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Amy Goodman

Periodista, investigadora, escritora... Ha demostrado que SÍ es posible la independencia de los medios de comunicación y ha dado voz a lxs excluídxs en los mass media. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Vandana Shiva

Doctora en física, filósofa, activista por la justícia global y la soberanía alimentaria... Ha demostrado que SÍ es posible la producción sostenible y plural de alimentos. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Tawakkul Karman

Periodista, política, activista por los Derechos Humanos... Ha demostrado que SÍ se puede luchar desde el pacifismo por la Revolución política, social y de género en Yemen. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Joumana Haddad

Poeta, traductora... Ha demostrado que SÍ se puede trabajar por la secularización de la sociedad, la libertad sexual y los derechos de las mujeres en Líbano. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Leymah Gbowee

Trabajadora social, responsable del movimiento que pacificó su país en 2003... Ha demostrado que SÍ es posible la Paz en Liberia y que las mujeres son sus constructoras. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Ada Colau

Filósofa de formación y miembra visible de la PAH... Ha demostrado que SÍ es posible hacer frente a la ilegitimidad de las leyes movilizando a la sociedad pacíficamente. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Marama Davidson

Activista por los derechos del pueblo maorí... Ha demostrado que SÍ es posible identificarse con la idea universal de la descolonización del Planeta. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Teresa Forcades

Doctora en salud pública, teóloga... Ha demostrado que SÍ es posible un discurso humanista, feminista y combativo por la justícia social dentro de la Iglesia Católica. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Sheelah McLean, Nina Wilson, Sylvia McAdam y Jessica Gordon

Fundadoras del movimiento Idle No More... Han demostrado que SÍ es posible mobilizar a la sociedad en defensa de los derechos de los pueblos autóctonos en Canadá. SIN ELLAS NO SE MUEVE EL MUNDO.

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10 de noviembre de 2016

Now we can make sperm, is this the end of men?

Artículo de Julie Bindel, periodista, escritora y activista feminista,  publicado en The Guardian

‘Scientists have managed to create an artificial version of sperm in the laboratory from skin cells and used it to create healthy baby mice.’
 Photograph: Life on white / Alamy


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hen I heard the news that stem cell scientists have managed to create an artificial version of sperm in the laboratory from embryonic cells, and used it to create healthy baby mice, I recalled the opposition to lesbians using sperm donors and a turkey baster to reproduce back in the 1980s. Men, and sometimes other women, would ask if this was the beginning of the end of men.
I took part in a TV debate about lesbian mothers at the time, and was asked by the host whether “the male race” would die out because all we would need would be sperm banks.
I was always quite puzzled at how these critics thought we would be able to prevent male babies from being born via this method, but I understood the wider point that men were feeling insecure about not even being needed, at least directly, in the pregnancy process.
Although the latest breakthrough appears to have been about helping men whose fertility is damaged by cancer treatment, mumps or other problems that prevent them from producing sperm, tall tales of man-hating feminists with an agenda to wipe out men usually pop up from somewhere.
Men can be sensitive creatures. Last year I made a joke in an interviewin response to the question, “What can we do to end male violence?”, a campaign I have been involved with since 1979. I replied, jokingly, that if men could not learn to behave themselves, it might be a good idea to put them into an enclosed space, modelled a bit like a holiday camp, with a choice of quad bikes, white vans or bicycles. Female partners, mothers and friends could visit, and take them out like a library book, returning them at the end of the day. This would continue, I suggested, until men could learn to behave better towards women.
Within hours of the interview going online, men’s rights groups were accusing me of wanting to put men in “Nazi concentration camps”. And they say feminists are the ones with no sense of humour.
I have lost count of the number of times I have been asked by men how on Earth lesbians manage to have sex without a penis. They seem to assume this body part is essential in the sack, and yet research as far back as 1976 suggests that it may not, even for many straight women, be all it is cracked up to be.
Maybe this goes some way towards explaining the paranoia from some men that we are always looking to get rid of them – especially when so many lesbians have learned to do their own DIY. Look, for example at the brilliant women-only plumbing service in Hebden Bridge, Yorkshire, named Stopcocks.
Then there is the widely accepted fact that far too many men do little more as fathers than donate sperm. Even those who stick around can be pretty useless. My mum used to say she had four children – her three offspring and my dad.
Women do, as we all know, get sick of men on occasion. We live under a patriarchal system in which men commit acts of sexual violence that we are subsequently blamed for. They start wars, leave their socks on the floor, and don’t do enough childcare. I have heard more straight women than lesbians suggest that a world without them would be an improvement, probably because they are the women spending their lives with the irritating creatures.
There have been attempts at women-only lands, and increasing numbers of women are opting to have babies without the direct involvement of men. Men had better buck up their ideas, or it won’t be enough that they can often open jars and get the BBQ going.
I don’t want a world without men, but I would like them to behave better. Do we need men? They can be a monumental pain in the backside, but even I have to admit, they can be very entertaining.

31 de enero de 2016

We should all be feminists: Chimamanda Ngozi Adichie


Chimamanda Ngozi Adichie es una novelista nigeriana descendiente de la étnia igbo, natural del sudeste de Nigeria, una zona denominada Igboland, de cultura y lengua igbo,  y que incluye la zona situada en las dos riberas del bajo río Níger, en el delta, además de otras tierras al este del mismo. 

Chimamanda pasó su infancia en la ciudad de Nsukka, sede de la Universitat de Nigèria, donde trabajaban sus padres. A los 19 años se traslada a Estados Unidos donde estudia Comunicación y Ciencias Políticas. En 2003, publica su primera novela. 


Okoloma era uno de mis mejores amigos de infancia. Vivía en mi calle y me cuidaba como si fuera mi hermano mayor: si a mí me gustaba un chico, yo le pedía opinión a Okoloma. Okoloma era gracioso e inteligente y llevaba botas de vaquero con las punteras picudas. En diciembre de 2005, Okoloma murió en un accidente de aviación en el sur de Nigeria. Todavía me cuesta expresar cómo me sentí. Okoloma era una persona con la que yo podía discutir, reírme y hablar de verdad. También fue la primera persona que me llamó «feminista».
Yo tenía unos catorce años. Estábamos en su casa, discutiendo, los dos atiborrados del conocimiento a medio digerir de los libros que habíamos leído. No me acuerdo de qué estábamos debatiendo en concreto. Pero me acuerdo de que, en medio de toda mi diatriba, Okoloma me miró y me dijo:
—¿Sabes que eres una feminista?
No era un cumplido. Me di cuenta por el tono en que lo dijo, el mismo tono con que alguien te podía decir: «Tú apoyas el terrorismo».
Yo no sabía qué quería decir exactamente aquello de «feminista». Pero no quería que Okoloma se diera cuenta de que no lo sabía. Así que lo pasé por alto y seguí discutiendo. Lo primero que pensaba hacer nada más llegar a casa era buscar la palabra en el diccionario.
Ahora demos un salto de varios años.
En 2003 escribí una novela titulada La flor púrpura, sobre un hombre que, entre otras cosas, pega a su mujer, y cuya historia no termina demasiado bien. Mientras estaba promocionando la novela en Nigeria, un periodista, un hombre amable y bienintencionado, me dijo que quería darme un consejo. (Los nigerianos, como quizá sepan, siempre están dispuestos a dar consejos no solicitados.)
Me comentó entonces que la gente decía que mi novela era feminista, y que el consejo que me daba —y me lo dijo negando tristemente con la cabeza— era que no me presentara nunca como feminista, porque las feministas son mujeres infelices porque no pueden encontrar marido.
Así que decidí presentarme como «feminista feliz».
Por aquella época una académica, una mujer nigeriana, me dijo que el feminismo no era nuestra cultura, que el feminismo era antiafricano, y que yo solo me consideraba feminista porque estaba influida por los libros occidentales. (Lo cual me pareció divertido porque gran parte de mis lecturas de juventud eran decididamente antifeministas: antes de los dieciséis años debí de leer todas las novelas románticas de Mills & Boon que se habían publicado...

Fragmento del libro "We should all be feminists", que incluyes las manifestaciones expresadas en este vídeo.



4 de junio de 2015

Joumana Haddad talks erotica, atheism, and feminism in the Middle East

Joumana Haddad, escritora, poeta, traductora, feminista, ...dirige la única revista erótica del mundo escrita en lengua árabe, JASAD (cuerpo en árabe). En la entrevista concedida recientemente a la revista Bitch Magazine, desmonta los estereotipos occidentales sobre las mujeres árabes, cosa que lleva a cabo habitualmente en sus trabajos como parte de su activismo por los derechos de las mujeres y la secularización de la sociedad libanesa. Es ella misma, con su modo de vida, ejemplo de la errónea visión, interesadamente distorsionada, que pervive insistentemente en Occidente sobre las mujeres árabes en general. 
La administradora del blog 

Joumana Haddad is an opinionated atheist and the publisher of the only erotica magazine in Arabic. She's also a poet, writer, activist, journalist, and speaks seven languages. How’s that for knocking down Western stereotypes of the passive Arab woman? 
Haddad’s 2010 book I Killed Scheherazade: Confessions of an Angry Arab Woman broke down the idea that Arab woman are voiceless and compromising. Scheherazade, the storytelling harem beauty—who negotiated for her basic human rights for 1,001 nights—is now dead.  Next Haddad tackled Clark Kent with some literary kryptonite with a 2012 book entitled Superman is an Arab: On God, Marriage, Macho Men, and Other Disastrous Inventions. Clearly, Haddad isn’t afraid to court controversy—it helps to get her message out to the world. Last year, she was named one of The World’s 100 Most Powerful Arab Women. 
But all the attention can cause problems, too. Haddad, who is Lebanese and lives in Beirut, told the Guardian, “I grew up in a country that hates me.” Earlier this year, Haddad was denied an entry visa to Bahrain, where she had had been invited to host a banquet of poetry and music as part of a spring festival organized by the Bahrain Authority for Culture and Antiquities. The grounds for the denial: her open atheism. But Haddad sticks to her ideals. She was raised a Catholic but believes all three Abrahamic religions are misogynistic and do not recognize woman as complete. She hates the part in Genesis where Eve is formed from Adam’s rib. To celebrate International Woman’s Day this year, she tweeted “You are not a rib. YOU ARE NOT A RIB.”
In a region in which fine art nudes are rarely shown in public, even at established cultural institutions, Haddad started erotica magazine Jasad in 2008. Its representation of bodies and sexuality through art, literature, and culture remains heavily contentious. Haddad was quick to point out in our interview that there are billboards in Lebanon featurirng scantily clad women pushing home appliances, and that feminist erotica is far more respectful of women. Haddad stopped publishing the print magazine in 2011, but hopes to bring it back in December of this year. 
DANNA LORCH: Contemporary Arabic uses metaphors for the body and sexuality rather than describing physical acts openly. Has that always been the case?  
JOUMANA HADDAD: The words for talking candidly about the body do exist, but the Arabic language has been violated by taboos, fears and prohibitions that have deprived it of part of its inherent erotic potential. If you go back to early literature like The Perfumed Garden or even the uncensored version of One Thousand and One Nights, you’ll find erotica. One reason I wanted to publish Jasad in Arabic rather than French or English was because Arabic is quite capable of conveying all those words, scenes, and ideas in a very beautiful and direct way with no need for metaphors. 
You once said that you had to work your way up to writing erotica in Arabic by beginning first in French. 
The violence that has been imposed on the language has also been imposed on the minds of Arab people. You grow up in a society where you are scared of words, scared of thoughts, scared of acts. So you take refuge in another language in order to be able to say what you don’t dare speak in your own. When I stopped writing erotica in French and began to write in Arabic, it was a declaration of war but also of love. I wanted to claim my language back and show my respect for it at the same time. Writing in French had been an act of cowardice.
Is it possible to write erotically about the body without objectifying it? 
Once you get past the sexist notion that the female body is an object, it is possible.  
You may be surprised to learn that I don’t support the FEMEN Movement even though I publish an erotica magazine. In the Arab world, when you demand, “Listen to me! In order for you to hear me I am showing you my bare breasts,” you are really going to the other extreme of sexism. It is still a patriarchal way of treating your body. This form of protest would be productive only in societies where women’s breasts are no longer charged with erotic significance.
In Superman you write a lot about things that men are doing wrong in the Arab world. What are some practical things that women can do to change the status quo?
It all starts with the mother who raises Superman by telling his sister to serve him, by treating him like a god. Secondly, women need to be financially independent. This is a major issue. You see many women calling for their rights and yet they wouldn’t lift their fingers to be responsible. It’s not about having three maids at home and the latest car. The third thing is for a woman to believe in herself. Stop being Scheherazade and compromising your basic rights. Don’t feel like bribing the man is the only way to get what you want. Have the guts to say no. The hell with being thought of as a good woman! Let other people insult you and point fingers. But believe me, if they do that they will also fear you. Transparency scares the assholes.
In Scheherazade you write, “Being an Arab today means being a hypocrite.” One of the critical aspects of your books is how you unmask what you see as your own society’s duplicity. For example, you mention that Nabokov’s Lolita is banned in much of the region, yet child marriage is practically encouraged according to much of the Islamic legal framework.
People inherit a huge suitcase when they are born. They carry it around without ever thinking about whether the contents fit them. Few people have the courage to unpack the suitcase. This is why there is so much hypocrisy—people don’t want to deal with their truth without defacing the fake status quo.
Correct me if I’m wrong, but there is not a single country in the Arab League in which it is legal to be openly homosexual or transgender, right?
You are completely right. In Beirut, I’m on the Board of Advisors of a [civil rights and anti-censorship] NGO called March, and we were planning next year’s events. I wanted to do something to legalize civil marriage as it’s still not recognized in Lebanon. I suggested, “Next year let’s do an event for gay marriage,” and my colleagues all laughed their asses off because it’s impossible. I could imagine my two sons as old men and gay marriage would still not being legalized here.
In Superman, you call attention to Samira Ibrahim, an Egyptian activist who after being arrested for participating in a 2011 protest in Tahrir Square, was the first woman to speak out publicly about the military practice of subjecting female protestors to virginity tests, as well as torture. Do you feel that the Arab Spring was a failure for women’s rights or did it never have anything to do with improving equality in the first place?
I wouldn’t call it a spring at all. It’s just another winter. We watched many brave women fight on the frontlines during demonstrations, but unfortunately the extremists had been waiting for this opportunity for more than 40 years. They used women as pawns to say, “Look, we have young people, we have women.” Even in Lebanon, which people call the most open country and all that bullshit—we only have three women deputies. 
Danna Lorch is a Dubai-based writer and blogger covering Middle Eastern art and pop culture, with a focus on gender. Her writing appears in BitchArtSlantVogue India and elsewhere. 
This article was updated to include information about Jasad going out of print and its potential return. 

19 de abril de 2015

El feminismo contra las políticas neoliberales, por Rosa Cobo

Artículo de Rosa Cobo, profesora titular de Sociología del Género de la Universidad de A Coruña, publicado en eldiario.es. Una reflexión sobre el ataque del capitalismo globalizado, y la intensificación de sus políticas neoliberales, a los derechos de las mujeres conquistados en los tres últimos siglos.

El feminismo es un movimiento social interclasista, pues todas las mujeres, de todas las clases sociales, de diferentes culturas o razas y con distintas orientaciones o identidades sexuales pueden ser abusadas sexualmente, agredidas, explotadas en el hogar y en el mercado laboral y discriminadas en aquellos ámbitos en los que hay recursos y poder. Las estructuras simbólicas y materiales sobre las que está edificada la desigualdad afectan en mayor o menos medida a todas y cada una de las mujeres y ninguna de ellas puede sustraerse a algunos de los rostros de esa desigualdad. 

En sus tres siglos de historia, el feminismo ha sabido identificar los nudos de la opresión y ha luchado políticamente para deshacerlos. En el siglo XVIII, el feminismo se articuló como una interpelación moral a los privilegios masculinos y en ese contexto las mujeres reclamaron la consideración de sujetos racionales como base para conseguir otros derechos que ya tenían los varones. En el siglo XIX, el feminismo exigirá el estatuto de sujeto político para las mujeres y se articulará políticamente en torno al derecho al voto. En el siglo XX, las feministas pondrán de manifiesto el dominio masculino en el marco doméstico y familiar y el feminismo subrayará el carácter político de aquello que había sido definido por el liberalismo y el socialismo como privado.

El feminismo del siglo XXI, en medio de intensos cambios sociales, se interroga acerca de las vindicaciones sobre las que articular la lucha bajo una poderosa reacción patriarcal y neoliberal. En efecto, como hemos podido ver en España recientemente con el derecho al aborto, ninguno de los derechos que hemos conquistado está plenamente consolidado. La reacción patriarcal pesa como una losa sobre las vidas de las mujeres debido a los intentos de restablecer los antiguos códigos patriarcales. 

La idea que quiero desarrollar es que en este comienzo de siglo, el capitalismo neoliberal se ha convertido en el dispositivo de mayor opresión para las mujeres. Todos los datos ponen de manifiesto que las políticas de austeridad son devastadoras para ellas. La idea, asentada entre la izquierda, de que las políticas económicas neoliberales afectan negativamente a las clases trabajadoras y medias es cierta, pero es una idea insuficiente. Hay una parte en esta afirmación que no se suele contar y es que las políticas de austeridad empobrecen y subordinan más a las mujeres que a los varones. 

La economía feminista subraya que uno de los efectos más rotundos de los programas de ajuste estructural es el crecimiento del trabajo gratuito de las mujeres en el hogar, resultado directo de los recortes de las políticas sociales por parte del estado. En efecto, aquellas funciones de las que el estado abdica, vuelven a recaer invariablemente en la familia y una vez más son asumidas por las mujeres. Si bien los trabajos reproductivos y de cuidados han sido asignados históricamente a las mujeres, las políticas de austeridad aumentan el trabajo en el hogar, pues algunas tareas que estaban ‘externalizadas’, ahora vuelven a la familia. 

Por otra parte, la entrada de considerables contingentes de mujeres al mercado global de trabajo en unas condiciones de sobreexplotación difíciles de imaginar es un requisito necesario para la supervivencia del nuevo capitalismo neoliberal. La alta participación de mujeres en las maquilas o zonas francas vinculadas al vestido y al montaje electrónico pone de manifiesto que hay sectores económicos ocupados mayoritariamente por mujeres. Como también puede apreciarse que las maquilas más descualificadas son las más feminizadas.

Los nuevos sistemas de producción flexible requieren un nuevo perfil de trabajador. Deben ser personas flexibles, capaces de adaptarse a cambios rápidos, a los que se puede despedir fácilmente y que estén dispuestos a trabajar en horas irregulares. Este segmento del mercado laboral se está convirtiendo en mano de obra heterogénea, flexible, temporal y con salarios de pobreza. Estos grupos de trabajadores, que Manuel Castells denomina ‘genéricos’, son mayoritariamente mujeres. El perfil del trabajador sin derechos y sobreexplotado tiene rostro de mujer. Este hecho es el que ha hecho que el feminismo se haya comprometido y movilizado políticamente junto a la izquierda en la lucha contra el neoliberalismo.

Sin embargo, hay que precisar que el objetivo político feminista no debe ser la crítica a la austeridad en sí misma: debe ir más allá e identificar la política patriarcal del neoliberalismo. El feminismo del siglo XXI ha entendido que el capitalismo neoliberal, en estrecha alianza con los diversos patriarcados, está privando de derechos conquistados a las mujeres, está articulando nuevos espacios de subordinación, incrementando la explotación y feminizando la pobreza. El resultado es un creciente e instrumental aumento de la violencia contra las mujeres con el objetivo de que acepten su nuevo rol en las nuevas sociedades capitalistas y patriarcales. Cualquier estrategia feminista debe articularse en torno al trabajo y al empleo debido a su carácter fuertemente opresivo para las mujeres. Y, además, esta estrategia desembocará en la construcción de diferentes espacios de encuentro entre las feministas y las mujeres que no se encuentran dentro del movimiento feminista. Las políticas neoliberales y patriarcales deben convertirse en uno de los objetivos de la lucha feminista porque se han convertido en la causa fundamental de la feminización de la pobreza.

Fuente fotografïa: http://dcs.uas.edu.mx/index.php?sec=3&op=2&tipo=i&id_noticia=3789

15 de marzo de 2015

Sophie Smailes: Negociando y navegando mi cuerpo gordo

Artículo publicado en la revista Athenea Digital

En este artículo interactúo con la autoetnografía feminista como forma de aproximación al fenómeno cultural de ser una mujer “gorda”. La autoetnografía feminista es un enfoque profundo y comprometido, que logra poner de relieve la colonización de espacios y discursos. El proceso destaca la coexistencia y la exposición de “yoes” líquidos vulnerables – cuestionando nociones de un yo, que es una “identidad” cuidadosamente contenida y controlada. El proceso crítico de la autoetnografía feminista se entrelaza con bibliografía sobre investigación feminista, feminismos, autoetnografía, estudios críticos sobre la gordura e interseccionalidad. Un punto clave de esta investigación es el proceso reflexivo de investigar las experiencias de ser una “mujer gorda” y como yo (y mi discurso) “resisto[imos] a las normas sociales e institucionales que frecuentemente prescriben la investigación” y “promocionan voces de mujeres y experiencias únicas" (Averett, Soper, 2011, p. 371-372).


8 de marzo de 2015

La revolución feminista venezolana explicada por Lidia Falcón

Publicado en el diario Público en su columna La verdad es siempre revolucionaria

Los días 5, 6 y 7 de marzo 4.000 mujeres se encontraron en el teatro de la Escuela Militar de Caracas, donde Hugo Chávez estudió, para celebrar el Congreso Venezolano de las Mujeres, de nivel nacional.


Desde noviembre de 2014, el Ministerio del Poder Popular de la Mujer, con su ministra Andreína Tarazón y sus viceministras se ocupa de todas las áreas que afectan a la vida de las mujeres: la formación política y profesional, el trabajo, la salud, la reproducción, comenzaron la ingente tarea de convocar a todas las organizaciones de mujeres del país para debatir los temas que deseaban ser analizados y discutidos en el Congreso.


Treinta mil mujeres participaron en esos trabajos a lo largo y ancho de una nación, que tiene un millón de kilómetros cuadrados. Treinta mil mujeres de todos los estados de la República, de todas las organizaciones feministas, que fueron reuniéndose con las máximas responsables del Ministerio del Poder Popular de la Mujer semana tras semana durante cuatro meses, para decidir los temas que interesaba que se estudiaran en el Congreso, y las Mesas y Talleres que deberían analizarlos durante las sesiones a fin de plantear y aprobar las conclusiones que deberán hacerse ley en la próxima legislatura.


Como nos explicó ayer la Ministra Andreína Tarazón, se tuvieron en cuenta las especificidades de todas las clases de mujeres: desde las niñas a las ancianas, de las esposas, de las madres, de las hijas, de las solteras, las trabajadoras asalariadas y las amas de casa, las discapacitadas, las lesbianas y las heterosexuales, y sus necesidades.


A este Congreso se arriba tras siete años de trabajo del Ministerio del Poder Popular de la Mujer, creado a raíz de aquella histórica declaración de Hugo Chávez de que sin las mujeres era imposible construir el socialismo y el énfasis con que aseguró que él era feminista. Durante este periodo de tiempo el Gobierno bolivariano ha logrado las mayores transformaciones que se han producido en Venezuela en toda su historia a favor de las mujeres y de los trabajadores de todas las clases. No solo se ha invertido en los avances sociales y en el reparto de la riqueza más que ningún otro país de Latinoamérica, como ratifica la ONU, y se ha erradicado el hambre como afirma la FAO, y se ha declarado a Venezuela libre de analfabetismo como asegura la UNESCO, sino que se ha llevado a cabo una ingente movilización de las mujeres articulándolas en más de 600 organizaciones autónomas en todo este gran país, pertenecientes a diversas tendencias ideológicas, defensoras de distintas causas y situadas en otras tantas ciudades y estados.


Por ello se llama el Ministerio del Poder Popular de la Mujer. Durante los últimos años este organismo ha convocado a las Voceras de Género de los Consejos Comunales en reuniones que se han repetido hasta tres veces al año, para que plantearan las demandas que tenían pendientes de resolver. Y el año pasado se creó el Consejo Presidencial de las Mujeres, que se reúne con el Presidente y le entrega las reclamaciones y las soluciones que consideran que se deben implantar, y que son vinculantes para la Presidencia.


Esta ingente labor llevada a cabo por una inteligente, preparada y preciosa Ministra de 27 años Andreína Tarazón y sus colaboradoras, igualmente integradas en la labor feminista, como la Viceministra Rebeca Madriz encargada del área de Formación y Participación Política que viene de la militancia en el Movimiento Feminista, y las otras Viceministras, Yekuana Martínez y Dulce Medina,  así como la Presidenta del Banco Bicentenario, ha dado su fruto más granado en el Congreso que acabamos de concluir.


Durante los tres días de las sesiones hemos asistido a los vibrantes discursos de la Ministra, de la Viceministra Rebeca Madriz, del Ministro de Educación Héctor Rodríguez y de la diputada y veterana luchadora feminista, discípula de Chávez, María León, la Leona como la llaman. Y hemos visto a la histórica dirigente indígena Noeli Pocaterra.


Es imposible transmitir en unas pocas líneas el entusiasmo que ha dominado a las asistentes al Congreso. Difícilmente se podía soportar el ruido de 4.000 gargantas gritando enfebrecidas ante las palabras de los oradores cuando se mencionaba al Comandante Hugo Chávez y al Presidente Maduro, al Padre de la Patria Simón Bolívar y a los llamamientos a defender Venezuela de la agresión imperialista. El paroxismo llegaba cuando se mencionaba la Revolución Bolivariana. Porque todas las participantes, y muchas más que no estaban en la Escuela Militar, saben que sin la revolución todas las conquistas alcanzadas serán abolidas por la derecha oligárquica entregada al imperialismo de EEUU.


Las mujeres han logrado que se erradique la pobreza extrema que las atenazaba desde la dictadura,  y bajo los gobiernos llamados democráticos de la IV República, en un 66%, que en la actualidad se limita a un residual 5%, como ha reconocido la FAO. Las Cámaras legislativas han aprobado La Ley por una Vida libre de Violencia para las Mujeres, que es la mejor del mundo, y a raíz de la cual se han creado Policía especializada, juzgados y fiscalías, la Defensoría de la Mujer y casas de abrigo.


Las mujeres solteras con hijos, las más pobres, las desempleadas, las discapacitadas han sido las principales beneficiarias de las 600.000 viviendas que el Gobierno bolivariano ha construido en sus mandatos. El sistema de salud público universal y gratuito, atendido por miles de médicos cubanos que se entregan a su trabajo en los pueblos y las ciudades más apartados, conviviendo con los vecinos, a veces en sus mismas chabolas mientras se construyen los centros de salud, donde acaban residiendo y atendiendo 24 horas diarias a los enfermos. Las Misiones, el Plan Mamá Rosa, ha ido superando en los barrios, en las comunas, en los Consejos Comunales, las injustas desigualdades económicas que mantenían a las clases trabajadoras en la pobreza secular, mientras una clase privilegiada se apropiaba de la mayoría de la riqueza del país.


La participación política de las mujeres ha crecido exponencialmente con su masiva participación en los Consejos Comunales, y es evidente que la preparación que muestran las voceras de esos Consejos es infinitamente superior a la que poseen tantas de nuestras dirigentes feministas. Sobre todo porque se definen y se defienden como revolucionarias, porque quieren hacer la revolución socialista y feminista sin pedir perdón por ello, sino enormemente orgullosas de poder proclamarlo en voz alta porque se saben respaldadas, impulsadas y protegidas por el Gobierno bolivariano.


Las conclusiones aprobadas en 24 mesas de trabajo que llamaron talleres, sobre todas las áreas que afectan a la vida de las mujeres y del avance revolucionario del proceso venezolano, son extraordinarias. Imposible en un artículo explicar las exigencias y realizaciones que se han aprobado en decenas de resoluciones sobre salud, educación, vivienda, asistencia social, formación política, violencia, interrupción voluntaria del embarazo, protección a las madres, trabajo doméstico y trabajo asalariado, igualdad salarial, pensiones para las amas de casa y para la vejez, las jóvenes, las afroamericanas, las indígenas, derechos para las lesbianas y las transexuales, cultura política y cultura feminista. Y en este breve resumen no cabe aún el índice del memorable e histórico documento, que son las conclusiones del Congreso Venezolano de las Mujeres, que acaba de concluir con unos parlamentos emocionantes de las invitadas internacionales.


Nadie que no haya escuchado los enardecedores y vibrantes discursos de Mariela Castro, la hija de Raúl Castro y Vilma Espín de Cuba, Piedad Córdoba, la diputada y negociadora del proceso de paz de Colombia, Xiomara Castro de Celaya, la legítima presidenta de Honduras después del golpe de Estado que secuestró y deportó a su marido el Presidente Zelaya, las representantes de Puerto Rico, Paraguay, Líbano, República Dominicana, Maite Mola de España, la dirigente de la Marcha Mundial de las Mujeres de Brasil, la invitada especial del partido Syriza de Grecia y la de Ecuador, Paola Pabón, que fueron acogidas con estruendosas ovaciones y delirantes muestras de entusiasmo, sabiendo lo que es alegría, fuerza, lucha y victoria, como gritaron ininterrumpidamente. Las mujeres que ayer subieron al estrado forman parte de la vanguardia del Movimiento Feminista mundial, y su energía es incomparable con el decaimiento y la pusilanimidad  que abate a muchas de nuestras feministas españolas. Porque aquellas saben que se juegan la vida y la supervivencia en esta lucha a muerte entre el capital y el imperio y las mujeres y los trabajadores.


Después de este evento, que he tenido la fortuna de presenciar, difícilmente se puede dudar del triunfo de la revolución feminista en Venezuela en el marco de la revolución bolivariana que comenzó con Hugo Chávez.

Por supuesto, para desesperación de la oposición de derechas, que querría ver destruidos los avances del pueblo y seguir disfrutando de la inmensa riqueza petrolera del país, al servicio del imperialismo estadounidense. Pero después de asistir a ese Congreso, las pocas esperanzas que debe abrigar esa llamada oposición de la MUD de reconquistar el poder, que las abandone, porque como siempre el pueblo venezolano, y en la vanguardia sus mujeres, están dispuestos a luchar hasta la muerte por defender la Patria, la Independencia, la Libertad y el Socialismo que se les había negado hasta la revolución bolivariana.


Digan lo que digan los medios de comunicación de la derecha venezolana y española, hagan lo que hagan los esbirros del capital y los agentes de la CIA introducidos en el seno de la sociedad, como gritaron ayer hasta la ronquera las mujeres y los hombres que estábamos allí, esos: los capitalistas, los oligarcas, los latifundistas, los policías asesinos, los paramilitares y los marines estadounidenses, esos, NO VOLVERÁN.

25 de mayo de 2014

La lucha por los derechos de las mujeres en Yemen

El artículo de Mareike Transfeld publicado en Muftah y que reproducimos a continuación, expone los puntos de vista de dos activistas de distintas generaciones sobre cómo abordar la lucha feminista en Yemen, la gran brecha que separa a las mujeres conservadoras y liberales de este país -con divergencias tan importantes como la edad mínima para contraer matrimonio- y los estereotipos femeninos que los medios de comunicación se encargan de perpetuar y que son transmitidos religiosamente por las madres a sus hijas. 

Aunque el artículo no entra en profundidad en el tema, resulta interesante porque recoge las diferentes posiciones y puntos de vista de estas dos activistas comprometidas con los derechos de las mujeres en un país que en 2011 ocupaba el último lugar en desigualdad de género, según el índice IDH-IDG.
 La administradora del blog 

Yemen’s Feminists: The Struggle for Women’s Rights in a Conservative Society



Yemen prides itself on its relatively progressive women’s rights policies, especially when compared to neighboring states. In contrast to Saudi Arabia, Yemen allows women to drive and also gives them the right to vote.

But, as some activists have pointed out, women’s status in Yemen leaves much to be desired. “In [the Yemeni] narrative, driving is treated like a privilege for women, when really it should be natural that women have the right to drive a car,” says Amal Nasser, a young Yemeni.”Further,” she continued, “this narrative overlooks the manifold problems that exist for women in Yemen, including child marriages.” Together with a group of women from various Arab countries, Nasser organized an event in Berlin on the Yemeni feminist movement under the auspices of “Arab Hub” on Saturday, May 24.

Over Skype, two Yemeni women from different generations spoke about the state of feminism in Yemen. Jamila Raja, a well-established women’s rights advocate and member of Yemen’s National Dialogue Conference (NDC), represented an older generation of politically active women. Alia Eshaq, a recent graduate of the American University of Cairo, spoke on behalf of a newer generation of Yemeni women who are active in politics. Working for the German Berghof Foundation, Eshaq was an observer at the NDC. The NDC was a forum for various social and political groups to discuss the foundation of the future Yemeni state, as mandated by the GCC Initiative that brought about former President Ali Abdullah Saleh’s resignation.

Raja and Eshaq shared similar perspectives on feminism in the country, but had somewhat different perceptions about themselves as “feminists.” While Jamila was reluctant to label herself a feminist, Alia immediately described herself as such. Both said that stereotypes about feminists as “angry women and men haters” were the reasons why the term has been difficult to use in Yemen.

Both Raja and Eshaq are active in a society where women’s efforts to gain political, economic and social rights are marginalized. “A first priority of women’s rights activists in Yemen was education and literacy. However, the movement was fragmented, with everyone focusing on distinct issues. This changed with the protests of the Arab Spring and the opportunity to participate in the NDC,” explained Jamila. “Women’s goals were to achieve political, economic and social rights. For that reason women focused on gender budgeting, health, education, as well as the quota.”

Since the start of Yemen’s revolutions, one great achievement for women’s rights has been the 30% quota for hiring women to positions in all three branches of government, which was included as a recommendation in the NDC’s final report. Alia noted, however, that while women were well represented at the NDC, with regard to women’s rights they remained poorly organized.

In Yemen, a particular gap exists between liberal and conservative women, who follow the Islamist Islah party. Child marriage is one bone of contention between the two groups. Amal expressed concern that the 30% quota would open the way for conservative women to obtain positions within the government, where they could advocate against legislation banning the practice. Amal referred to protests organized by conservative women in 2010 against a law setting a minimum age for marriage, which ultimately never passed.

“We cannot blame them for our own weaknesses,” Jamila said, “it is our problem that we are unable to mobilize more women. We lack the skills not only to mobilize supporters, but also to convince conservative women of our cause.” Jamila noted, however, that the NDC represented an opportunity for the two sides to approach each other, even if just on a personal level.

Conservative women in the media are also an obstacle for the advancement of women’s rights. While the media has enabled many Yemeni women to express themselves and advocate for women’s rights, it has also given a voice to women advocating for positions that are antithetical to these rights. In this way, media both helps and harms the women’s movement, according to Jamila.

Alia pointed out that it is not necessarily men who oppress women in Yemen, but that women themselves are comfortable with the roles they are given by society. Women teach this submissiveness to their daughters. “But Yemeni women are not like they are often being portrayed in media: oppressed, weak, and always covered in black. If you were to see them in their homes, you will see that Yemeni women are strong.” Alia said that her goal was to break these stereotypes. “But rather than society telling women what to do, they should have the freedom to choose,” she continued, “and for that reason, women must be given the tools to make informed decisions.”

Addressing Amal, who has spent the last seven years in Germany, Jamila stated that women, who have stayed abroad for long periods, have great potential to positively contribute to the struggle for women’s rights in Yemen: “They return to the country with much stronger conviction.” Because of a lack of organization within the women’s rights movement, Alia believes young Yemeni women should organize and define clear goals for the cause. Most importantly, as Alia argued, women’s rights activists must develop a good understanding of the realities facing women on the ground, in order to identify entry points and suitable approaches to various problems. According to Alia, the problem is much less about politics and more about society.

Jamila does not believe the outcomes of the NDC will immediately affect the situation of women on the ground. However, she does believe that the NDC will contribute to improved living conditions in the long run, as topics such as education and health were discussed during the conference. “The NDC was only the beginning,” Jamila concluded, “Yemeni women are no longer in the shadow, and they enjoy being part of the picture.”

Fuente fotografía: http://viajandohaciaitaca.blogspot.com.es/2011/10/premios-nobel-de-la-paz-2011-para-tres.html

19 de marzo de 2014

La maternidad: una impostura, por Victòria Sau


Victòria Sau fue doctora en Piscología y licenciada en Historia Contemporanea. Autora de diversos ensayos imprescindibles  y del trabajo de recopilación del corpus conceptual feminista,  Diccionario Ideológico Feminista, ejerció como profesora de la Sección de Psicología de la facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad de Barcelona. Feminista radical -del latín radix=raíz, "que afecta a la esencia o a los fundamentos"- dedicó toda su vida al estudio y análisis de la categoría "mujeres", (tal como la define la investigadora Silvia Federici), y a la denuncia del sistema patriarcal, abriendo nuevos e innovadores caminos de observación y exámen.    

Victòria Sau define el feminismo como "un movimiento social y político que se inicia a finales del siglo XVIII  y que supone la toma de conciencia de las mujeres como grupo o colectivo humano, de la opresión, dominación y explotación de que han sido objeto en el seno de la sociedad patriarcal, lo cual les mueve a la acción para la liberación de su sexo con todas las transformaciones de la sociedad que se requieran".

Os invitamos a leer el  artículo "La maternidad: una impostura" con el que el Centro de Investigación de Mujeres de la UB, DUODA, la recordaba el día 17 de marzo, con motivo del acto de reconocimiento a la Dra. Sau celebrado en la Universidad de Barcelona, tras su muerte el 6 de noviembre de 2013.

La administradora del blog
Dedicado a mi amiga Carmina


Fuente fotografía: http://singenerodedudas.com/2003_2012/Archivos/799/conferencia-de-victoria-sau-en-xirivella

13 de febrero de 2014

A propósito de Femen

Brigitte Vasallo
Bigitte Vasallo, periodista, escritora, mediadora intercultural y activista feminista, fue entrevistada por la periodista Irene Redondo sobre el feminismo de Femen, que ha sido calificado como el McDonalds del feminismo. Esta entrevista se publicó en la revista DIAGONAL el 5 de noviembre de 2013, con el título El espectáculo Femen llega a España No te pierdas su interesante análisis. 

Publicado en su blog Perder el Norte
(El cambio de color de los textos es obra de la autora)

· ¿Femen invisibiliza el resto de acciones y movimientos feministas o es un altavoz?
 
Femen es muy contraproducente respecto a otros movimientos feministas. No solo los invisibiliza sino que dificulta muchísimo su trabajo sobre el terreno. Mi crítica principal a Femen es que están situadas en un feminismo colonialista, etnocéntrico, que no tiene en cuenta las luchas particulares de los feminismos no-hegemónicos y que les impone su visión. Su Topless Yihad, en la que parece que querían “liberar” a las musulmanas de la voluntad ser musulmanas, fue un ejercicio de tremenda arrogancia cultural y de una ignorancia bochornosa, sin ninguna visión ni estrategia a medio plazo, y sin tener en absoluto en cuenta las opiniones y el trabajo de las feministas musulmanas y de países musulmanes. Puro despotismo ilustrado: “todo por las mujeres, pero sin las mujeres”. La postura etnocéntrica de Femen en general se reconoce, pero no se considera un problema mayor. Para mí, sin embargo, es el todo. No me interesa, desde el feminismo, cambiar el discurso hegemónico de género, “feminizarlo”, sino dinamitar la existencia misma de lo hegemónico, dinamitar las imposiciones de todo tipo, también epistemológicas, que ejercen las cumbres del poder hacia las bases. Si el feminismo no es horizontal e inclusivo, casi ni me interesa.


· La falta de diversidad de cuerpos, ¿proviene de Femen o es el ojo masculino de los medios?
 
No estamos hablando exactamente de falta de diversidad, sino de refuerzo de los cuerpos normativos, de imágenes del cuerpo femenino surgidas del patriarcado y del capitalismo. Es bastante difícil creer en una lucha feminista que use como herramienta de transformación el refuerzo mismo de las imágenes patriarcales. No olvidemos que el cuerpo normativo no es una mera opción estética: es una herramienta de control. Y yo intuyo que el cuerpo es uno de los primeros espacios que son recuperados por la persona feminista. Me cuesta pensar en una gran teórica del feminismo machacándose con la dieta Dukan, la verdad, aunque sabemos que al fin todas estamos llenas de incoherencias. También creo que, defendiendo lo indefendible, se me dirá que “ellas son así”,  o que (que eso también lo he oído) “en Ucrania son así”. Pero yo me miro y miro a mi entorno feminista, en el país que sea, y lo que veo es diversidad: en pesos, en alturas, en edades, en formas, en gustos. Tal vez respondiendo más en concreto a tu pregunta, en la página web de Femen no vemos diversidad alguna de cuerpos. Las apariciones estelares de Femen en lugares como Cannes hubiesen sido una buena ocasión para desmentir ese cuerpo normativo que tanto se les está criticando, sin embargo las representantes allí tenían cuerpos normativos. Así que no, no creo que sean los medio, aunque sin duda Femen recibe tanta atención por usar cuerpos normativos. El pez que se muerde la cola: ¿tienen sentido grandes acciones reivindicando nuestro derecho al cuerpo cuando estás reforzando una de las principales herramientas de control sobre el cuerpo femenino, que es el patrón estético impuesto por el patriarcado y el capitalismo?


· Una organización jerárquica, ¿puede ser feminista?
 
No lo sé. Soy bastante enemiga de esencialismos, de decir qué puede y qué no puede ser. Tengo claro que no me interesa un feminismo así, a mí personalmente. Por lo demás, también creo que hay que dar espacio a los grupos y a los movimientos para que hagan, y eso incluye dar espacio para que comentan y cometamos errores. Pero hay que ser extremandamente cuidadosa con los “daños colaterales” de nuestros errores. Es decir, bienvenidas las luchas, en todas sus formas, pero que sean luchas que sumen, no que resten.


· ¿Son las greenpeace del feminismo?
 
No. Como bien dice la Filósofa Frívola, son el McDonalds del feminismo. Feminismo imperialista.


· ¿Las mismas campañas valen para todos los países?
 
Por supuesto que no. Te pongo un ejemplo muy gráfico, que cita Saba Mahmood: en los 70 las feministas blancas de clase media pedían el desmantelamiento de la familia nuclear por ser la base de la opresión, sin embargo las feministas indígenas y afro-americanas argumentaban que para ellas la libertad consistía en poder formar una familia, puesto que la larga historia de esclavitud, genocidio y racismo había operado precisamente rompiendo sus comunidades. Yo no me atrevería a decirle a ninguna de mis compañeras, feministas o no, cómo debe gestionar su vida. ¿Cómo es que nos permitimos hacerlo tan alegremente con mujeres y contextos que ni conocemos ni nos hemos preocupado de conocer, ni de escuchar, ni de entender?


· ¿Son islamófobas?
 
Te linko la respuesta que publicó Shevchenko a las quejas de las musulmanas, feministas incluidas, sobre su Topless Yihad. En ella hay un repertorio absolutamente ridículo de estereotipos y desconocimiento abrumadores: afirma que la máxima aspiración de una mujer musulmana es ser la favorita de un harén (igual se refiere a musulmanas como Shirin Ebadi, Premio Nobel de la Paz y, claro, musulmana) Habla de los hombres musulmanes como violadores, asesinos y lapidadores (supongo que en eso incluye a tipos como Malcom X, por nombrar a un musulmán). Pero, además, la actitud es absolutamente patriarcal, arrogante y etnocéntrica hacia las musulmanas, negándoles su propia capacidad de decisión (“Escriben en sus carteles que no necesitan liberación pero en sus ojos  está escrito ayúdame”) y referenciándolas continuamente respecto a sus padres, hermanos y maridos,: “Hermanas (prefiero hablar con mujeres, incluso sabiendo que detrás de ellas hay hombres barbudos empuñando cuchillos)”. Podría añadir cincuenta citas de las feministas post-coloniales, pero valga Mohanty como ejemplo:

“En el contexto del equilibro de poder Primer/Tercer Mundo, los análisis feministas que ejercen y sostienen la hegemonía de la idea de la superioridad de Occidente, producen un conjunto correspondiente de imágenes universales de la mujer con velo, la madre fuerte, la virgen casta, la esposa obediente, etc. Estas imágenens tienen un esplendor universal, ahistórico, que pone en marcha un discurso colonialista que ejerce un poder muy específico, en tanto que define, codifica y mantiene las relaciones existentes entre el Primer y el Tercer Mundo”


16 de enero de 2014

Queerizar los planteamientos tradicionales de género y sexualidad

Ilustración Señora Milton

Excelente análisis de Beatriz Gimeno sobre género, prácticas sexuales y feminismo, publicado en la revista PÍKARA MAGAZINE

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Hace un par de semanas se publicaron en España dos estudios sobre la violencia de género en adolescentes y jóvenes cuyos resultados venían a demostrar que los adolescentes, ellos y ellas, son cada vez más machistas y no menos. Todo el mundo puso el grito en el cielo y recordó la falta de políticas de igualdad. Pero aquí convendría recordar que hace dos años Amnistía Internacional publicó un informe en el que denunciaba que en los países nórdicos, con décadas de políticas y formación igualitarias,  se sigue produciendo mucha violencia machista; tanta o más que aquí.  La realidad es que en Suecia el machismo es tan peligroso y violento como aquí. Así pues, tenemos que asumir que décadas de un cuasi feminismo de estado no parecen haber cambiado sustancialmente eso que Connell llama “el orden de género”.


El problema es que el orden de género es un mecanismo de una complejidad que parece inabarcable. Como dijo una vez Celia Amorós con una metáfora muy afortunada, el patriarcado es como la cabeza de Medusa, con serpientes en lugar de cabellos; cortas una y crece otra aún más fuerte. Las feministas tenemos a veces la sensación de que mientras estamos combatiendo una serpiente (por ejemplo, la de la desigualdad legal) hay otra que está engordando (la del lenguaje, por ejemplo); mientras nos volvemos a la del lenguaje nos crece la dictadura de la imagen corporal y cuando le damos un golpe a ésta parece engordarse la de la violencia machista; cuando legislamos contra la violencia machista entonces ésta se enmascara tras la violencia simbólica de las representaciones…y así vamos acumulando agotamiento y frustración.


Las expertas en economía feminista hablan de la realidad económica patriarcal como un iceberg del que sobresale la parte del empleo remunerado y del que queda oculta toda la parte del trabajo doméstico y de cuidado. De la misma manera, podemos decir que la construcción de las relaciones entre mujeres y hombres es otro iceberg con una parte visible -las relaciones determinadas por el comportamiento diferencial de género, incluida la sexualidad y los afectos- y otra parte invisible, relacionada con la manera en que se construye esa sexualidad y ese comportamiento: la construcción de la subjetividad, lo simbólico; las complicadas conexiones que atan este universo simbólico inconsciente a la identidad y a las construcciones de género, y éstas a los cuerpos. Cualquier cambio que busquemos provocar en las relaciones entre los sexos, será apoyado por las leyes y los cambios sociales en la parte de arriba del iceberg, pero necesitará también un cambio en la parte sumergida: un cambio en la sexualidad, en esa enorme construcción simbólica que se instala en las emociones, en las fantasías, en los cuerpos, en los deseos y placeres. Sin tener en cuenta esta parte invisible del iceberg, no podemos modificar  en lo sustancial las relaciones de género.


En las encuestas parciales realizadas en institutos, a las que he tenido acceso, se preguntaba a lxs chicxs por el sexo, y sus opiniones son demoledoras. Lo que estas encuestas indican es que, mientras muchas cuestiones relativas al comportamiento superficial de género están cambiando o, al menos, se muestran inestables, en lo relativo a las cuestiones sexuales la igualdad está retrocediendo claramente y se está conformando como un núcleo duro de diferenciación sexual. Tengo la impresión, además, que es en este aspecto, en el terreno del sexo, dónde en este momento se está refugiando una subjetividad patriarcal “dura” que se encuentra acosada en muchos ámbitos; este es el terreno en donde los chicos se sienten “chicos de verdad” y donde crece el uso de la pornografía más machista y de la prostitución. Es posible que sea en el terreno sexual donde los chicos y los hombres de los países occidentales, marcados por las conquistas feministas en lo social busquen ahora extraer eso que Donna Haraway ha llamado “plusvalía de género”. Si la plusvalía de género se extrae ahora del sexo… entonces el feminismo tiene que volver a preguntarse: “¿Qué papel ocupa la sexualidad en la opresión de las mujeres?”. En este sentido comparto la opinión de Ruby Rich cuando afirma que “es imposible dar demasiada importancia a la sexualidad como problema para las mujeres”.


“Está el feminismo y está el follar”, es una frase que leí hace un tiempo en un artículo de la feminista Lynn Segal. En él criticaba que el feminismo mainstream se ha olvidado “del follar”, de con quién, cómo, por qué; de cuestionar los profundos significados simbólicos asociados al follar. Segal se hace la siguiente pregunta: ¿Cómo puede un movimiento que tuvo su fuerza inicial y su inspiración en el radicalismo sexual de los 60, tener hoy tan poco que decir acerca de la sexualidad?  Desgraciadamente así es; la  corriente principal del feminismo no tiene hoy una agenda cuestionadora del heterocentrismo o el coitocentrismo, ni ofrece alternativa alguna a las representaciones sexuales ominipresentes, casi únicas, que se nos ofrecen en la televisión, el cine, la publicidad, en la cultura hegemónica en definitiva. Hemos construido un discurso público de igualdad al mismo tiempo que seguimos atadas a imágenes o prácticas sexuales de desigualdad. Intentamos educar contra el amor romántico y la dependencia, pero no hacemos nada para aprender o desaprender de la construcción generizada del deseo y de las prácticas sexuales.


El feminismo heterocentrado parece haber renunciado a tener una agenda sexual que pueda poner en cuestión ese enorme edificio tanto de la sexualidad material, las prácticas, como de lo simbólico: deseos, fantasías, emociones…, lo inexpresado. Al feminismo mayoritario le cuesta enfrentarse a la madeja de las contradicciones que conviven en el sexo; las mil y una experiencias dolorosas y placenteras, de creación de conocimiento, de fuente de poder y despoder.  Aunque seguimos afirmando enfáticamente que lo privado es político, la  sexualidad sigue siendo tratada como un asunto privado, cuando sabemos –gracias al feminismo, precisamente- que no hay un asunto más público; que la sexualidad nos rodea, nos moldea, nos forma, nos da entidad, nos asusta, nos empodera, está en el centro de nuestra personalidad, es un mercado global, crea conocimiento, injusticias, desigualdades y también placeres y felicidad.


Para el feminismo mainstream sigue siendo difícil tratar el sexo públicamente de manera crítica y por eso le resulta  muy complicado cuestionar el heterosexismo y el coitocentrismo, porque hacerlo podría poner en peligro el lugar privilegiado que ocupa respecto de otros feminismos. Y sin embargo sin cuestionar la división sexual del sexo, es decir, sin analizar críticamente los discursos dominantes sobre la heterosexualidad y las prácticas sexuales en las que claramente se distribuye de manera desigual las posiciones de sujeto y objeto, de hombres y mujeres, va a ser muy complicado conseguir la igualdad sexual.


La heterosexualidad no puede ser libre hasta que seamos capaces de dejar de pensar en términos de opuestos que se atraen, dijo Mariana Valverde; y así es.  La manera en que la sexualidad heterosexual se funde con los estereotipos de la masculinidad y de la feminidad hasta convertirse realmente en la base de la subjetividad masculina y femenina, deberían hacer pensar que sin un trabajo en ese sentido las serpientes seguirán creciendo en la cabeza de la Medusa.  La pregunta es:  ¿Cómo se cambian deseos, prácticas, placeres? Sabemos que el género adquiere su significado a través de la imagen básica de la heterosexualidad: la heterosexualización del deseo requiere e instituye la producción de oposiciones asimétricas entre lo femenino y lo masculino. El resultado es que las identidades de género están necesitadas y son dependientes de la producción de la “sexualidad” como estable, binaria y opuesta.


Y también sabemos que en el centro de todo se encuentra el coito; que el significado de masculinidad y feminidad está atado al simbolismo cultural del acto sexual reproductivo, y que de ahí surgen los significados culturales de masculinidad y feminidad. Muchas teóricas feministas han llamado la atención sobre el relativo despoder que se produce para las mujeres en los encuentros sexuales con los hombres. No se trata de que las mujeres heterosexuales se conviertan en lesbianas, no se trata de negar el placer que pueda proporcionar cualquier práctica libremente escogida y compartida, incluido el coito, pero negar que éste lleva asociado imágenes simbólicas de poder, cuando toda la cultura desde el lenguaje a las construcciones subjetivas personales, desde las guerras a las violaciones, desde los gestos amenazadores a los chistes machistas, demuestran que esta práctica se ha utilizado y se sigue utilizando como arma de dominio, es negar una evidencia. Porque éramos conscientes de esto es por lo que el feminismo de la segunda ola intentó pensar las relaciones sexuales fuera del coito heterosexual, como forma de combatir el heterosexismo.


Hoy, por el contrario, en la sexualidad que aprenden los y las adolescentes, no hay más que penetraciones orales, anales o bucales que los chicos hacen a las chicas.  El sexo para los y las adolescentes se reduce a un falo omnipresente que penetra cualquier orificio femenino y esta escena se representa como lo único que ella desea. El pene es obviamente en todas las representaciones culturales y en las prácticas de la inmensa mayoría de lxs adolescentes un símbolo de potencia y poder, literalmente el agente de control sobre la mujer. Quizá no sea correcto hablar tanto de una sexualidad masculina como más bien de una ortodoxia masculina de la sexualidad  cuyo centro sería el coito.


Enfrentarse a todo esto es complicado porque hay pocas cosas en el mundo, especialmente hoy, que reciban tanto refuerzo por parte de todos los poderes como las normas sexuales hegemónicas;  pocas cosas hay que se pretendan hacer pasar por naturales con tanta fuerza como la heterosexualidad. A los cuerpos se les dan o se les niegan significados mediante instituciones y discursos que dan valor a eso que es visto como “masculino” y “heterosexual” y que degradan “femenino” y “homosexual”. En la cultura occidental, al menos, vivimos en mundos de subjetividad donde las dinámicas de género, atadas a los imperativos de la heterosexualidad (o a nuestra resistencia a ellos) prevén las bases de nuestro sentido del yo, constituyen la certeza de lo que somos.


Y frente a todo esto el feminismo mayoritario ha creado mucha teoría de la construcción del género e incluso del deseo en abstracto, pero se echa en falta una teoría del deseo en relación con el cuerpo, del cuerpo deseante y del cuerpo como objeto de deseo. Y aquí nos encontramos con uno de los problemas fundamentales, y es que lo que hace crecer el deseo raramente tiene que ver con los deseos de una consciencia feminista. Necesitamos una teoría feminista  heterosexual que se enfrente al sexo BDSM, que hable de lo extrañas, peligrosas y perversas que son las fantasías sexuales; de cómo manejarse con deseos “no feministas” sin culpabilizarse por ello pero sin renunciar tampoco al placer.


¿Tiene el deseo algo que ver con el género? ¿Y las prácticas sexuales? ¿Hasta qué punto los deseos nos sitúan en una posición social u otra, hasta qué punto las prácticas sexuales pueden cambiar o marcar una posición social? ¿Cómo les explicamos a los chicos que abandonarse, entregarse, perder el control, pueden ser actitudes sexuales masculinas? ¿Alguien ha visto un chico femme?  ¿Alguien ha visto a una chica hetero que sea butch? ¿Qué hacemos con las chicas que tienen fantasías de sumisión o violación, de sexo en grupo, de penetración femenina? ¿Y con los chicos que creen que esas fantasías de poder asociado al sexo son el paradigma de las relaciones con las chicas?


Hace falta una agenda sexual feminista no vinculada exclusivamente con el movimiento queer o LGTB, que sí la tiene. Es entendible que las teorías de dislocación del sexo y la norma heterosexual provengan mayoritariamente de personas LGTB porque estas personas ya estamos en una posición descentrada que nos permite una mirada diferente, que nos permite experimentar con mayor libertad; por el lugar que ocupamos estamos mejor preparadas para introducirnos en debates acerca de la naturaleza del deseo y las políticas del placer. Pero las feministas heterosexuales tienen que insistir, como en los 60 y 70, en criticar las opresivas oposiciones que atan identidad de género a sexualidad, vía heterosexualidad. Todas las feministas podían, y estratégicamente debían, participar en los intentos de subvertir los significados de “heterosexualidad”, entendiendo que no se trata de abolir dicha práctica sino sus significados de desigualdad.


¿Puede ser queer el feministmo heterosexual? Puede y debe. Ciertamente que no es esperable un levantamiento de los seres humanos contra sus propias identidades de género, pero el feminismo heterosexual debería volver a ser crítico con el binarismo sexual de género porque el deseo heterosexual, cualquiera sea su forma, tiene la capacidad de ser tan queer o amenazante para el orden de género como sus alternativas. La heterosexualidad tiene que tener también una agenda sexual radical, descentrada y perversa para “el orden de género”. Para ello debe retomar la crítica al heterosexismo con fuerza, hablar mucho más acerca de la  diversidad y fluidez del deseo heterosexual y de las experiencias corporales; hablar de deseo, de todos los deseos, de cómo gestionarlos, de cómo aceptarlos, de cómo gozarlos, de cómo enfrentarse a los deseos más perversos, independientemente del género y siempre en el respeto al otro, a la otra.


Se trata de queerizar los planteamientos tradicionales de género y sexualidad, se trata de poner las prácticas sexuales en el centro de algunos de los discursos. Se trata de asumir que hay muchas heterosexualidades y que las experiencias ý posiciones sexuales son más fluidas de lo que cualquier representación puede capturar al hacer normas.  Se trata de cortar una serpiente que aun está casi intocada en la cabeza de la Medusa.