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Amy Goodman

Periodista, investigadora, escritora... Ha demostrado que SÍ es posible la independencia de los medios de comunicación y ha dado voz a lxs excluídxs en los mass media. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Vandana Shiva

Doctora en física, filósofa, activista por la justícia global y la soberanía alimentaria... Ha demostrado que SÍ es posible la producción sostenible y plural de alimentos. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Tawakkul Karman

Periodista, política, activista por los Derechos Humanos... Ha demostrado que SÍ se puede luchar desde el pacifismo por la Revolución política, social y de género en Yemen. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Joumana Haddad

Poeta, traductora... Ha demostrado que SÍ se puede trabajar por la secularización de la sociedad, la libertad sexual y los derechos de las mujeres en Líbano. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Leymah Gbowee

Trabajadora social, responsable del movimiento que pacificó su país en 2003... Ha demostrado que SÍ es posible la Paz en Liberia y que las mujeres son sus constructoras. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Ada Colau

Filósofa de formación y miembra visible de la PAH... Ha demostrado que SÍ es posible hacer frente a la ilegitimidad de las leyes movilizando a la sociedad pacíficamente. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Marama Davidson

Activista por los derechos del pueblo maorí... Ha demostrado que SÍ es posible identificarse con la idea universal de la descolonización del Planeta. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Teresa Forcades

Doctora en salud pública, teóloga... Ha demostrado que SÍ es posible un discurso humanista, feminista y combativo por la justícia social dentro de la Iglesia Católica. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Sheelah McLean, Nina Wilson, Sylvia McAdam y Jessica Gordon

Fundadoras del movimiento Idle No More... Han demostrado que SÍ es posible mobilizar a la sociedad en defensa de los derechos de los pueblos autóctonos en Canadá. SIN ELLAS NO SE MUEVE EL MUNDO.

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20 de agosto de 2016

Eren Keskin: cabeza de turca

Artículo publicado en Píkara Magazine

“¿De qué democracia podemos hablar con Recep Tayyip Erdogan en el poder?”, se pregunta una y otra vez Eren Keskin. Abogada kurda, activista de los derechos humanos, la han intentado asesinar dos veces en su propio despacho, ha estado en la cárcel y sobre ella pesa una orden de prohibición de salir de su propio país. Sus delitos: haber dirigido un periódico kurdo y llevar a 500 autoridades a juicio por violencia sexual. 

“Salid a las calles para defender la democracia”, llamaba el presidente de Turquía, Recep Tayin Erdogan, escondido en un remoto lugar a través de de un teléfono con ‘FaceTime’, mientras el país que controla trataba de parar los tanques en las calles y esquivaba las balas de un grupo de militares que intentó el golpe de Estado la noche del 15 de julio. Y la gente salió. Y la gente paró el golpe.
Las purgas, el efervescente autoritarismo de Erdogan, la renuncia a la Convención Europea de los Derechos Humanos y el impuesto estado de emergencia son las duras consecuencias del contragolpe. Mientras, una parte de la población llena cada noche la plaza de Taksim, un punto de referencia para las fuerzas democráticas y progresistas del país que ahora ocupan los seguidores del presidente, al grito de “Allah Akbar” (Alá es grande). Otra trata de caminar sin llamar la atención. Ya no basta con estar en contra de la violencia y el golpe, sino que ahora el punto de mira se siente tan solo con tener una idea contraria a la ideología al partido dirigente, AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo), o justificar una mínima relación con la supuesta cabeza del golpe, su gran excompañero y ahora gran rival,  Fethullah Gulen. Tanto es así, que “la limpieza”, como la llama Erdogan, se ha cobrado más de 60.000 detenciones o destituciones de puestos de trabajo en las administraciones públicas, fuerzas armadas, en educación, incluso cierre de medios de comunicación y retirada de tarjetas a periodistas que ejercían su labor de informar.
Pero entre el caos y la incertidumbre, hay quien no se calla.  “¿De qué democracia podemos hablar con Recep Tayyip Erdogan en el poder?”, se pregunta una y otra vez Eren Keskin. Habla con conocimiento de causa: activista y abogada kurda, lleva más de la mitad de su vida dedicada a la defensa de los derechos humanos, la han intentado asesinar dos veces a punta de pistola en su propio despacho, ha estado en la cárcel y sobre ella pesa una orden de prohibición de salir de su propio país.
Keskin estuvo en prisión en 1995. Su delito: un artículo que llamaba a un cese el fuego entre el PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) y las fuerzas del gobierno. En la cárcel, conoció la otra cara de un país oprimido y que no avanza en derechos humanos. Se convirtió en los ojos y oídos de cientos de mujeres y transexuales que habían sufrido violaciones y abusos sexuales por parte de las autoridades. Nada más salir de entre las rejas, cofundó un bufete de asistencia legal. “La violación es utilizada como método de tortura en todas las guerras. En estos momentos tenemos más de 500 casos contra autoridades acusadas de violación. El comienzo fue difícil porque las mujeres tenían miedo y vergüenza; se sentían sucias. En este país, el honor de una mujer y también de su familia se valora en la sexualidad de esta”, explica la abogada. Durante los 20 años que lleva luchando en este proyecto, los acusados han sido absueltos por la justicia turca, incluso han ascendido de rango, aunque algunos sí han sido penados por la Corte Internacional de Derechos Humanos.
En la agenda de Keskin hay muchos desafíos. Cambiar la ley fue uno de ellos porque la forma en la que estaba redactada caracterizaba el crimen de violación como una falta contra la ética y la familia, no contra su persona misma. Tampoco existía una definición de acoso sexual y los protocolos para las pruebas de virginidad estaban diseñados para disuadir y castigar a las mujeres más que para documentar el delito. “Criticábamos que las pruebas para procesar a un agente estatal solo podían ser proporcionadas por otra institución del Estado. Gracias a nuestro trabajo, en el año 2005 se produjeron mejoras en la normativa. Ahora los tribunales aceptan informes de daños psicológicos elaborados por clínicas privadas”, celebra Eren.
Según la abogada, los golpes de Estado militares no son un acontecimiento extraordinario en Turquía. No es el primero en el que está presente, sino que también vivió en carne y hueso uno de los más duros, el que atropelló al país en 1960. “Estamos expuestos a un golpe de Estado en cualquier momento y a un estado de emergencia constante. El problema no son estos que llaman la atención internacional, sino los que se producen diariamente y sistemáticamente en un país donde no existe separación de poderes y que están en manos de los militares”, critica. Sin embargo, desde hace unos días con la aprobación autoritaria de tres meses del estado de emergencia, el poder militar también está en las manos de Erdogan.
En un momento de inestabilidad como este, las medidas tomadas están más cerca de un fascismo que del Estado de derecho que Erdogan llamaba a defender con la vida. La purga fue el comienzo y a ello le siguió la suspensión de la Convención Europea de Derechos Humanos, lo que aumenta el miedo y el caos en las calles no solo para las personas autóctonas, sino también para la comunidad refugiada que supera los tres millones de desarraigadas. “El Estado de la república turca declara que retira esta convención, pero esto ya lo hemos vivido y vivimos desde hace décadas en estado de emergencia en Kurdistán, donde mucha gente desapareció durante las detenciones y también asesinada por para militares. El derecho a la vida y el de no ser torturado es algo que debería estar garantizado, pero nos hemos topado con prácticas que demuestran todo lo contrario”, avisa Eren. Y es que la historia se repite. En la última semana Amnistía Internacinal ha acusado a las autoridades turcas de violar gravemente los derechos de los detenidos durante las purgas tras el golpe como “violaciones con porras, golpes, la negación de alimentos, medicamentos, agua y amenazas”, según su comunicado.
Keskin fue testigo de lo que se vive en un cárcel turca y la cárcel no son solo cuatro paredes físicas. La prisión, es que te arrebaten tus libertades y derechos. Bajo el polémico artículo 301 del Código Penal que juzga y criminaliza el insulto en contra del Estado y sus instituciones, esta activista fue acusada y condenada. La libertad de prensa y expresión también le fueron negadas cuando dirigía el único periódico que se edita íntegramente en kurdo en Turquía, Özgür Gündem, y por esto tiene 99 juicios pendientes. “Hablar de la violación de una mujer o un menor por un miembro de la autoridad, se considera insulto para el Estado, por lo que se me aplica el artículo 301 y entre otras cosas no puedo viajar fuera de mi país”.
A pesar de todo lo que está ocurriendo en Turquía, la puerta entre Oriente y Occidente, “la comunidad internacional calla y casi todos los acuerdos de la Unión Europea se firman junto a Turquía, a pesar de que aún no es miembro. Los intereses no quieren entender de derechos”, sentencia la activista.
A todo esto, en Taksim se respira un ambiente de campaña electoral. Erdogan sigue ganando seguidores, mientras que los barrios más progres, kemalistas y alevitas, sufren constantes abusos y agresiones por un islamismo extremo que nada tiene que ver con la religión, sino con la cultura de la dominación en un país donde conviven la laicidad y la interculturalidad. Las imágenes de Ataturk, fundador de la Turquía moderna como Estado constitucional-secular que se mantenía bajo el paraguas del ejército turco frenaba los avances del fundamentalismo, sin embargo, ahora está siendo sustituidas por banderas e iconos de Erdogan. Nadie habla en la calle sobre el tema. Todos miden sus palabras.
 “La ideología del Estado turco está basada en asustar a la población”, asegura Keskin. Sin embargo, “los que tienen miedo ahora son las fuerzas del poder presidencial porque se están enfrentando entre ellos. Tienen miedo y no confían el uno del otro”. Miedo. Miedo es una palabra que ya no existe en el diccionario de esta activista perseguida, que sobrevive a los ataques. “Ya no tengo miedo. He sido oprimida y el miedo me ha dado la fuerza para librarme eso. Para los defensores de los derechos humanos y los demócratas, ¿de qué puede servir el miedo?”. Acaba la entrevista, y Eren le sonríe al miedo.


14 de julio de 2014

Marlene Cummins: "La violación de un país y la de una mujer están promovidas por el mismo motor"





Entrevista de Camila Monasterio a la saxofonista y activista por los derechos del pueblo Aborigen australiano Marlene Cummins, publicada en la revista DIAGONAL

“Mi pasado siempre predecirá mi futuro”

Marlene Cummins, activista, saxofonista y cantante enraizada en el blues desde que “en la infancia conectase con la entrega profunda y espiritual de esta música”, hoy se despliega como nunca. Su disco Koori Woman y el documental Black Panther Woman (dirigido por Rachel Perkins) acaban de ver la luz. Incansable luchadora por los derechos de las comunidades aborígenes de Australia, abre un nuevo capítulo al romper un silencio de cuarenta años para narrar los abusos que, como mujer, sufrió dentro del movimiento por la liberación negra. Una violencia que la sumió en un proceso doloroso tras el que decidió no hablar de lo ocurrido por no alimentar la demonización del hombre aborigen. Sin embargo, ha llegado la hora de provocar el cambio, y esto pasa por la verdad. Como mujer, se siente “vulnerable por revelar una historia de violencia, pero fuerte y con coraje por contarlo”.

Marlene, has prendido fuego en tu propia historia rompiendo un largo silencio con un disco y una película. ¿Es el fin de un proceso o el principio de una nueva dimensión?

Ambas cosas. Principio y fin. Mi pasado siempre predecirá mi futuro y mis intenciones. Siempre he sentido una batalla interna por la búsqueda de la verdad sin concesiones. Mi lucha personal a través del arte me permite aceptar y desafiar las dificultades en mi vida. 

Hablar de una misma como tú lo haces no debe ser fácil. ¿Cómo te decidiste?
Cuando tu prioridad en la vida es perseguir la verdad y la justicia, tienes la capacidad de llegar hasta el final. Cuidé de mi madre con esquizofrenia, de mi hijo que era adicto la heroína. Y antes de eso yo misma tuve una adicción al alcohol y al juego que tuve que controlar. Para proveer justicia, hay que empezar por una misma. 

La narración de episodios de violencia puede situar a la persona en el lugar de víctima. ¿Crees que la música y el cine son canales que permiten formas más ricas de autorretratarse?

Sí. Por haber sufrido violencia sexual he sido víctima de un mal social, pero no quiero que me victimicen. Todos tenemos el poder de luchar por la verdad y así nadie puede manipularnos como supuestas víctimas. Nadie volverá a amenazarme, porque si no lucho por mí misma, yo sería mi peor enemiga.

Aparte de tu catarsis personal, ¿quieres enviar algún mensaje o contribuir a la justicia social de alguna forma?

Quiero atacar decididamente la misoginia en cualquiera de sus formas. Ejerzo mi palabra contra la violencia hacia las mujeres y la infancia. La misma actitud que creo que destruye a la madre Tierra. Quiero que los hombres se responsabilicen de su violencia y que ellos provoquen el cambio. Tienen que unirse a gran escala: políticos, personalidades y gente de a pie. Deben limpiar los horrores que perpetran y dar un paso adelante. Quiero que mi historia contribuya a ese movimiento.

¿Qué te llevó a ser miembro de las Panteras Negras?

La experiencia del racismo en mi propio país desde mi más tierna infancia. Todo lo que he experimentado en mi vida ha sido racismo. El partido de las Panteras Negras me ofreció una salida. No quería seguir siendo una víctima. Está en mi ADN el luchar contra la injusticia. Hemos tenido suficiente.

¿Os sentíais conectados con el movimiento en América a pesar de las diferencias entre unas y otras comunidades negras?

Era diferente pero, como indígenas y negros, compartimos una camaradería que los no negros nunca entenderán. Entendemos la cultura con la misma perspectiva. Respetamos a nuestros ancestros y nadie tiene derecho a desligarnos de este modo de vida. También había algunas diferencias. Nosotros nunca llevábamos armas, sólo adoptamos lo que era relevante en nuestra cultura y lucha como Aborígenes.

¿Cómo te sentías entre tus compañeros hombres?

Me inspiraba su visión y educación política. Para entrar a las Pantera Negras había que estudiar comunismo, Karl Marx... para poder hablar de nuestra situación con conocimiento. Nunca había vista nada igual.

Sufriste la violencia sexual de líderes indígenas y negros. ¿Por qué crees que alguien en principio sensible a la injusticia sea capaz de abusar de su poder así?

El sistema blanco y patriarcal oprime globalmente y la misoginia permea por toda la epidermis de la sociedad. Pero creo que los hombres negros son más demonizados por estos actos en comparación con los blancos. Es parte de esa actitud misionera con la que los blancos creen saber qué es mejor para nosotros.

El comienzo de Koori Woman corta la respiración, ¿en qué sentido es esta canción un elemento central en tu disco?

Desde que empecé a cantar blues, Koko Taylor me ha enganchado. Hago esta versión para las mujeres que han sufrido la colonización misógina en mi país. Creo que las mujeres de cualquier lugar y su espíritu son las que más sufren cualquier invasión. La violación de un país y la de una mujer están promovidas por el mismo motor. Igual que la avaricia de los ricos y poderosos está matando la Madre Tierra.

El sonido del didgeridoo conecta perfectamente con la crudeza de tu blues, ¿hay algo ancestral en ambos que los hace compatibles?

El blues nació de una tradición antigua y pensé que el didgeridoo tenía que estar ahí para representar al blues de mi país. De forma natural incorporo elementos de mi cultura. Igual que otros artistas aborígenes, creamos un sonido que nos identifica.

Así como el folk y el country han florecido dentro de la comunidad aborigen, el blues ha sido meno explorado, al menos entre las mujeres.

No es porque no conectemos con el blues, es porque apenas ha llegado a nuestras orillas. En la radio sólo escuchábamos pop hecho por blancos hasta que irrumpió Ray Charles Algunas emisoras “blancas” no lo hacían sonar. En Australia no estuvimos muy expuestos al blues. Yo tuve suerte porque mi padre era un músico versátil que tocaba algo de blues. También hubo artistas aborígenes, como Syvana Doolan, mi cantante de blues favorita. La escuché cantar en 1970. Escribió temas sobre la opresión contra nuestro pueblo. Me inspiró mucho. También Georgia Lee. Me enfada el estereotipo de que somos borrachos y vagos que sólo escuchamos country. Que no sentimos el soul o el rhythm and blues. Eso no es verdad.

¿Un gira internacional a la vista? ¿España tal vez?

Me encantaría ir a cualquier lugar del mundo a presentar mi disco. Probablemente el año que viene iremos a América a tocar delta blues, al origen de muchos de mis artistas favoritos. Sueño con ir a Nueva Orleáns, Chicago, Memphis. Vivimos en el mundo espiritual y como Aborigen quiero presentarles mis respetos y agradecerles. Pero por supuesto, iría encantada a tocar a España. ¡El viejo blues!

150 años de racismo institucional en Australia

Leyes segregadoras (1900-1905)
Las personas Aborígenes no son consideradas ciudadanas según la Constitución de la Commonweatlh. Leyes de inmigración para la Australia blanca: se prohíbe la entrada al país de personas no caucásicas. En 1905 se aprueba el Western Australia Aborigines Act. La custodia de todos los menores de 16 años pasa al jefe protector. Se establecen reservas donde se somete a las comunidades desplazadas. Le siguen leyes similares en otros Estados.
Asimilación (años 40)
La población Aborígen tiene que ser asimilada en la sociedad blanca, quieran o no. Todo rastro de cultura indígena ha de ser eliminado. En 1938, 150 años después de la ocupación europea, la Asociación de Aborígenes Progresista declara el Día del Lamento. En 1939 se produce la marcha de Cummeragunja: primera huelga masiva Aborígen.
Acción (años 60-70)
En los 60 Aparece la política de integración para supuestamente dar más control a la población Aborigen sobre sus vidas .Con las tensiones entre el fin de las políticas de asimilación del gobierno y el principio de la autodeterminación Aborigen, nace el Partido Australiano de Panteras Negras en 1971. En 1972 se produce una movilización por el derecho a la tierra. En 1975 se aprueba el Acta contra la Discriminación Racial.
Reparación (años 90-2000)
Caso Mabo (1992). El Supremo australiano da la razón a Eddie Mabo decidiendo que hubo una ocupación de la población nativa y que Australia nunca fue una tierra vacía. En 2008, el Parlamento se disculpa por las “Generaciones Robadas”.

Te invitamos a leer también EL BLUES DE LA MUJER ABORÍGEN

Fuente fotografía: http://blackfellafilms.com.au/project/blackpantherwoman/

22 de junio de 2014

Desde 2011, 550 mujeres egipcias han sido secuestradas y forzadas a convertirse al islam

A raíz del secuestro de 300 jóvenes en Nigeria, hace ya dos meses, por el grupo islamista armado Boko Haram, otras voces se han alzado para denunciar una práctica que se lleva a cabo con toda impunidad en diferentes países. Egipto, del que trata el artículo que reproducimos a continuación, es uno de ellos. En este caso, menos de un 5% de mujeres coptas que son secuestradas, separadas de sus familias y obligadas a casarse y convertirse al islam, son sometidas a través de la violencia. Todo comienza con una relación romántica en la que, sin embargo, una vez que las jóvenes son alejadas del ámbito familiar, se ven igualmente atrapadas y sin alternativas para escapar de una situación no deseada. De las 550 mujeres que han sufrido esta situación en los últimos 3 años, solamente 10 han conseguido volver a sus hogares y hacer público su testimonio. 

Te invitamos a leer el siguiente artículo publicado en Fox News.
La administradora del blog

Hundreds of Egyptian women and girls kidnapped, forced into Islam, claims report

Fifteen-year-old Amira Hafez Wahim slipped out of the Christian church in Luxor, Egypt, where she had attended services with her mother in February, promising to dash to a nearby store and return quickly.


Five months later, she has not been seen since, although her parents immediately suspected a 28-year-old Muslim man named Yasser Mahmoud, who had tried to kidnap her before, had succeeded this time.  When her father went to the Civil Status Authority for a copy of her birth certificate, his fears were confirmed: Her name had been changed and she was now listed as Muslim.


Amira is one of approximately 550 Coptic Christian girls and women who have disappeared in Egypt over the last three years, according to a report from the Egyptian Association of Victims of Abduction and Enforced Disappearances.


Ebnar Louis, the Cairo activist who founded the association in 2010, said police are typically indifferent to reports of missing girls.


“We file an official police report, but it is often ignored,” Louis told the humanitarian think tank Atlantic Council.

The reasons behind this alleged police indifference are unclear. It could be individual sectarian bias, inadequate resources and funding, or plain incompetence.


The report concluded that many of the missing females were abducted by Salafi Muslims and forced to convert to Islam and marry their captors once estranged from their families. It found the abductions increased after secular strongman Hosni Mubarak was overthrown in 2011 and replaced by Muslim Brotherhood-aligned Mohammed Morsi. Although Morsi was in turn ousted by the military nearly a year ago, the abductions have continued.


Of the 550 missing females AVAED has investigated, only 10 have returned home and offered testimony. But the 10 who made it back tell a familiar tale that Louis’ group believes reveals an organized effort by Salafi extremists to kidnap, marry and convert Coptic women and girls.


The American Center for Law and Justice, which has called on the Obama administration to speak out for religious freedom in the Middle East and Africa, believes there is an ominous goal behind the abductions.


“The kidnappings are increasing, and many in the Coptic community believe that it is an attempt to systematically reduce the population of the Coptic community,” said ACLJ Executive Director Jordan Sekulow.


Sekulow noted that the 550 figure far exceeds the approximately 300 Nigerian school girls recently kidnapped and forced to convert by Muslim terrorist group Boko Haram. That case drew international condemnation, but the lower-profile, drawn-out wave of abductions in Egypt has gone largely under the radar.


“The international community must stand boldly to let the Egyptian authorities know that this is a matter of grave concern," Sekulow said.


Women who escaped their captors told Louis’ group that Salafi Muslim men threatened them, moved them through a network of safe houses and forced them into conversion and arranged marriage. Once they had converted, they said, they were threatened that fleeing as an Islam apostate is punishable by death.


Coptic advocates acknowledge that many of the women and girls initially go willingly with their captors, after being romantically wooed. But once they are away from their families, they soon find they have no options.


“Not all examples are forced,” said Louis. “Some begin as love affairs but then spiral into warnings. ‘What will your family do to you if you go home? Convert to Islam so we can be together.’ But afterwards she is told if you go back you will be killed as an apostate.”


George Nushi, the chief field researcher for AVAED, reports that of the 550 cases investigated, said as few as five percent of the abductions are violent kidnappings.  But preying on women under the guise of romance brings the same result, he said, claiming that most these relationships are formed with ill-intentions on the part of the man.


Zaid Fahmy, a professor of Near Eastern Studies at Cornell University, called the report a “fabrication” and said Egypt’s real problem with abductions involves holding hostages for ransom.


“Since 2011, there has been a collapse of law and order in Egypt and crime rates have dramatically increased,” Fahmy said. “Kidnappings for monetary ransom have been taking place. Most of the victims, however, are wealthy adult males and religious conversion of any kind is not the object of these criminal acts.”
  
Fuente fotografía: http://libertadusa.com/?p=8479

4 de mayo de 2014

Mujeres brasileñas: del icono mediático a la realidad

Vídeo producido por la revista Pueblos y la organización Paz con Dignidad, con el apoyo de la Agencia Vasca de Cooperación al Desarrollo. 

Un análisis sobre la cosificación de las mujeres brasileñas en los mass media, especialmente en televisión, medio que es  utilizado por el 80% de la población -en un país de más de 200 millones de habitantes- como única fuente de información. La publicidad ha construido un estereotipo de mujer blanca, esbelta y heterosexual que no se corresponde con la pluralidad que existe en un país donde sólo un 47% de mujeres se consideran de raza blanca. Este estereotipo femenino supone una prematura erotización de las niñas que lo consideran modelo estético y de comportamiento para la consecución del éxito social. La mujer es presentada como trofeo y supeditada a los deseos del público masculino sin el que, parece ser, el género femenino no tendría razón de ser. 

En nuestro post Pelo bueno, pelo malo, publicado el 1 de diciembre de 2013, reproducíamos el documental de Miguel Parra Jiménez sobre las imposiciones estéticas que sufrían las mujeres de raza negra en la República Dominicana -país en el que la mayoría de spots publicitarios presentan el mismo estereotipo de mujer que en Brasil- y para las cuales sus oportunidades de trabajo dependían en gran medida del aspecto de su cabello. Aunque el documental sobre las mujeres brasileñas habla de un modelo europeizante -con el que estamos de acuerdo- creemos que la imposición de este arquetipo femenino responde a la enorme influencia del stablishment estadounidense -el poder financiero, económico, político y mediático- en las sociedades latinoamericanas, que ha difundido de manera extraordinaria o, mejor dicho, impuesto, los valores patriarcales, neoliberales y sexistas de su sociedad.

 La administradora del blog

13 de abril de 2014

Políticas feministas contra la violencia sexista vs. Políticas gubernamentales

Begoña Zabala González
Artículo de Begoña Zabala Gónzalez, abogada feminista, publicado en Viento Sur.

Un quehacer importante del movimiento feminista, desde siempre, ha sido y está siendo la lucha contra la violencia sexista. Cuando se produce la expresión más brutal de ésta, que es el asesinato, la preocupación y la indignación crece. Ayer mismo moría en Medina del Campo una joven de 32 años a manos de su expareja, que le disparó tres veces con arma de fuego y la dejó en coma. Hace la víctima número 18 del año, según fuentes de los medios, asesinadas por sus parejas o exparejas. El año pasado fueron 54 en total, según datos del Ministerio, lo que supone una cifra parcial relativamente inferior.

Estos datos, con lo parciales e insuficientes que son, han hecho sonar las alarmas. Se interpreta que la situación que vivimos, llamémosla de crisis, puede estar disparando estas cifras de asesinatos por violencia de género. Es lo que tienen los números. Cuando se comparan producen sus efectos, tranquilizadores o de alarma. En realidad los cincuenta y cuatro casos del año pasado ya me parecen suficientes como para alarmarse. Pero sobre todo, para hacer unos análisis serios sobre los nueve años que han pasado de vigencia que cumple la Ley Orgánica de Medidas de protección integral contra la violencia de género.

Solo con estos titulares, voy a hacer dos reflexiones que me vienen a la mente, para apostillar las políticas gubernamentales y resaltar las prácticas y políticas del movimiento feminista. Necesitamos, desde el movimiento feminista, preguntarnos y contestarnos sobre lo que está pasando en los ámbitos de la violencia sexista, sobre todo para saber responder a esta extrema agresión que sufrimos las mujeres, justo en el momento en el que se dice que se está avanzando en igualdad. ¿Será que no se avanza tanto? ¿Será que el paradigma igualdad no es un correlato de la violencia machista?

Definición de violencia sexista

Para tranquilidad de las estadísticas y de los números, la vigente ley codifica el termino legal de violencia de género, limitando su ámbito de comprensión de forma extremada. No solamente es un problema semántico o de lenguaje jurídico, que se apropia –y a la vez expropia al movimiento feminista- de un término de larga tradición para acuñar un significado propio, sino que su muy particular interpretación va a distorsionar la realidad contada, así como la intervención institucional. Porque no debemos olvidar que la ley anuncia ya desde su título que va a tomar medidas cuando se produzca esta violencia de género, y en todo caso, para que no se produzca la misma. Es decir su foco lo dirige de forma casi unívoca a la violencia de los hombres contra las mujeres –pueden excepcionalmente ser víctimas también los hombres- cuando se da dentro del ámbito de una relación de pareja sentimental o afectiva, aunque ésta haya cesado.

Asi que tranquilidad, pues los 18 asesinatos de este año podían ser más, si contamos realmente a las mujeres asesinadas como consecuencia de la dominación masculina. Lo que siempre se ha llamado violencia sexista o machista o de los hombres contra las mujeres, o de género. Se excluye de un plumazo a todas las mujeres que no tienen o no han tenido relación “afectiva” con el agresor. El relato nunca será contado en sus términos para ignominia de las mujeres afectadas.

¿Y tiene esto realmente consecuencias en los casos concretos? Obviamente en el campo penal, criminológico, tema que preocupa de forma extrema a la propia ley, es definitorio. Ninguna de las medidas que se contemplan, y se consideran preventivas, -para prevenir más violencia pues en alguna medida ya se ha producido violencia cuando se pone en práctica la protección-, se pueden tomar si no es un supuesto definido por la ley como de violencia de género. Por supuesto, el tratamiento al agresor también es importante, ya que la violencia de género es una violencia cualificada para el sistema penal, en las penas y en el tratamiento. Siempre ponemos como el ejemplo el caso del asesinato de Nagore Lafagge, en Iruñea, un 7 de julio, cuando se negó a mantener relaciones sexuales con el que la asesinaría, que no fue considerado siguiendo literalmente la letra de la ley, violencia de género.

Denuncia de los casos de violencia sexista

Se ha criticado abundantemente el tratamiento por parte de la ley de la violencia sexista como un tema exclusivamente penal, policial, desde las políticas criminológicas. Esta consideración, además de focalizar de forma exagerada la violencia más tangible y visible, y muchas veces la más repudiable, desde luego, articular todas las medidas de alrededor y todo el actuar para su prevención y la resolución de los casos.

También sitúa a las mujeres como víctimas y como tales van a ser atendidas, y sobre todo van a ser protegidas, en su consideración de una víctima sin capacidad de decisión y con necesidad de protección. No tenía por qué ser así, pues se puede ser víctima de otras formas. No hace falta mirar muy lejos para ver la gran presión y protagonismo –e incluso la actividad y participación política beligerante- que otras víctimas, organizadas incluso en asociaciones varias, ejercitan a diario.

En este itinerario legal-policial-penal, que casi es el único al que reconducen a las mujeres, hay una figura estrella absolutamente necesaria para poner en marcha los mecanismos de intervención protectora o de prevención: la denuncia judicial. Pero no solamente opera como mecanismo jurídico imprescindible y necesario, sino que publicitariamente y mediáticamente, digamos que divide aguas. Todas nos acordamos de aquella campaña institucional, realizada desde Madrid, que terminaba diciendo “termina con esta lacra, es muy fácil, sólo tienes que marcar un número”. ¿Qué sensación de culpabilidad y de tonta integral te puede quedar si ni siquiera eres capaz de marcar un número de teléfono?.

Así también cuando los hechos más dolorosos se producen y acaba en asesinato, la primera averiguación es saber si había denunciado, si tenía medidas especiales de protección y si las cumplía a rajatabla. Parece que esto es un previo “sine qua non” para calibrar la culpabilidad del sujeto. Total para deducir que en un número importante de casos, a pesar de todos los pesares, y de haber presentado varias denuncias, el asesinato se termina produciendo.

Además, esto de la denuncia opera de forma muy contradictoria, pues a veces resulta que las mujeres retiran las denuncias. Por muchas razones que no vamos a entrar ahora a analizar, que tienen que ver en la mayoría de los casos con la dificultad del propio proceso, y de los procesos penales en general, y su burocracia, o con la búsqueda de fórmulas alternativas que pasan por no acudir a las vías penales. Tema por cierto que se ve con mucha frecuencia en otros ámbitos del campo penal y otros jurídicos y se reciben con aplauso, en pro de soluciones negociadas. Pues bien, cada vez que se descubre que una mujer ha retirado una denuncia, se equipara esto mecánicamente a “denuncia falsa” y por eso la retira, o “denuncia presionada”, para obtener otros beneficios, quién sabe cuáles.

A menudo el movimiento feminista ha terciado en este debate. Judicializar y penalizar hasta el extremo el tema de la violencia sexista entre parejas o exparejas, sin analizar todo el complejo camino que hay detrás, para ver las soluciones, está oscureciendo la naturaleza de la propia violencia. Hay un camino muy sinuoso y sutil de violencia de género, que no se puede detectar por mecanismos policiales y judiciales, ni mucho menos solucionar. El continuum de esta violencia, inicia su itinerario en una relación de dominación con violencia casi imperceptible, más en el campo de la violencia simbólica, que debe ser analizado y sobre todo sancionado y atajado, con otros mecanismo diferentes. El análisis tiene que ser más profundo y complejizado. No estamos simplemente ante un asesino del peor calibre, pues antes de convertirse en esto, han pasado muchos episodios de violencia que si no se resuelven con medidas y derechos para las mujeres que los están sufriendo y viviendo, llevarán de forma inequívoca al final del asesinato.

Es por esto que la respuesta a la violencia sexista, en todas sus dimensiones, no puede ser, ni se puede reducir de ninguna de las formas a la denuncia y a los ámbitos judiciales. Llevamos años analizando los mecanismos de dominación masculina, el sexismo y la violencia y el papel que juega en la perpetuación del sistema heteropatriarcal. Y este es el primer paso obligado para poder tomar medidas en contra de las violencias concretas. En esta explicación y en esta lucha, no está resultando buen aliado un sistema legal que no tipifica bien a la violencia sexista; que judicializa de forma exagerada los casos de violencia en pareja; que trata de proteger a la víctima como si de una menor se tratara, sin capacidad de decidir; que no le concede instrumentos –derechos- para su defensa autónoma y para su supervivencia; y sobre todo, que no interviene de forma eficaz en contra de las relaciones de dominación masculina y su imaginario simbólico, que naturalizan la sumisión de la mujer, como primer paso para la violencia. No es la igualdad del paradigma de desaparición de la violencia sino el empoderamiento, individual y colectivo de las mujeres.

Fuente fotografía: http://www.harimaguada.org/conferencias-de-las-jornadas-por-el-derecho-a-una-vida-deseada-digna-y-saludable/

16 de febrero de 2014

La mujer, cosa de hombres. Por Isabel Coixet

Reportaje de la directora de cine Isabel Coixet sobre el estereotipo de la mujer española, sumisa, abnegada y relegada al papel de esposa y madre sacrificada, que ha sido difundido y reforzado por los spots publicitarios durante varias décadas a través de la televisión. Un homenaje a las mujeres asesinadas y a las maltratadas por sus parejas o exparejas masculinas. 
La administradora del blog






12 de diciembre de 2013

La violencia contra las mujeres como arma estratégica del poder en la guerra social

Artículo publicado en PERIODISMO HUMANO traducido por Fátima Fafatale

La violencia contra las mujeres a menudo ha sido utilizada como un arma de guerra, con la intención de castigarlas, humillarlas y deshumanizarlas, pero sobre todo, con la intención de reprimir y destruir por todos los medios posibles el grupo al que pertenecen.

En los conflictos armados, esta violencia ha sido durante mucho tiempo asimilada a un signo de dominación más que a una herramienta de destrucción.

Sabemos también que en tiempos de paz, las violencias contra las mujeres pasan sobre todo por ser actos individuales de hombres violentos, y no por armas de destrucción “estratégicas”.

Y bien, ¿Qué diríais si en la situación de crisis exacerbada que sacude Grecia, la violencia contra las mujeres se estuviera convirtiendo en un arma en manos del poder?

En efecto, en los últimos tiempos, los casos de tal violencia se multiplican en Grecia. Es el ejemplo de cuatro manifestaciones emblemáticas:

La primera y ¿más reciente? ha tenido lugar a principios de noviembre de 2013 ante las cámaras, prácticamente en directo, cuando las fuerzas especiales de la policía griega (MAT), quisieron impedir a dos diputadas entrar en el edificio de la Radiotelevisión Pública (ERT), que acababa de ser ocupado por la policía, y las acorralaron contra el portón de entrada de hierro forjado. Las dos diputadas de la oposición parlamentaria, Zoe Konstandopoulou, de Syriza, y Rachel Makris, del partido ‘Griegos Independientes’, fueron muy maltratadas. Especialmente Zoe Konstandopoulou, que fue conscientemente asfixiada y estuvo a punto de morir, ha demandado a sus agresores por intento de asesinato. Y todo esto, porque las dos diputadas querían simplemente ejercer su derecho constitucional de entrar en la Radiotelevisión Pública para impedir el montaje policial (destrucción de material, etc.) que tenía como objetivo ¿ir contra? la lucha de los trabajadores.


La continuación de este suceso es muy elocuente y viene a confirmar nuestra tesis. Al día siguiente, el gran periódico pro-gubernamental ‘TA NEA’, lanzaba una violenta campaña ultra-sexista contra las dos diputadas, publicando una viñeta en portada que presentaba a las dos diputadas… haciendo striptease bailando en una barra ante un público de clientes masculinos habituales de este tipo de locales (ver viñeta). En la leyenda del “dibujo” se podía leer este supuesto intercambio entre dos clientes: “A la derecha está Raquel y a la izquierda Zoe. ¿Y es que ellas hacen también otra cosa? He oído que también emprenden acciones legales. Pero mejor vamos a preguntar al chico”…

La segunda ha dado lugar a un auténtico linchamiento público, acrecentado por las cadenas de televisión, de mujeres seropositivas, algunas de ellas prostitutas. En plena campaña electoral, dos ministros socialdemócratas, tristemente célebres por su papel en la represión salvaje de las manifestaciones contra la Troika y el desmantelamiento del sistema de Sanidad, animaron a la población a denunciar para detener a las que, según los ministros, “constituyen una bomba de relojería sanitaria”, “contaminan a la sociedad con enfermedades contagiosas” y matan de sida a “los padres de familia griegos”.

La tercera manifestación de esta violencia ha tenido como víctimas a las decenas y decenas de mujeres -¡incluso abuelas!- de los alrededores de Skouries, en el norte de Grecia, que se oponen a la sociedad canadiense Eldorado y su proyecto de extracción de oro de la región. Desde hace meses, las fuerzas especiales de la policía, por órdenes directas de su ministro, hacen de las mujeres de los pueblos de los alrededores el blanco prioritario de una represión feroz y en masa que ya ha desembocado en el encarcelamiento de algunas de ellas y en la acusación por… crímenes de aún más (ver las fotos). No es casualidad que esta campaña de represión sin precedentes enmarcada en la imposición del estado de excepción en una región habitada por pacífica/os campesina/os se pretende -a decir de sus responsables- que sea ejemplar con la intención de prevenir la multiplicación de estos actos de “desobediencia civil”. Y evidentemente, no es casualidad que esta “represión ejemplar” se ejerza prioritariamente contra las mujeres de esta población local a la que ha hecho destruir cueste lo que cueste.


Y la cuarta manifestación, el episodio tristemente célebre del diputado del partido neonazi Kassidiaris, que golpeó “en directo” a dos diputadas de izquierda durante una emisión transmitida durante la campaña electoral de la pasada primavera. Este acto de violencia, en lugar de suscitar la indignación y la reprobación, suscitó por el contrario una gran ola de simpatía popular y contribuyó al éxito electoral de Amanecer Dorado.

¿Qué está pasando?

Pensamos que se trata de un nuevo mal que empieza a aparecer. Esta violencia nos lleva a pensar en las violencias exacerbadas contra las mujeres en las guerras étnicas. La violación de mujeres por parte de hombres del bando contrario muy a menudo debe analizarse no como el efecto de un deseo masculino “incontrolable”, sino como parte de una estrategia de conflicto, de combate, en la que las mujeres representan biológica y simbólicamente la integridad de la etnia o de la nación a combatir. Y que hay que destruir. En nuestro caso, es evidente que no estamos en presencia de  una violencia nacionalista con motivo de una limpieza étnica. Estamos en presencia de un conflicto de una naturaleza diferente, de otra guerra, de una guerra social, ¡de una lucha de clases!

En suma, humillar a las dos diputadas identificándolas con bailarinas de stripteaseno significa solamente que dedicarse a la política es ante todo un derecho de los hombres y no de las mujeres. Significa, más vulgarmente, que el papel que ¿se le deja? a la mujer es ante todo estar siempre disponible para ser ¿follada?, poseída y gobernada por los machos.

Igualmente, lapidar a las mujeres seropositivas, criminalizarlas, satanizar su sexualidad, presentarla como una “amenaza” para la ley y el orden que debe reinar en nuestras sociedades, esta amenaza se parece a la que siempre han representado las “clases” que estos señores llaman desde hace casi dos siglos “peligrosas”. Mismo lenguaje, misma  demonización y misma represión…

Así pues, hacer de la misoginia, el odio contra las mujeres, la violencia contra las mujeres y sus derechos un arma de guerra no debería extrañar en la medida en que todas las políticas de quienes mandan en estos tiempos de la Troika triunfante apuntan también a hacernos volver a los peores momentos del capitalismo más salvaje y bárbaro del siglo XIX. Exactamente a una época durante la cual las mujeres no tenían prácticamente ningún derecho…

El hecho de que asistamos a la puesta en marcha de un auténtico ataque frontal, de una verdadera guerra de dimensiones históricas contra la inmensa mayoría de la/os ciudadana/os  (asalariada/os, pobres, parada/os, pensionistas, jóvenes, “diferentes”, inmigrantes, minorías…) debería explicar esta transformación de la violencia contra las mujeres en una verdadera arma que poder y pudientes utilizan en masa y cada vez más frecuentemente. Como en los casos de violaciones en masa que sirven a los limpiadores étnicos para hundir la moral del pueblo víctima y someterle definitivamente, la violencia contra las mujeres ejercida por poder y pudientes en tiempos de guerra social tiene en la actualidad exactamente los mismos objetivos: hundir la moral, romper el tejido social para someter no solamente a las mujeres -que son evidentemente el primer objetivo- sino a todas las víctimas, hombres incluidos, de sus políticas inhumanas y neoliberales.

1 de noviembre de 2013

La violencia obstetra

Excelente artículo de la periodista Alba Onrubia García, Máster en 2010 en Relaciones Internacionales y Estudios Africanos (UAM) y colaboradora de Paz con Dignidad y la revista Pueblos, donde ha publicado el artículo que reproducimos a continuación.  La periodista denuncia el modelo de parto tecnocrático que prima en Brasil, pero extendido ya en prácticamente todo el mundo, en el que se antepone la eficacia y eficiencia mercantiles a los intereses de las mujeres que van a dar a luz, convirtiendo el hospital en una fábrica de reproducción de la fuerza de trabajo. Consideradas objetos y no sujetos con capacidad para protagonizar y decidir sobre su propia experiencia vital, son sometidas a un protocolo en el que no se observan las especificidades y particularidades que, como seres únicos, todxs poseemos, así como a un trato vejatorio verbal y asistencial. En muchos casos, debido a la asiduidad con la que se producen, algunos comportamientos violentos se han "normalizado". 

Así mismo, la historiadora e investigadora de origen italiano afincada en New York, Silvia Federici, en una entrevista publicada en SIN PERMISO afirmava que "Hoy en día, en Estados Unidos al menos, el parto también se ha mecanizado. En algunos hospitales, obviamente no los de lxs ricxs, las mujeres dan a luz en una línea de montaje, con tanto tiempo asignado para el parto, si exceden ese tiempo se les hace una cesárea."

Te invitamos a leer...
 La administradora del blog

La lucha social en Brasil por un parto humanizado libre de violencia institucional

Cosificadas, infantilizadas y desposeídas de cualquier toma de decisión, el cuerpo de las mujeres ha sido el campo de la batalla[1] a dominar por los distintos intereses patriarcales de la esfera pública y privada. Históricamente nos hemos visto sometidas a toda clase de imposiciones legislativas, maritales, religiosas, sociales, éticas y estéticas que nos han relegado a un segundo plano, cuando no al “exilio”, en el control sobre nuestros cuerpos.

Hoy en día sigue existiendo un gran número de esas prácticas que, mantenidas, transformadas, escondidas, aplaudidas y/o criticadas, pretenden seguir haciendo de nuestros cuerpos una disputa exógena a nosotras mismas, no sin encontrarse con las voces colectivas e individuales de los feminismos que mantienen una respuesta clara: el cuerpo es mío, yo decido. Aunque a cada paso los obstáculos y los frentes de batalla se vayan multiplicando.


Como mujeres tenemos la capacidad genética (y la presión social) de engendrar vida. El acto de parir es tan propio de la mujer que algunas personas consideran que la maternidad “es lo que hace a las mujeres auténticamente mujeres”, como se atrevió a señalar el ministro de Justicia Ruiz-Gallardón[2], en una muestra más de cómo la mujer es relegada al rol de madre. Y sin embargo, hasta en esta materia nuestra toma de decisión se ve coartada por un discurso que deliberadamente infravalora nuestra capacidad natural. Unas veces con la fe en la ciencia y la modernidad como bandera, otras evocando los fantasmas del “peligro” y otras muchas simplemente por la mecanización del proceso de parto, éste ha quedado deshumanizado y las instituciones médicas se han apoderado del derecho de la mujer a controlar su propio cuerpo y sexualidad.


La violencia obstetra es una de las formas en las que la violencia de género o violencia sexual se manifiesta de manera silenciosa, cuando menos camuflada por lo ha- bitual. No tan visibilizada como la violencia en el hogar, es ejercida de igual forma por las estructuras asimétricas de poder. Durante el proceso del embarazo, parto y posparto, numerosas mujeres se ven sometidas a prácticas humillantes, violentas y vejatorias, siendo relegadas a meros pacientes sin voz, poder de decisión ni control sobre su proceso.


En este contexto, determinados agentes de la sociedad civil, como grupos feministas, casas de parto y los y las profesionales de la salud del “modelo de la asistencia basado en evidencias y no en hábitos” (que veremos más adelante), vienen denunciando desde la década de los 60 el modelo de parto tecnocrático, ya normalizado en muchas partes del mundo, donde prima el factor productivo por encima del humano. Este modelo médico ha conseguido construir una serie de mitos en torno a la eficacia y eficiencia de la ciencia médica en el proceso de parto que ha generalizado el intervencionismo. Y Brasil, donde la hospitalización se ha convertido en casi la única elección para la gran mayoría de mujeres brasileñas que quieren dar a luz, es el máximo exponente en el continente latinoamericano.


Los procesos de industrialización y “modernización” que se dieron en Brasil en lo económico a principios del siglo XX se fueron extendiendo a todas las esferas de la vida, imperando una cultura capitalista que ha calado hasta los ámbitos de la atención en la salud. El paralelismo de la fábrica con el sistema sanitario ha llevado a generar deshumanización[3]: el hospital, como centro de producción, tiene que mantener unos parámetros de eficacia y eficiencia en términos económicos que desnaturalizan a la mujer y el proceso en sí del parto.


La falta de recursos, en muchos casos, o la productividad para sacar el máximo beneficio, en otros, llevan a encorsetar lo que debería ser un proceso único de cada mujer en una pieza de la maquinaria de fabricación de bebés en serie. La estandarización del “parto modelo” más responde a la idealización de un proceso de parto fácil y rápido para el médico y el hospital que a consideraciones de salud y bienestar del feto y la mujer. De hecho, un amplio porcentaje de las prácticas que se ejercen de manera habitual en los hospitales brasileños y de gran parte del mundo han sido desaconsejadas en informes internacionales, como la Declaración de Fortaleza de 1985 de la Organización Mundial de la Salud (OMS), por tratarse de prácticas que, como la cesárea, la episiotomía, la administración de hormonas o la maniobra de Kristeller, no se justifican en su empleo rutinario. Hay técnicas alternativas más naturales que favorecen tanto el parto como la disminución del dolor: la movilidad libre, los masajes, el afecto, el acompañamiento de una persona querida, un entorno tranquilo…

17 de agosto de 2013

Los derechos de las mujeres son el mayor indicador del grado de democracia de un país. El fracaso de las Revoluciones Árabes lo confirma.

Hibaaq Osman es una activista musulmana somalí dedicada a la defensa de los derechos de las mujeres y, especialmente, a la erradicación de la violencia ejercida contra ellas. Es fundadora y presidenta de la red Karama, que significa Dignidad en árabe. Esta organización abarca la región de  Oriente Medio y el Norte de África, donde se han venido desarrollando, desde 2010, las denominadas Revoluciones Árabes. 

Esta estratega de la política global afirma que la ausencia de Democracia de los gobiernos que han asumido el poder tras el derrocamiento de sus inmediatos protagonistas era de preveer, debido al menosprecio a los derechos de las mujeres mostrado por la totalidad de estos nuevos interlocutores políticos. 

Tal y como afirma Hibaaq Osman, no se puede esperar Justicia, respeto a los Derechos Humanos y Democracia de un gobierno que no respeta los derechos de las mujeres y les prohibe el acceso a la ciudadanía en las mismas condiciones que a los miembros masculinos de la sociedad de la que forman parte. 

De la misma manera,  el estado de Israel no puede ser llamado democrático mientras mantiene, al mismo tiempo, lo que James Petras ha denominado un campo de concentración a cielo abierto, llamado Palestina. Podemos sumar a ésta muchas otras situaciones, como es el caso del pueblo Kurdo o la persecución de los Haredim en su propia casa. Pero parece que la opinión pública internacional puede sentirse sensibilizada con respecto a los ataques pertetrados contra un pueblo o grupo social, fuera o dentro de su propio país, y permanecer inmutable ante el Genocidio que se está cometiendo en todo el Planeta contra las mujeres, sin que ello le ocasione ningún tipo de contradicción. Los casos de agresión contra las mujeres, que desbordan lo humanamente comprensible, son innumerables -República Democrática del Congo, India, Yemen, Marruecos, la deshumanización de las mujeres en los países denominados del Norte, etc. etc. etc.- y fáciles de documentar en los medios de comunicación y a través de informes y estudios publicados en la red y en los medios convencionales.

Os invitamos a ver a continuación la entrevista que Hibaaq Osma concedió en el Aspen Ideas Festival en agosto de 2012, cuando lo peor, si cabe, -que siempre cabe- estaba por llegar.
La administradora del blog




Artículo publicado en Karama:

  Hibaaq Osman Speaks Out Against Arab Governments Abandoning Women’s Rights At Aspen Ideas Festival

One women’s advocate says the treatment of women is the greatest indicator of how much a government values democracy.

Hibaaq Osman, the founder of Cairo-based women’s rights nonprofit Karama, joined HuffPost Live at the Aspen Ideas Festival to discuss the relationship between women’s rights and a government’s commitment to its people. She mentioned that governments who show little regard for women’s rights will perpetually lack respect for democracy and justice.

Specially, she mentioned Mohammed Morsi’s recently ousted Muslim Brotherhood:

“The minute [Morsi's government] came in and, of course, they started curtailing women’s rights, immediately,” she told Ahmed Shihab-Eldin of HuffPost Live. “And, to me, that was an indication that these governments in the Middle East were not committed to democracy, human rights, justice, or dignity. That was an indication.”

Osman has advocated for the improvement of women’s status, dignity, and rights in the Arab world — especially in Egypt, where women have long suffered from a lack of equality.

In March, for example, Morsi’s government claimed that a U.N. declaration promoting women’s basic rights would destroy society. In 2011, women only made up 24 percent of Egypt’s working force. Recent U.N. Women data indicates that almost 100 percent of Egypt’s women have been sexually harassed at one point.

Osman’s organization, Karama, operates in Jordan, Morocco, Lebanon, Iraq, Libya, and Egypt to influence legislation and advance the role of women in the Arab world.

This video is part of a series of interviews with speakers, attendees and panelists at The Aspen Ideas Festival, produced by The Huffington Post in conjunction with The Aspen Institute.

The original article was published August 3, 2012 on The Huffington Post’s website.