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Amy Goodman

Periodista, investigadora, escritora... Ha demostrado que SÍ es posible la independencia de los medios de comunicación y ha dado voz a lxs excluídxs en los mass media. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Vandana Shiva

Doctora en física, filósofa, activista por la justícia global y la soberanía alimentaria... Ha demostrado que SÍ es posible la producción sostenible y plural de alimentos. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Tawakkul Karman

Periodista, política, activista por los Derechos Humanos... Ha demostrado que SÍ se puede luchar desde el pacifismo por la Revolución política, social y de género en Yemen. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Joumana Haddad

Poeta, traductora... Ha demostrado que SÍ se puede trabajar por la secularización de la sociedad, la libertad sexual y los derechos de las mujeres en Líbano. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Leymah Gbowee

Trabajadora social, responsable del movimiento que pacificó su país en 2003... Ha demostrado que SÍ es posible la Paz en Liberia y que las mujeres son sus constructoras. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Ada Colau

Filósofa de formación y miembra visible de la PAH... Ha demostrado que SÍ es posible hacer frente a la ilegitimidad de las leyes movilizando a la sociedad pacíficamente. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Marama Davidson

Activista por los derechos del pueblo maorí... Ha demostrado que SÍ es posible identificarse con la idea universal de la descolonización del Planeta. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Teresa Forcades

Doctora en salud pública, teóloga... Ha demostrado que SÍ es posible un discurso humanista, feminista y combativo por la justícia social dentro de la Iglesia Católica. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Sheelah McLean, Nina Wilson, Sylvia McAdam y Jessica Gordon

Fundadoras del movimiento Idle No More... Han demostrado que SÍ es posible mobilizar a la sociedad en defensa de los derechos de los pueblos autóctonos en Canadá. SIN ELLAS NO SE MUEVE EL MUNDO.

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20 de agosto de 2016

Eren Keskin: cabeza de turca

Artículo publicado en Píkara Magazine

“¿De qué democracia podemos hablar con Recep Tayyip Erdogan en el poder?”, se pregunta una y otra vez Eren Keskin. Abogada kurda, activista de los derechos humanos, la han intentado asesinar dos veces en su propio despacho, ha estado en la cárcel y sobre ella pesa una orden de prohibición de salir de su propio país. Sus delitos: haber dirigido un periódico kurdo y llevar a 500 autoridades a juicio por violencia sexual. 

“Salid a las calles para defender la democracia”, llamaba el presidente de Turquía, Recep Tayin Erdogan, escondido en un remoto lugar a través de de un teléfono con ‘FaceTime’, mientras el país que controla trataba de parar los tanques en las calles y esquivaba las balas de un grupo de militares que intentó el golpe de Estado la noche del 15 de julio. Y la gente salió. Y la gente paró el golpe.
Las purgas, el efervescente autoritarismo de Erdogan, la renuncia a la Convención Europea de los Derechos Humanos y el impuesto estado de emergencia son las duras consecuencias del contragolpe. Mientras, una parte de la población llena cada noche la plaza de Taksim, un punto de referencia para las fuerzas democráticas y progresistas del país que ahora ocupan los seguidores del presidente, al grito de “Allah Akbar” (Alá es grande). Otra trata de caminar sin llamar la atención. Ya no basta con estar en contra de la violencia y el golpe, sino que ahora el punto de mira se siente tan solo con tener una idea contraria a la ideología al partido dirigente, AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo), o justificar una mínima relación con la supuesta cabeza del golpe, su gran excompañero y ahora gran rival,  Fethullah Gulen. Tanto es así, que “la limpieza”, como la llama Erdogan, se ha cobrado más de 60.000 detenciones o destituciones de puestos de trabajo en las administraciones públicas, fuerzas armadas, en educación, incluso cierre de medios de comunicación y retirada de tarjetas a periodistas que ejercían su labor de informar.
Pero entre el caos y la incertidumbre, hay quien no se calla.  “¿De qué democracia podemos hablar con Recep Tayyip Erdogan en el poder?”, se pregunta una y otra vez Eren Keskin. Habla con conocimiento de causa: activista y abogada kurda, lleva más de la mitad de su vida dedicada a la defensa de los derechos humanos, la han intentado asesinar dos veces a punta de pistola en su propio despacho, ha estado en la cárcel y sobre ella pesa una orden de prohibición de salir de su propio país.
Keskin estuvo en prisión en 1995. Su delito: un artículo que llamaba a un cese el fuego entre el PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) y las fuerzas del gobierno. En la cárcel, conoció la otra cara de un país oprimido y que no avanza en derechos humanos. Se convirtió en los ojos y oídos de cientos de mujeres y transexuales que habían sufrido violaciones y abusos sexuales por parte de las autoridades. Nada más salir de entre las rejas, cofundó un bufete de asistencia legal. “La violación es utilizada como método de tortura en todas las guerras. En estos momentos tenemos más de 500 casos contra autoridades acusadas de violación. El comienzo fue difícil porque las mujeres tenían miedo y vergüenza; se sentían sucias. En este país, el honor de una mujer y también de su familia se valora en la sexualidad de esta”, explica la abogada. Durante los 20 años que lleva luchando en este proyecto, los acusados han sido absueltos por la justicia turca, incluso han ascendido de rango, aunque algunos sí han sido penados por la Corte Internacional de Derechos Humanos.
En la agenda de Keskin hay muchos desafíos. Cambiar la ley fue uno de ellos porque la forma en la que estaba redactada caracterizaba el crimen de violación como una falta contra la ética y la familia, no contra su persona misma. Tampoco existía una definición de acoso sexual y los protocolos para las pruebas de virginidad estaban diseñados para disuadir y castigar a las mujeres más que para documentar el delito. “Criticábamos que las pruebas para procesar a un agente estatal solo podían ser proporcionadas por otra institución del Estado. Gracias a nuestro trabajo, en el año 2005 se produjeron mejoras en la normativa. Ahora los tribunales aceptan informes de daños psicológicos elaborados por clínicas privadas”, celebra Eren.
Según la abogada, los golpes de Estado militares no son un acontecimiento extraordinario en Turquía. No es el primero en el que está presente, sino que también vivió en carne y hueso uno de los más duros, el que atropelló al país en 1960. “Estamos expuestos a un golpe de Estado en cualquier momento y a un estado de emergencia constante. El problema no son estos que llaman la atención internacional, sino los que se producen diariamente y sistemáticamente en un país donde no existe separación de poderes y que están en manos de los militares”, critica. Sin embargo, desde hace unos días con la aprobación autoritaria de tres meses del estado de emergencia, el poder militar también está en las manos de Erdogan.
En un momento de inestabilidad como este, las medidas tomadas están más cerca de un fascismo que del Estado de derecho que Erdogan llamaba a defender con la vida. La purga fue el comienzo y a ello le siguió la suspensión de la Convención Europea de Derechos Humanos, lo que aumenta el miedo y el caos en las calles no solo para las personas autóctonas, sino también para la comunidad refugiada que supera los tres millones de desarraigadas. “El Estado de la república turca declara que retira esta convención, pero esto ya lo hemos vivido y vivimos desde hace décadas en estado de emergencia en Kurdistán, donde mucha gente desapareció durante las detenciones y también asesinada por para militares. El derecho a la vida y el de no ser torturado es algo que debería estar garantizado, pero nos hemos topado con prácticas que demuestran todo lo contrario”, avisa Eren. Y es que la historia se repite. En la última semana Amnistía Internacinal ha acusado a las autoridades turcas de violar gravemente los derechos de los detenidos durante las purgas tras el golpe como “violaciones con porras, golpes, la negación de alimentos, medicamentos, agua y amenazas”, según su comunicado.
Keskin fue testigo de lo que se vive en un cárcel turca y la cárcel no son solo cuatro paredes físicas. La prisión, es que te arrebaten tus libertades y derechos. Bajo el polémico artículo 301 del Código Penal que juzga y criminaliza el insulto en contra del Estado y sus instituciones, esta activista fue acusada y condenada. La libertad de prensa y expresión también le fueron negadas cuando dirigía el único periódico que se edita íntegramente en kurdo en Turquía, Özgür Gündem, y por esto tiene 99 juicios pendientes. “Hablar de la violación de una mujer o un menor por un miembro de la autoridad, se considera insulto para el Estado, por lo que se me aplica el artículo 301 y entre otras cosas no puedo viajar fuera de mi país”.
A pesar de todo lo que está ocurriendo en Turquía, la puerta entre Oriente y Occidente, “la comunidad internacional calla y casi todos los acuerdos de la Unión Europea se firman junto a Turquía, a pesar de que aún no es miembro. Los intereses no quieren entender de derechos”, sentencia la activista.
A todo esto, en Taksim se respira un ambiente de campaña electoral. Erdogan sigue ganando seguidores, mientras que los barrios más progres, kemalistas y alevitas, sufren constantes abusos y agresiones por un islamismo extremo que nada tiene que ver con la religión, sino con la cultura de la dominación en un país donde conviven la laicidad y la interculturalidad. Las imágenes de Ataturk, fundador de la Turquía moderna como Estado constitucional-secular que se mantenía bajo el paraguas del ejército turco frenaba los avances del fundamentalismo, sin embargo, ahora está siendo sustituidas por banderas e iconos de Erdogan. Nadie habla en la calle sobre el tema. Todos miden sus palabras.
 “La ideología del Estado turco está basada en asustar a la población”, asegura Keskin. Sin embargo, “los que tienen miedo ahora son las fuerzas del poder presidencial porque se están enfrentando entre ellos. Tienen miedo y no confían el uno del otro”. Miedo. Miedo es una palabra que ya no existe en el diccionario de esta activista perseguida, que sobrevive a los ataques. “Ya no tengo miedo. He sido oprimida y el miedo me ha dado la fuerza para librarme eso. Para los defensores de los derechos humanos y los demócratas, ¿de qué puede servir el miedo?”. Acaba la entrevista, y Eren le sonríe al miedo.


25 de noviembre de 2014

Prostitución: la institución masculina patriarcal más antigua

Artículo publicado en Feminicidio.net

La primera edición del Diccionario Ideológico Feminista de Victoria Sau data de 1981. Todavía hoy es la definición más completa de "prostitución". La hemos escogido para nuestro glosario de términos feministas.


Victoria Sau: Diccionario ideológico feminista (1981), (2000) Barcelona, Ed. Icaria


Prostitución. Institución masculina patriarcal según la cual un nú­mero indeterminado de mujeres no llega nunca a ser distribuido a hom­bres concretos por el colectivo de varones a fin de que queden a merced no de uno sólo sino de todos aquellos que deseen tener acceso a ellas, lo cual suele estar mediatizado por una simple compensación económica


Una vez hecha posible y creada la institución por y para los hom­bres, la evolución de la misma y formas de concretarse son muy nume­rosas. A las prostitutas se las llama a veces «mujeres libres» en el sentido de que no tienen un amo único (marido) pero en cambio están expuestas al tratamiento autoritario y patriarcal de todos o cualquiera de los varo­nes. De derecho, como toda mujer no casada, no pueden tener hijos, pero de hecho es inevitable que a veces los tengan aunque sin reconocimiento social (véase Madre).



Históricamente parece que fue Justiniano el primero en dar una de­finición de la prostitución que todavía puede resultar válida hoy a nivel de diccionario masculino corriente: "Mujeres que se entregan a los hom­bres por dinero y no por placer". (Dallayrac: Dossier prostitution.)



La mayoría de los autores estudiosos del tema de la prostitución tie­nen tendencia a caer en los siguientes errores:

- Dicen que la prostitución fue instituida por las propias mujeres.
- Consideran los orígenes de la prostitución, la prostitución sagrada, como no-prostitución, sino como elevación al rango de sacerdo­tisas del amor.
- Piensan que la prostitución se hizo ignominiosa sólo a partir de su reglamentación en Grecia en el siglo V. a. de n.e., con Solón, o con la introducción de la primera cartilla, debida al emperador Marco en el 187 a. de n.e. y que estigmatiza ya a la prostituta.

Estos autores no aclaran nunca, porque ellos mismos no pueden "explicárselo", el descenso imparable en el tiempo de la condición de sacer­dotisa a la de la ramera más vulgar.

La prostitución sagrada consistía en la obligación de entregarse a cualquier extranjero que las solicitara desde la galería y que solía elegir­las lanzándoles una moneda. El acto sexual tenía lugar en el interior del templo y el dinero era para el culto de la diosa o el dios. La prostitución sagrada floreció en Babilonia unos dos mil años antes de nuestra era, pero se extendió a Egipto, Fenicia y Grecia entre otros pueblos. En la India existe todavía en la actualidad.

En primer lugar hay que cuestionarse la condición de sacerdotisa que, si vista desde hoy parece de mayor rango que la de prostituta co­rriente, era ya una condición que expresaba toda la decadencia de la mu­jer. En un mundo ya patriarcal, las diosas de la fertilidad estaban "determinadas" para la misma y además rodeadas de templos de dioses masculinos de clara preeminencia, servidos también por mujeres. La im­posibilidad de que la prostituta sagrada se negara a un hombre, indica cómo estaba coartada su libertad de decisión. Las sacerdotisas, además, acaban desapareciendo de los templos, incluso de los dedicados a deida­des femeninas, y son sustituidas por hombres. La ley quiere entonces que sean las mujeres casaderas las que antes de contraer matrimonio vayan a prostituirse un día a las gradas del templo como condición necesaria para ser en adelante de un hombre solo y poder negarse a los demás legí­timamente. Hay autores que ven en ello también un rito de fecundidad, puesto que tanto Ischtar, como Milita y la Afrodita del período griego clásico, son divinidades que protegen a las parturientas. También hay quien ve en ello un rito de desfloración a cargo de un hombre que no es el marido, debido al temor mítico de éste a semejante acto. La "hos­pitalidad sexual", por otra parte, que todavía se practica en bastantes lugares del mundo, como por ejemplo entre los lapones, podría ser el fondo de la obligación de entregarse a un "extraño" y ello respondería al derecho preservado en el contrato social masculino de que todo hom­bre pueda tener acceso a mujer en un momento dado (que estaría justifi­cado por razones de desplazamiento) a pesar de los contratos de grada, privatización de mujeres que el propio colectivo masculino refrenda con el nombre de matrimonio.

Georges Devereux, etnólogo y psicoanalista, señala con todo, una importante diferencia entre las prostitutas sagradas que ejercen en el tem­plo de una diosa ("santas mujeres") y las que lo hacen en el templo de un dios (deva dasi). Provisionales o permanentes, las primeras sirven a una diosa célibe (soltera) que tiene numerosos amantes, y a la que ellas encarnan en sus relaciones sexuales con hombres vivos. El hombre está en posición de inferioridad respecto a la diosa y a su representante hu­mana. El peligro, señala Devereux, está en los «crueles caprichos de la diosa» cuyos jóvenes amantes míticos perecen siempre pronto y a menu­do de manera trágica.

Este autor encuentra semejanza entre las prostitutas prestigiosas de la sociedad prehelénica y las «santas mujeres» del Próximo Oriente, in­cluida Corinto en la Grecia continental. Las primeras eran vistas a los ojos de los griegos como ·silvestres", no in­sertadas en el nuevo orden, a las que había que domar, y esta doma era precisamente la desfloración. Por otra parte, al profundizar en la estruc­tura psicológica de la prostitución sagrada (ritual) del Próximo Oriente, Devereux nos remite al conflicto que deriva del acto de la desfloración de una virgen, como ya se ha apuntado anteriormente. Lo que sí parece definitivamente cierto es que el apelativo de virgen no incluía la virgini­dad anatómica de una gran diosa célibe, y que ésta es una imputación tardía. Virgen hubiese equivalido a libre, no sometida al matrimonio, independientemente de los amantes que la diosa hubiera tenido.

La prostitución va degenerando dentro de la propia institucionalidad masculina, con la consiguiente pérdida de prestigio de la prostituta.

"Es posible que el nuevo sistema patriarcal no haya podido tolerar ni a la mujer célibe, libre respecto a su cuerpo y jugando un papel capi­tal -tanto en el culto de las diosas solteras del amor (y de la fertilidad) como en el contexto del ritual agrario-, ni desenraizarla del todo de la piedad de los agricultores conquistados. La solución de compromiso pa­rece haber sido una sacralización total - y por lo tanto estrechamente limitada- de la promiscuidad de la xaphevos arcaica, la cual derivó en «santa mujer», sacerdotisa de diosas solteras de los pueblos conquista­dos, al margen de la sociedad laica que hizo del matrimonio una estruc­tura social fundamental". (Femme et mythe).

Que la prostitución no es una institución femenina sino masculina lo demuestra asimismo el hecho de que en Grecia se reclutaran para la misma las esclavas importadas con este fin, las cuales contaban en el lupanar con una celda donde cumplir con su trabajo forzado. Dallayrac dice que debido al mismo, gozaban quizá de mayor consideración que la simple esclava doméstica, pero el Diccionario Enciclopédico Hispanoamericano aclara que "en el lupanar cada celda era la habitación de una prostituta esclava comprada por el Leno y explotada por el hasta que, inservible, la vendía de nuevo". En Roma las prostitutas eran reclutadas entre la población penal femenina para que así, además, no causaran gastos de manutención. Esto sin olvidar que el pater familias tenía potestad para vender o alquilar a la esposa y las hijas para la prostitución. Las prostitutas no esclavas solían llegar, a pesar de todo, a extremos de gran pobreza como lo indica lo ínfimo de las tarifas que cobraban, especialmente las más insignificantes que ejercían cerca de los cementeríos. Se las privaba de casi todos los derechos y se las obligaba a vestir la toga infamante, que en otras épocas ha sido sustituida por la obligación de teñirse el pelo con azafrán u otros signos externos de infamia.

En los templos de la India, por lo menos hasta 1926, las niñas entraban al servicio de un sacerdote para aprender su posterior "profesión" a partir de los cinco años.

En el cristianismo la postura de la Iglesia es de oprobio para las pros­titutas y de tolerancia cuando no reconocimiento de la prostitución. Pa­dres de la Iglesia como San Agustín y Santo Tomas la consideran necesaria en tanto que gracias a ella podrá preservarse la honestidad de las mujeres casadas y la virginidad de las solteras. Esta doble moral que impregna toda la etapa feudal es conservada por la burguesía y el capitalismo cuan­do llegan al poder. El pensamiento socialista es el primero en interpretarla como el reverso del matrimonio, ya que uno y otra se explican mutuamente. Las condiciones sociales abyectas propias de la era indus­trial, favorecen el aumento de la prostitución, tan evolucionada ya que no es necesario señalar con el dedo o decretar por ley que mujeres han de ser prostitutas, como en la antigüedad: basta que la institución este en marcha y que las condiciones sociales hagan por sí mismas lo demás, lo cual permite mantener la conciencia «limpia» pues son las mujeres voluntariamente quienes toman esta opción. Así lo indica Tardieu en el Dic­cionario Enciclopédico Hispanoamericano antes citado: "Después de estas causas, tan numerosas y tan tristes, viene una idea consoladora: que la sociedad no impulsa a nadie a ese mundo de depravación; las caídas son, con cortas excepciones, voluntarias".

En el Nuevo Mundo la primera casa de mujeres fue abierta en 1526, en Puerto Rico. «El Rey, Concejo, Justicia, Regidores de esa ciudad de Puerto Rico, de la isla de San Juan: Bartolomé Conejo me hizo reclama­ción que por la honestidad de la ciudad y mujeres casadas de ella, y por excusar otros daños e inconvenientes, hay necesidad que se haga en ella casa de mujeres públicas... (O'Sullivan, N.: Las mujeres de los conquis­tadores).El texto habla por sí mismo.

En la actualidad los métodos indirectos del patriarcado para indu­cir a las mujeres a la prostitución, sea ésta reglamentada o no, son más sutiles que nunca, pero se pueden destacar como principales:

- La comercialización del cuerpo de la mujer por parte de todos los medios posibles de comunicación de masas, en tanto que puestos al servicio de la industria capitalista que extrae saneados ingresos con la venta de los productos varios que contribuyen a crear el contexto nece­sario para la relación cliente-prostituta.
- La ausencia de una auténtica igualdad de oportunidades entre los sexos, que deja a las mujeres con mayor frecuencia en posición débil e insegura, y a expensas de los hombres.
- La institución misma que permite que cualquier mujer, por el hecho de serlo, sea susceptible en un momento dado de ser prostituida o darse a la prostitución.

Este último punto, el más importante, hace que el tema afecte por igual a todas las mujeres.

El oficio más viejo del mundo. Expresión machista y sexista con la que se quiere dar a entender que la prostitución ha sido, es y será, o, lo que es lo mismo, que es innata a la condición de la mujer e inmodificable.

Prostitución masculina. No es simétrica a la femenina y en todo ca­so, hay que estudiarla en el contexto de la explotación del hombre por el hombre.

Véase: Diosa, Matrimonio, Sexualidad, Trata de blancas, Virgini­dad, Zorra.

BIBLIOGRAFIA. — Boix, F. y Fullat, O.: Breve estudio sobre la prostitu­ción. — Chacel, R.: Saturnal. — Choisy, M.: Psicoanálisis de la prostitución. — Dayllerac, D.: Dossier prostitution. — Gorbin, A.: Les filies de noce. — Her- vas, R.: Historia de la prostitución. — Jaget, C.: Una vida de puta. — Mayo, K.:Mother India. — Millet, K.: La prostitution. — Navarro Fdez., A., Dr.: La prostitución en la villa de Madrid. — Rodríguez Solís, E.: Historia de la prostitución en España y América. — Sacotte, M.: La Prostitución — Scanlon, G.: «La prostitución», cap. 2, 1.a parte de La polémica feminista en España. La Prostitución
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Fuente fotografía: http://www.taringa.net/posts/salud-bienestar/9718981/La-prostitucion-un-problema.html

14 de julio de 2014

Marlene Cummins: "La violación de un país y la de una mujer están promovidas por el mismo motor"





Entrevista de Camila Monasterio a la saxofonista y activista por los derechos del pueblo Aborigen australiano Marlene Cummins, publicada en la revista DIAGONAL

“Mi pasado siempre predecirá mi futuro”

Marlene Cummins, activista, saxofonista y cantante enraizada en el blues desde que “en la infancia conectase con la entrega profunda y espiritual de esta música”, hoy se despliega como nunca. Su disco Koori Woman y el documental Black Panther Woman (dirigido por Rachel Perkins) acaban de ver la luz. Incansable luchadora por los derechos de las comunidades aborígenes de Australia, abre un nuevo capítulo al romper un silencio de cuarenta años para narrar los abusos que, como mujer, sufrió dentro del movimiento por la liberación negra. Una violencia que la sumió en un proceso doloroso tras el que decidió no hablar de lo ocurrido por no alimentar la demonización del hombre aborigen. Sin embargo, ha llegado la hora de provocar el cambio, y esto pasa por la verdad. Como mujer, se siente “vulnerable por revelar una historia de violencia, pero fuerte y con coraje por contarlo”.

Marlene, has prendido fuego en tu propia historia rompiendo un largo silencio con un disco y una película. ¿Es el fin de un proceso o el principio de una nueva dimensión?

Ambas cosas. Principio y fin. Mi pasado siempre predecirá mi futuro y mis intenciones. Siempre he sentido una batalla interna por la búsqueda de la verdad sin concesiones. Mi lucha personal a través del arte me permite aceptar y desafiar las dificultades en mi vida. 

Hablar de una misma como tú lo haces no debe ser fácil. ¿Cómo te decidiste?
Cuando tu prioridad en la vida es perseguir la verdad y la justicia, tienes la capacidad de llegar hasta el final. Cuidé de mi madre con esquizofrenia, de mi hijo que era adicto la heroína. Y antes de eso yo misma tuve una adicción al alcohol y al juego que tuve que controlar. Para proveer justicia, hay que empezar por una misma. 

La narración de episodios de violencia puede situar a la persona en el lugar de víctima. ¿Crees que la música y el cine son canales que permiten formas más ricas de autorretratarse?

Sí. Por haber sufrido violencia sexual he sido víctima de un mal social, pero no quiero que me victimicen. Todos tenemos el poder de luchar por la verdad y así nadie puede manipularnos como supuestas víctimas. Nadie volverá a amenazarme, porque si no lucho por mí misma, yo sería mi peor enemiga.

Aparte de tu catarsis personal, ¿quieres enviar algún mensaje o contribuir a la justicia social de alguna forma?

Quiero atacar decididamente la misoginia en cualquiera de sus formas. Ejerzo mi palabra contra la violencia hacia las mujeres y la infancia. La misma actitud que creo que destruye a la madre Tierra. Quiero que los hombres se responsabilicen de su violencia y que ellos provoquen el cambio. Tienen que unirse a gran escala: políticos, personalidades y gente de a pie. Deben limpiar los horrores que perpetran y dar un paso adelante. Quiero que mi historia contribuya a ese movimiento.

¿Qué te llevó a ser miembro de las Panteras Negras?

La experiencia del racismo en mi propio país desde mi más tierna infancia. Todo lo que he experimentado en mi vida ha sido racismo. El partido de las Panteras Negras me ofreció una salida. No quería seguir siendo una víctima. Está en mi ADN el luchar contra la injusticia. Hemos tenido suficiente.

¿Os sentíais conectados con el movimiento en América a pesar de las diferencias entre unas y otras comunidades negras?

Era diferente pero, como indígenas y negros, compartimos una camaradería que los no negros nunca entenderán. Entendemos la cultura con la misma perspectiva. Respetamos a nuestros ancestros y nadie tiene derecho a desligarnos de este modo de vida. También había algunas diferencias. Nosotros nunca llevábamos armas, sólo adoptamos lo que era relevante en nuestra cultura y lucha como Aborígenes.

¿Cómo te sentías entre tus compañeros hombres?

Me inspiraba su visión y educación política. Para entrar a las Pantera Negras había que estudiar comunismo, Karl Marx... para poder hablar de nuestra situación con conocimiento. Nunca había vista nada igual.

Sufriste la violencia sexual de líderes indígenas y negros. ¿Por qué crees que alguien en principio sensible a la injusticia sea capaz de abusar de su poder así?

El sistema blanco y patriarcal oprime globalmente y la misoginia permea por toda la epidermis de la sociedad. Pero creo que los hombres negros son más demonizados por estos actos en comparación con los blancos. Es parte de esa actitud misionera con la que los blancos creen saber qué es mejor para nosotros.

El comienzo de Koori Woman corta la respiración, ¿en qué sentido es esta canción un elemento central en tu disco?

Desde que empecé a cantar blues, Koko Taylor me ha enganchado. Hago esta versión para las mujeres que han sufrido la colonización misógina en mi país. Creo que las mujeres de cualquier lugar y su espíritu son las que más sufren cualquier invasión. La violación de un país y la de una mujer están promovidas por el mismo motor. Igual que la avaricia de los ricos y poderosos está matando la Madre Tierra.

El sonido del didgeridoo conecta perfectamente con la crudeza de tu blues, ¿hay algo ancestral en ambos que los hace compatibles?

El blues nació de una tradición antigua y pensé que el didgeridoo tenía que estar ahí para representar al blues de mi país. De forma natural incorporo elementos de mi cultura. Igual que otros artistas aborígenes, creamos un sonido que nos identifica.

Así como el folk y el country han florecido dentro de la comunidad aborigen, el blues ha sido meno explorado, al menos entre las mujeres.

No es porque no conectemos con el blues, es porque apenas ha llegado a nuestras orillas. En la radio sólo escuchábamos pop hecho por blancos hasta que irrumpió Ray Charles Algunas emisoras “blancas” no lo hacían sonar. En Australia no estuvimos muy expuestos al blues. Yo tuve suerte porque mi padre era un músico versátil que tocaba algo de blues. También hubo artistas aborígenes, como Syvana Doolan, mi cantante de blues favorita. La escuché cantar en 1970. Escribió temas sobre la opresión contra nuestro pueblo. Me inspiró mucho. También Georgia Lee. Me enfada el estereotipo de que somos borrachos y vagos que sólo escuchamos country. Que no sentimos el soul o el rhythm and blues. Eso no es verdad.

¿Un gira internacional a la vista? ¿España tal vez?

Me encantaría ir a cualquier lugar del mundo a presentar mi disco. Probablemente el año que viene iremos a América a tocar delta blues, al origen de muchos de mis artistas favoritos. Sueño con ir a Nueva Orleáns, Chicago, Memphis. Vivimos en el mundo espiritual y como Aborigen quiero presentarles mis respetos y agradecerles. Pero por supuesto, iría encantada a tocar a España. ¡El viejo blues!

150 años de racismo institucional en Australia

Leyes segregadoras (1900-1905)
Las personas Aborígenes no son consideradas ciudadanas según la Constitución de la Commonweatlh. Leyes de inmigración para la Australia blanca: se prohíbe la entrada al país de personas no caucásicas. En 1905 se aprueba el Western Australia Aborigines Act. La custodia de todos los menores de 16 años pasa al jefe protector. Se establecen reservas donde se somete a las comunidades desplazadas. Le siguen leyes similares en otros Estados.
Asimilación (años 40)
La población Aborígen tiene que ser asimilada en la sociedad blanca, quieran o no. Todo rastro de cultura indígena ha de ser eliminado. En 1938, 150 años después de la ocupación europea, la Asociación de Aborígenes Progresista declara el Día del Lamento. En 1939 se produce la marcha de Cummeragunja: primera huelga masiva Aborígen.
Acción (años 60-70)
En los 60 Aparece la política de integración para supuestamente dar más control a la población Aborigen sobre sus vidas .Con las tensiones entre el fin de las políticas de asimilación del gobierno y el principio de la autodeterminación Aborigen, nace el Partido Australiano de Panteras Negras en 1971. En 1972 se produce una movilización por el derecho a la tierra. En 1975 se aprueba el Acta contra la Discriminación Racial.
Reparación (años 90-2000)
Caso Mabo (1992). El Supremo australiano da la razón a Eddie Mabo decidiendo que hubo una ocupación de la población nativa y que Australia nunca fue una tierra vacía. En 2008, el Parlamento se disculpa por las “Generaciones Robadas”.

Te invitamos a leer también EL BLUES DE LA MUJER ABORÍGEN

Fuente fotografía: http://blackfellafilms.com.au/project/blackpantherwoman/

9 de mayo de 2014

María Moliner: el exilio interior

Gabriel García Márquez dijo de ella que "“Escribió sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana”

A continuación, reproducimos un extracto del artículo de la periodista y escritora Inmaculada de la Fuente publicado en Lecturas Sumergidas

María Moliner nació en Paniza (Zaragoza) el 30 de marzo de 1900, en el “año cero”, como ella señalaba. Su trayectoria no se puede desligar del avance de las mujeres de su generación hacia la educación superior, a raíz del decreto de 1910 que eliminó las trabas existentes para matricularse en cualquier Universidad. Fue una de las primeras universitarias y esa condición –entonces minoritaria- de mujer ilustrada marcó su vida. Estudió parte del bachillerato por libre debido a las dificultades económicas de su familia y esa circunstancia acrecentó su responsabilidad. Su padre, médico rural, se había trasladado a Madrid con su familia para aumentar sus ingresos, pero la realidad es que la inestabilidad fue mayor en la capital y María Moliner y sus hermanos crecieron entre estrecheces. El padre se enroló como médico de barco y de su segundo viaje a Argentina ya no regresó. Fundó otra familia y a la que dejó en Madrid solo le mandaba cartas y de vez en cuando algo de dinero. Ese abandono caló hondo en Moliner, entonces con 12 años, y se convirtió en un secreto de familia que solo salió a la luz a la muerte de la lexicógrafa. Pero ella guardó las cartas de su padre con cariño.  A pesar de su ausencia, el padre le instaba a seguir estudiando y frecuentar el colegio de la Institución Libre de Enseñanza al que la joven Moliner solo pudo ir por un corto periodo. Tenía que ayudar a su madre, muy afectada por la marcha de su marido, y sacar tiempo para dar clases a sus propios compañeros, a fin de aportar algo a los gastos familiares.

La familia regresó a Aragón para guarecerse económicamente en el entorno familiar y Moliner se las arregló para estudiar en la Facultad, asistiendo a los seminarios y conferencias  que tenía a su alcance y al mismo tiempo conseguir un trabajo remunerado como secretaria-redactora del EFA (Estudio de Filología de Aragón). En este organismo tuvo ocasión de manejar fichas por primera vez y de analizar a fondo el DRAE. Y en el Seminario de alemán aprendió esta lengua con un sistema de reglas nemotécnicas que aplicó después en su labor bibliotecaria y posiblemente, en la organización de las entradas del DUE.

María Moliner y su marido Fernando Ramón y Ferrando
Al licenciarse en Filosofía y Letras, entró por oposición en el Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. Sus primeros destinos fueron en calidad de archivera y no de bibliotecaria, como deseaba, pero no desaprovechó las oportunidades que tenía para luchar por los puestos a los que aspiraba. Fue ya en Valencia, donde ella y su marido, Fernando Ramón y Ferrando, catedrático de Física, se trasladaron en 1930, donde María Moliner realizó sus sueños profesionales. La proclamación de la Segunda República le permitió involucrarse en las Misiones Pedagógicas y establecer el préstamo de libros en las zonas rurales de Valencia, un proyecto que logró hacer permanente a través de bibliotecas populares y escolares.

Al inicio de la Guerra Civil, el rector de la Universidad, José Puche, le confió la dirección de la Biblioteca Universitaria. Poco después, el  traslado del Gobierno legítimo a Valencia en previsión de que las tropas franquistas asaltaran Madrid, facilitó que sus superiores conocieran de primera mano su labor. Los responsables de Bibliotecas le encargaron que dirigiera la Oficina de Adquisición de Libros y Cambio Internacional (un intento de atraer títulos del exterior, pese a la guerra,  entregando como contrapartida las obras de los grandes autores de la Edad de la Plata editadas en papel barato) y respaldaron su proyecto de reorganizar la red de bibliotecas públicas. Este proyecto, conocido como Plan de Bibliotecas María Moliner, empezó a aplicarse ya durante la guerra, pero quedó invalidado y aparcado en un cajón tras la derrota republicana.

María Moliner, como todos los funcionarios, fue sometida a expediente de depuración para eliminar adherencias republicanas y, a pesar de que había sido sumamente discreta con sus ideas, fue acusada de “roja, y simpatizante de los rojos”, sin más argumentos. Como consecuencia, fue degradada dieciocho puestos y vetada para ocupar posiciones de confianza. Su marido perdió temporalmente la cátedra, al recibir una sanción mayor, y ella volvió al Archivo de Hacienda, su primitivo destino en Valencia. Años después él recuperó su cátedra, pero en Salamanca, y ella optó en 1946 por pedir el traslado a Biblioteca de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid.

En esta última biblioteca, rodeada de plantas, Moliner empezó a pergeñar su Diccionario. Muchos profesores sabían de su pasado republicano, pero lo que no podían sospechar es que por las tardes, en su casa,  mecanografiaba fichas que completaba a mano para hacer un Diccionario capaz de medirse con el de la RAE. “Estando yo solita en casa una tarde”… Así evocaría después su decisión de embarcarse en la aventura filológica. “Había un punto, el de la tarde, en que realmente me sentía vacía, sentía que algo me faltaba y entonces me puse a trabajar en el diccionario con todo entusiasmo. Siempre estaré satisfecha”, confesó en una entrevista a Daniel Sueiro, ya en 1972. Pensaba que el Diccionario le llevaría en torno a un año y acabó necesitando 15. Unos años antes de que lo acabara, Dámaso Alonso vio algunas fichas y medió para que Gredos le contratara el libro y  se lo editara.  Así comenzó la paciente espera de Gredos y la larga travesía de doña María hasta ver publicada su obra: el primer tomo a finales de 1966 y el segundo en el 67.  “Empecé joven, y con hijos poco más que niños y lo acabé cargada de nietos”, admitió después.

Nunca pensó que esa entrega le daría tantas satisfacciones y decepciones juntas. Le hizo feliz comprobar la repercusión de su obra y enterarse de que los académicos consultaban su Diccionario. Era lógico, ya que había redactado de nueva planta las entradas y había evitado los círculos viciosos del DRAE: se buscaba la definición de tonto y remitía a bobo y vuelta a empezar. Pero fue consciente también de que los prohombres de la cultura no querían reconocer su mérito, y la admiraban de tapadillo. Buena prueba de ello, junto al machismo imperante, fue que no salió elegida para entrar en la RAE en 1972.

Escribir de María Moliner deja un poso: si hay algo que transmite la lexicógrafa es que no hay tantos imposibles como pensamos. Lo que hay que hacer, se hace, cueste lo que cueste y, si encima produce placer, o sirve a los demás, mejor. Mi pasión por Moliner y su obra, lo reconozco, es bastante razonada, pero de esas que van calando y se hacen hondas. Ella también empezó su Diccionario con el rigor de una profesora y, sin embargo, acabó siendo la gran ilusión que enriqueció la segunda parte de su vida.

La publicación del Diccionario supuso para Moliner una resurrección personal y profesional, el fin de su exilio interior. Pero una vez descubierta su pasión por las palabras, ya no pudo parar y se impuso a sus cerca de setenta años revisar su obra y añadir entradas para la Segunda edición. Las circunstancias familiares, sin embargo, eran entonces distintas, más adversas. Su marido se había jubilado –hasta entonces pasaba muchos días entre semana en Salamanca- y estaba perdiendo la visión, por lo que tenía que atenderlo. Pero seguía ilusionada con la Segunda Edición y recopilaba todas las palabras nuevas que escuchaba o que veía en el periódico. Hipólito Escolar, uno de los socios de Gredos con el que Moliner charlaba cuando iba a la editorial, narra en sus memorias, Gente del libro, que la lexicógrafa intentaba no hacer ruido cuando tecleaba la máquina para no molestar a su marido. Este no estaba muy conforme con que hipotecara de nuevo sus últimos años alargando su obra con una inminente Segunda Edición. Lo ya realizado le parecía suficiente. Moliner era de otro parecer: creía que tenía que hacer adiciones, mantener vivo su Diccionario. Aunque ahí naufragó en parte por culpa de la arterioesclerosis cerebral que padeció y que desencadenó su Alzhéimer: no pudo acabar de revisar las correcciones, pero ahí quedó su voluntad de ordenar el mundo a través de las palabras; su empeño en no dejar sin definir una sola voz.

13 de abril de 2014

Políticas feministas contra la violencia sexista vs. Políticas gubernamentales

Begoña Zabala González
Artículo de Begoña Zabala Gónzalez, abogada feminista, publicado en Viento Sur.

Un quehacer importante del movimiento feminista, desde siempre, ha sido y está siendo la lucha contra la violencia sexista. Cuando se produce la expresión más brutal de ésta, que es el asesinato, la preocupación y la indignación crece. Ayer mismo moría en Medina del Campo una joven de 32 años a manos de su expareja, que le disparó tres veces con arma de fuego y la dejó en coma. Hace la víctima número 18 del año, según fuentes de los medios, asesinadas por sus parejas o exparejas. El año pasado fueron 54 en total, según datos del Ministerio, lo que supone una cifra parcial relativamente inferior.

Estos datos, con lo parciales e insuficientes que son, han hecho sonar las alarmas. Se interpreta que la situación que vivimos, llamémosla de crisis, puede estar disparando estas cifras de asesinatos por violencia de género. Es lo que tienen los números. Cuando se comparan producen sus efectos, tranquilizadores o de alarma. En realidad los cincuenta y cuatro casos del año pasado ya me parecen suficientes como para alarmarse. Pero sobre todo, para hacer unos análisis serios sobre los nueve años que han pasado de vigencia que cumple la Ley Orgánica de Medidas de protección integral contra la violencia de género.

Solo con estos titulares, voy a hacer dos reflexiones que me vienen a la mente, para apostillar las políticas gubernamentales y resaltar las prácticas y políticas del movimiento feminista. Necesitamos, desde el movimiento feminista, preguntarnos y contestarnos sobre lo que está pasando en los ámbitos de la violencia sexista, sobre todo para saber responder a esta extrema agresión que sufrimos las mujeres, justo en el momento en el que se dice que se está avanzando en igualdad. ¿Será que no se avanza tanto? ¿Será que el paradigma igualdad no es un correlato de la violencia machista?

Definición de violencia sexista

Para tranquilidad de las estadísticas y de los números, la vigente ley codifica el termino legal de violencia de género, limitando su ámbito de comprensión de forma extremada. No solamente es un problema semántico o de lenguaje jurídico, que se apropia –y a la vez expropia al movimiento feminista- de un término de larga tradición para acuñar un significado propio, sino que su muy particular interpretación va a distorsionar la realidad contada, así como la intervención institucional. Porque no debemos olvidar que la ley anuncia ya desde su título que va a tomar medidas cuando se produzca esta violencia de género, y en todo caso, para que no se produzca la misma. Es decir su foco lo dirige de forma casi unívoca a la violencia de los hombres contra las mujeres –pueden excepcionalmente ser víctimas también los hombres- cuando se da dentro del ámbito de una relación de pareja sentimental o afectiva, aunque ésta haya cesado.

Asi que tranquilidad, pues los 18 asesinatos de este año podían ser más, si contamos realmente a las mujeres asesinadas como consecuencia de la dominación masculina. Lo que siempre se ha llamado violencia sexista o machista o de los hombres contra las mujeres, o de género. Se excluye de un plumazo a todas las mujeres que no tienen o no han tenido relación “afectiva” con el agresor. El relato nunca será contado en sus términos para ignominia de las mujeres afectadas.

¿Y tiene esto realmente consecuencias en los casos concretos? Obviamente en el campo penal, criminológico, tema que preocupa de forma extrema a la propia ley, es definitorio. Ninguna de las medidas que se contemplan, y se consideran preventivas, -para prevenir más violencia pues en alguna medida ya se ha producido violencia cuando se pone en práctica la protección-, se pueden tomar si no es un supuesto definido por la ley como de violencia de género. Por supuesto, el tratamiento al agresor también es importante, ya que la violencia de género es una violencia cualificada para el sistema penal, en las penas y en el tratamiento. Siempre ponemos como el ejemplo el caso del asesinato de Nagore Lafagge, en Iruñea, un 7 de julio, cuando se negó a mantener relaciones sexuales con el que la asesinaría, que no fue considerado siguiendo literalmente la letra de la ley, violencia de género.

Denuncia de los casos de violencia sexista

Se ha criticado abundantemente el tratamiento por parte de la ley de la violencia sexista como un tema exclusivamente penal, policial, desde las políticas criminológicas. Esta consideración, además de focalizar de forma exagerada la violencia más tangible y visible, y muchas veces la más repudiable, desde luego, articular todas las medidas de alrededor y todo el actuar para su prevención y la resolución de los casos.

También sitúa a las mujeres como víctimas y como tales van a ser atendidas, y sobre todo van a ser protegidas, en su consideración de una víctima sin capacidad de decisión y con necesidad de protección. No tenía por qué ser así, pues se puede ser víctima de otras formas. No hace falta mirar muy lejos para ver la gran presión y protagonismo –e incluso la actividad y participación política beligerante- que otras víctimas, organizadas incluso en asociaciones varias, ejercitan a diario.

En este itinerario legal-policial-penal, que casi es el único al que reconducen a las mujeres, hay una figura estrella absolutamente necesaria para poner en marcha los mecanismos de intervención protectora o de prevención: la denuncia judicial. Pero no solamente opera como mecanismo jurídico imprescindible y necesario, sino que publicitariamente y mediáticamente, digamos que divide aguas. Todas nos acordamos de aquella campaña institucional, realizada desde Madrid, que terminaba diciendo “termina con esta lacra, es muy fácil, sólo tienes que marcar un número”. ¿Qué sensación de culpabilidad y de tonta integral te puede quedar si ni siquiera eres capaz de marcar un número de teléfono?.

Así también cuando los hechos más dolorosos se producen y acaba en asesinato, la primera averiguación es saber si había denunciado, si tenía medidas especiales de protección y si las cumplía a rajatabla. Parece que esto es un previo “sine qua non” para calibrar la culpabilidad del sujeto. Total para deducir que en un número importante de casos, a pesar de todos los pesares, y de haber presentado varias denuncias, el asesinato se termina produciendo.

Además, esto de la denuncia opera de forma muy contradictoria, pues a veces resulta que las mujeres retiran las denuncias. Por muchas razones que no vamos a entrar ahora a analizar, que tienen que ver en la mayoría de los casos con la dificultad del propio proceso, y de los procesos penales en general, y su burocracia, o con la búsqueda de fórmulas alternativas que pasan por no acudir a las vías penales. Tema por cierto que se ve con mucha frecuencia en otros ámbitos del campo penal y otros jurídicos y se reciben con aplauso, en pro de soluciones negociadas. Pues bien, cada vez que se descubre que una mujer ha retirado una denuncia, se equipara esto mecánicamente a “denuncia falsa” y por eso la retira, o “denuncia presionada”, para obtener otros beneficios, quién sabe cuáles.

A menudo el movimiento feminista ha terciado en este debate. Judicializar y penalizar hasta el extremo el tema de la violencia sexista entre parejas o exparejas, sin analizar todo el complejo camino que hay detrás, para ver las soluciones, está oscureciendo la naturaleza de la propia violencia. Hay un camino muy sinuoso y sutil de violencia de género, que no se puede detectar por mecanismos policiales y judiciales, ni mucho menos solucionar. El continuum de esta violencia, inicia su itinerario en una relación de dominación con violencia casi imperceptible, más en el campo de la violencia simbólica, que debe ser analizado y sobre todo sancionado y atajado, con otros mecanismo diferentes. El análisis tiene que ser más profundo y complejizado. No estamos simplemente ante un asesino del peor calibre, pues antes de convertirse en esto, han pasado muchos episodios de violencia que si no se resuelven con medidas y derechos para las mujeres que los están sufriendo y viviendo, llevarán de forma inequívoca al final del asesinato.

Es por esto que la respuesta a la violencia sexista, en todas sus dimensiones, no puede ser, ni se puede reducir de ninguna de las formas a la denuncia y a los ámbitos judiciales. Llevamos años analizando los mecanismos de dominación masculina, el sexismo y la violencia y el papel que juega en la perpetuación del sistema heteropatriarcal. Y este es el primer paso obligado para poder tomar medidas en contra de las violencias concretas. En esta explicación y en esta lucha, no está resultando buen aliado un sistema legal que no tipifica bien a la violencia sexista; que judicializa de forma exagerada los casos de violencia en pareja; que trata de proteger a la víctima como si de una menor se tratara, sin capacidad de decidir; que no le concede instrumentos –derechos- para su defensa autónoma y para su supervivencia; y sobre todo, que no interviene de forma eficaz en contra de las relaciones de dominación masculina y su imaginario simbólico, que naturalizan la sumisión de la mujer, como primer paso para la violencia. No es la igualdad del paradigma de desaparición de la violencia sino el empoderamiento, individual y colectivo de las mujeres.

Fuente fotografía: http://www.harimaguada.org/conferencias-de-las-jornadas-por-el-derecho-a-una-vida-deseada-digna-y-saludable/

12 de diciembre de 2013

La violencia contra las mujeres como arma estratégica del poder en la guerra social

Artículo publicado en PERIODISMO HUMANO traducido por Fátima Fafatale

La violencia contra las mujeres a menudo ha sido utilizada como un arma de guerra, con la intención de castigarlas, humillarlas y deshumanizarlas, pero sobre todo, con la intención de reprimir y destruir por todos los medios posibles el grupo al que pertenecen.

En los conflictos armados, esta violencia ha sido durante mucho tiempo asimilada a un signo de dominación más que a una herramienta de destrucción.

Sabemos también que en tiempos de paz, las violencias contra las mujeres pasan sobre todo por ser actos individuales de hombres violentos, y no por armas de destrucción “estratégicas”.

Y bien, ¿Qué diríais si en la situación de crisis exacerbada que sacude Grecia, la violencia contra las mujeres se estuviera convirtiendo en un arma en manos del poder?

En efecto, en los últimos tiempos, los casos de tal violencia se multiplican en Grecia. Es el ejemplo de cuatro manifestaciones emblemáticas:

La primera y ¿más reciente? ha tenido lugar a principios de noviembre de 2013 ante las cámaras, prácticamente en directo, cuando las fuerzas especiales de la policía griega (MAT), quisieron impedir a dos diputadas entrar en el edificio de la Radiotelevisión Pública (ERT), que acababa de ser ocupado por la policía, y las acorralaron contra el portón de entrada de hierro forjado. Las dos diputadas de la oposición parlamentaria, Zoe Konstandopoulou, de Syriza, y Rachel Makris, del partido ‘Griegos Independientes’, fueron muy maltratadas. Especialmente Zoe Konstandopoulou, que fue conscientemente asfixiada y estuvo a punto de morir, ha demandado a sus agresores por intento de asesinato. Y todo esto, porque las dos diputadas querían simplemente ejercer su derecho constitucional de entrar en la Radiotelevisión Pública para impedir el montaje policial (destrucción de material, etc.) que tenía como objetivo ¿ir contra? la lucha de los trabajadores.


La continuación de este suceso es muy elocuente y viene a confirmar nuestra tesis. Al día siguiente, el gran periódico pro-gubernamental ‘TA NEA’, lanzaba una violenta campaña ultra-sexista contra las dos diputadas, publicando una viñeta en portada que presentaba a las dos diputadas… haciendo striptease bailando en una barra ante un público de clientes masculinos habituales de este tipo de locales (ver viñeta). En la leyenda del “dibujo” se podía leer este supuesto intercambio entre dos clientes: “A la derecha está Raquel y a la izquierda Zoe. ¿Y es que ellas hacen también otra cosa? He oído que también emprenden acciones legales. Pero mejor vamos a preguntar al chico”…

La segunda ha dado lugar a un auténtico linchamiento público, acrecentado por las cadenas de televisión, de mujeres seropositivas, algunas de ellas prostitutas. En plena campaña electoral, dos ministros socialdemócratas, tristemente célebres por su papel en la represión salvaje de las manifestaciones contra la Troika y el desmantelamiento del sistema de Sanidad, animaron a la población a denunciar para detener a las que, según los ministros, “constituyen una bomba de relojería sanitaria”, “contaminan a la sociedad con enfermedades contagiosas” y matan de sida a “los padres de familia griegos”.

La tercera manifestación de esta violencia ha tenido como víctimas a las decenas y decenas de mujeres -¡incluso abuelas!- de los alrededores de Skouries, en el norte de Grecia, que se oponen a la sociedad canadiense Eldorado y su proyecto de extracción de oro de la región. Desde hace meses, las fuerzas especiales de la policía, por órdenes directas de su ministro, hacen de las mujeres de los pueblos de los alrededores el blanco prioritario de una represión feroz y en masa que ya ha desembocado en el encarcelamiento de algunas de ellas y en la acusación por… crímenes de aún más (ver las fotos). No es casualidad que esta campaña de represión sin precedentes enmarcada en la imposición del estado de excepción en una región habitada por pacífica/os campesina/os se pretende -a decir de sus responsables- que sea ejemplar con la intención de prevenir la multiplicación de estos actos de “desobediencia civil”. Y evidentemente, no es casualidad que esta “represión ejemplar” se ejerza prioritariamente contra las mujeres de esta población local a la que ha hecho destruir cueste lo que cueste.


Y la cuarta manifestación, el episodio tristemente célebre del diputado del partido neonazi Kassidiaris, que golpeó “en directo” a dos diputadas de izquierda durante una emisión transmitida durante la campaña electoral de la pasada primavera. Este acto de violencia, en lugar de suscitar la indignación y la reprobación, suscitó por el contrario una gran ola de simpatía popular y contribuyó al éxito electoral de Amanecer Dorado.

¿Qué está pasando?

Pensamos que se trata de un nuevo mal que empieza a aparecer. Esta violencia nos lleva a pensar en las violencias exacerbadas contra las mujeres en las guerras étnicas. La violación de mujeres por parte de hombres del bando contrario muy a menudo debe analizarse no como el efecto de un deseo masculino “incontrolable”, sino como parte de una estrategia de conflicto, de combate, en la que las mujeres representan biológica y simbólicamente la integridad de la etnia o de la nación a combatir. Y que hay que destruir. En nuestro caso, es evidente que no estamos en presencia de  una violencia nacionalista con motivo de una limpieza étnica. Estamos en presencia de un conflicto de una naturaleza diferente, de otra guerra, de una guerra social, ¡de una lucha de clases!

En suma, humillar a las dos diputadas identificándolas con bailarinas de stripteaseno significa solamente que dedicarse a la política es ante todo un derecho de los hombres y no de las mujeres. Significa, más vulgarmente, que el papel que ¿se le deja? a la mujer es ante todo estar siempre disponible para ser ¿follada?, poseída y gobernada por los machos.

Igualmente, lapidar a las mujeres seropositivas, criminalizarlas, satanizar su sexualidad, presentarla como una “amenaza” para la ley y el orden que debe reinar en nuestras sociedades, esta amenaza se parece a la que siempre han representado las “clases” que estos señores llaman desde hace casi dos siglos “peligrosas”. Mismo lenguaje, misma  demonización y misma represión…

Así pues, hacer de la misoginia, el odio contra las mujeres, la violencia contra las mujeres y sus derechos un arma de guerra no debería extrañar en la medida en que todas las políticas de quienes mandan en estos tiempos de la Troika triunfante apuntan también a hacernos volver a los peores momentos del capitalismo más salvaje y bárbaro del siglo XIX. Exactamente a una época durante la cual las mujeres no tenían prácticamente ningún derecho…

El hecho de que asistamos a la puesta en marcha de un auténtico ataque frontal, de una verdadera guerra de dimensiones históricas contra la inmensa mayoría de la/os ciudadana/os  (asalariada/os, pobres, parada/os, pensionistas, jóvenes, “diferentes”, inmigrantes, minorías…) debería explicar esta transformación de la violencia contra las mujeres en una verdadera arma que poder y pudientes utilizan en masa y cada vez más frecuentemente. Como en los casos de violaciones en masa que sirven a los limpiadores étnicos para hundir la moral del pueblo víctima y someterle definitivamente, la violencia contra las mujeres ejercida por poder y pudientes en tiempos de guerra social tiene en la actualidad exactamente los mismos objetivos: hundir la moral, romper el tejido social para someter no solamente a las mujeres -que son evidentemente el primer objetivo- sino a todas las víctimas, hombres incluidos, de sus políticas inhumanas y neoliberales.