90 y hasta la actualidad en varios países de África, en India, Nepal; ha habido casos de brujas quemadas en Papúa Nueva Guinea, incluso en Timor Oriental recientemente. Y estamos hablando de miles de mujeres en África, al menos veinte mil se han calculado, y también algunos varones, principalmente hombres mayores y niños.” “Sí, es algo que nunca hubiese esperado encontrarme.”

Como explica Federici, “esta situación ha ido de la mano de la globalización, de los ajustes estructurales, con los procesos de privatización de tierras y expulsión de la gente de ellas para su comercialización. Las mujeres han sido expulsadas de las tierras comunales y las tierras se reducen porque las compañías mineras, de agrocombustible, de negocios agrícolas llegan a acuerdos con los jefes locales y los gobiernos. Así que el sistema de tierras comunes, que prevalecía todavía en África, se está destruyendo. Una manera de resistir esto es que muchas comunidades de hombres están expulsando a las mujeres de la tierra. Así que este es el contexto, un contexto de privatización, expropiación y desplazamientos en el que tiene lugar esta caza de brujas. Que es un contexto muy similar al del siglo XVI y XVII.”

Los microcéditos como ejemplo de ofensiva neoliberal en África

Otro tema que preocupa a esta activista y sobre el que está investigando en la actualidad es “el ataque que organizaciones como el Banco Mundial y otras organizaciones internacionales que representan al capital internacional están llevando a cabo contra cualquier forma de economía de subsistencia, que es un tipo de actividad que llevan a cabo principalmente mujeres, ya sea agricultura de subsistencia o comercio de subsistencia. (...) Existe un ataque ideológico y económico contra esto que devalúa y presenta esta actividad como la causa de la pobreza. Y voy a poner un ejemplo: el Banco Mundial ha llevado a cabo una campaña para mostrar que la agricultura de subsistencia es causante de la pobreza.” En un contexto en el que cada vez menos gente tiene acceso al trabajo asalariado, “la agricultura y el comercio de subsistencia significan la diferencia entre la vida y la muerte para centenares de miles de millones de personas.” Pero, en la lógica capitalista, “la tierra sólo es buena si sirve para ir al banco, pedir dinero, comprar bienes y con eso empiezas un negocio. Es una manera de comercializar con las relaciones sociales y situar bajo el control de los bancos y de las relaciones monetarias un montón de actividades que escapaban al capitalismo y servían de base para la autonomía de mucha gente; representan una manera de ser capaz de sobrevivir.”

En este sentido, Federici critica las políticas neoliberales ocultas en la práctica de los alabados microcréditos y disfrazadas de discurso sobre el empodramiento de las mujeres. “En realidad, en lugar de aliviar la pobreza, lo que la microfinanciación ha hecho es llevar toda esa esfera de actividades que tenía lugar al margen del mercado dentro del mismo y bajo el control de los bancos. De hecho, tras años de microfinanciación, tenemos un registro muy negativo, en el que muchas mujeres se ven cargadas de deudas que no pueden pagar. (…) Los préstamos se otorgan a grupos de mujeres -vecinas, amigas- que están creados previamente como un sistema de apoyo mutuo. Así que cuando les dan un préstamo al grupo, cada una de las mujeres es responsable. Si tú no pagas, yo te voy a perseguir, voy a ser la que te vigile y persiga. Así, has pasado de ser parte de mi grupo de apoyo a mi policía. Incluso se ha mostrado en muchas casos como esta es la causa del incremento de violencia entre mujeres porque cuando una no paga el resto van a ir a su casa, a criticarla e, incluso, a darle una paliza. Así que ha habido un incremento de la violencia, incluso de la violencia entre mujeres, como resultado de los microcréditos. (…) Veo esta caza de brujas como parte de este proceso más amplio de nuevos cercamientos. Supone la privatización de tierras y de relaciones sociales y afecta principalmente a mujeres porque se dirige directamente contra las formas de reproducción de subsistencia que no se orientaban hacia el mercado.”

La cuestión de los comunes se encuentra en el centro del debate actual porque representan una forma de poder ajena a las relaciones capitalistas

Silvia Federici empezó a interesarse por la cuestión de los comunes “realizando el trabajo de investigación para el libro, cuando me di cuenta de que la caza de brujas y el nacimiento del capitalismo eran una respuesta a la lucha que la gente había llevado a cabo en la Edad Media para emanciparse del poder de los señores feudales y, a la vez, en esa época, la gente tenía ciertas bases de poder porque tenían acceso a la tierra y la gestionaban de modo comunitario, lo que les permitía organizarse de una forma que desaparece con el inicio del trabajo asalariado. Si no tienes acceso a un salario, no tienes nada de lo que vivir. Pero en las villas feudales, siempre tenías algún tipo de acceso a los medios de reproducción. Entonces me empecé a dar cuenta de lo que suponían los comunes. Los bienes comunes no significaban únicamente un medio de subsistencia, de paliar la desigualdad, sino también todo un sistema de organizar las relaciones sociales; eran las bases para un tipo de vida democrática en el que la gente tomaba decisiones conjuntamente, mediante asambleas campesinas en donde la circulación de conocimiento se producía de forma colectiva. A su manera, los comunes son un cierto tipo de poder y es ahí cuando me di cuenta de que el capitalismo necesitaba acabar con ellos; no sólo apartar a la gente de la tierra sino destruir este tipo de relación comunal que implica que muchas formas de trabajo se realizaban colectivamente, incluyendo a las mujeres. La gente decidía conjuntamente cuándo sembrar, cuándo cosechar de forma colectiva. Y esto generaba unos lazos muy profundos lo que explica también que las luchas fuesen tan intensas y prolongadas.”

Un salto aquí y ahora: ¿Exigir derechos al Estado o autogestionar nuestras vidas en grupos de afinidad?

Para Federici, también en su contexto estadounidense se trata de una de las cuestiones que se encuentra ahora mismo en el centro del debate y que no puede responderse de forma general y unívoca. Se da la paradoja de que “al realizar demandas al Estado, lo estás legitimando y reconociendo como interlocutor válido” y, además, la prestación de “servicios o programas por parte del Estado implica un mayor control y no queremos que este organice nuestra vida. Nuestro poder es algo que tenemos que construir no desde abajo sino desde la base (not from below but from the ground). Claramente, cualquier poder que podamos tener va a ser el que construyamos, no el que nos otorgue el Estado.” Pero “de toda la riqueza producida por la gente, la mayoría está en manos del Estado. Así que, en cierto sentido, la cuestión es cómo reclamar esa riqueza sin darle al Estado el poder de organizar nuestra vida o validar su figura como protector y fuente de cohesión y bienestar social.” Insiste en que se trata de una cuestión fundamental que “solo puede responderse dependiendo del contexto específico. Hay que atender a cómo determinadas formas de lucha y de organización cambian las relaciones de poder, desequilibran el balance de fuerzas; si otorgan más cotas de poder al Estado sobre nuestras vidas o posibilitan que ampliemos nuestra autonomía para reclamar parte de nuestra riqueza.”


[1] Datos extraidos de Federici, S. "Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria". Ed. Traficantes de Sueños, 2010

Fuente fotografía: https://www.diagonalperiodico.net/cuerpo/creo-sigue-teniendo-lugar-caza-brujas.html