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Amy Goodman

Periodista, investigadora, escritora... Ha demostrado que SÍ es posible la independencia de los medios de comunicación y ha dado voz a lxs excluídxs en los mass media. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Vandana Shiva

Doctora en física, filósofa, activista por la justícia global y la soberanía alimentaria... Ha demostrado que SÍ es posible la producción sostenible y plural de alimentos. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Tawakkul Karman

Periodista, política, activista por los Derechos Humanos... Ha demostrado que SÍ se puede luchar desde el pacifismo por la Revolución política, social y de género en Yemen. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Joumana Haddad

Poeta, traductora... Ha demostrado que SÍ se puede trabajar por la secularización de la sociedad, la libertad sexual y los derechos de las mujeres en Líbano. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Leymah Gbowee

Trabajadora social, responsable del movimiento que pacificó su país en 2003... Ha demostrado que SÍ es posible la Paz en Liberia y que las mujeres son sus constructoras. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Ada Colau

Filósofa de formación y miembra visible de la PAH... Ha demostrado que SÍ es posible hacer frente a la ilegitimidad de las leyes movilizando a la sociedad pacíficamente. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Marama Davidson

Activista por los derechos del pueblo maorí... Ha demostrado que SÍ es posible identificarse con la idea universal de la descolonización del Planeta. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Teresa Forcades

Doctora en salud pública, teóloga... Ha demostrado que SÍ es posible un discurso humanista, feminista y combativo por la justícia social dentro de la Iglesia Católica. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Sheelah McLean, Nina Wilson, Sylvia McAdam y Jessica Gordon

Fundadoras del movimiento Idle No More... Han demostrado que SÍ es posible mobilizar a la sociedad en defensa de los derechos de los pueblos autóctonos en Canadá. SIN ELLAS NO SE MUEVE EL MUNDO.

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3 de marzo de 2013

Cuando el espejo de Venus reflejó a la sufragista

Hace 99 años, la activista Mary Richardson entró en la National Gallery de Londres cuchillo en mano, y rasgó el famoso lienzo de Velázquez. El suceso dio la vuelta al mundo, pero estereotipado como una protesta aislada de una feminista loca. Se obviaron las causas y detonantes de la radicalización de la lucha por el voto femenino, y se silenciaron muchas de las transgresiones individuales y colectivas que protagonizaron las activistas


El cuadro de Velázquez, rasgado por Richardson
Miércoles, 11 de Marzo de 1914. The Times publica información bajo el siguiente titular: “Atropello a la National Gallery. La Venus del Espejo. Sufragista presa en el Tribunal”. Tras éste, y bajo un encabezado que expone: “Magnitud de los daños”, el artículo hace una extensa reproducción de los hechos en la que la imagen del cuadro de Velázquez recibe el tratamiento de una mujer de carne y hueso con expresiones como “fue mutilada” (by la sufragista) y descripciones propias de un intento de asesinato: “El golpe más grave fue una herida cruel en el cuello”.

La protagonista del suceso -y responsable de generar un antes y un después en las políticas de seguridad de los museos británicos-, fue la periodista, sufragista y afiliada a la Women´s Social and Political Union (WSPU), Mary Raleigh Richardson (1889-1961) quien había encabezado ya varias protestas impactantes. Hay que enmarcar los hechos dentro de la decisión del grupo de las suffragettes (como se las llamaba de forma despectiva y como se llamaban ellas de forma reivindicativa) de radicalizar la militancia y, por ende, las acciones de protesta ante la falta de efectividad que habían demostrado tener las políticas normativas en la búsqueda de legalizar el voto femenino.

Así, el 10 de marzo de 1914, Richardson (a quien rebautizaron en la época como Slasher Mary, María la Acuchilladora) entró en la National Gallery y, cuchillo en mano, rasgó decidida el lienzo de Velázquez: siete cortes limpios que no impidieron que el cuadro se recuperara a posteriori.

Fue condenada al máximo de pena contemplado por la “destrucción de una obra de arte”: seis meses de prisión. La acción fue recogida desde la opinión pública como un rechazo y aversión de una feminista radical que tachaba de intolerables los desnudos femeninos: los dirigentes pretendían transmitir la idea de que la protesta no era más que un hecho aislado de una loca eventual. Sin embargo, los motivos profundos del hecho se sustentaban en unas razones claras que desembocaron en acciones nada aisladas.

Emmeline Pankhurst, "la más notable agitadora social y política"
En una declaración realizada por Richardson a la WSPU, ésta afirmó: “He tratado de destruir la imagen de la mujer más bella en la historia mitológica como protesta contra el Gobierno de la destrucción de la señora Pankhurst, que es el personaje más bello de la historia moderna. La justicia también es un elemento de belleza al igual que el color y el contorno sobre el lienzo. Mrs. Pankhurst busca obtener justicia para la mujer y, por esto, están siendo lentamente asesinada por un gobierno de políticos Iscariote. Si hay clamor en contra de mi escritura, que cada uno recuerde que tal protesta es una hipocresía si éstos siguen permitiendo la destrucción de la señora Pankhurst y otras mujeres hermosas de la vida […]”.
Su compañera de batalla, Emmeline Pankhurst, había sido detenida el día anterior a la acción de protesta.

Emmeline Pankhurst (1858-1928). “La más notable agitadora política y social de la primera parte del siglo XX”. “El personaje más bello de la historia moderna”.
De la primera forma la definió The New York Herald Tribune tras su muerte y, de la segunda, su compañera Mary Richardson. La biografía de Emmeline Pankhurst es imposible de rescatar en poco espacio y está llena de auto-biografías, contra-biografías y sucesos que, por muy extraños que nos parezcan, hacen que acercarse a su figura y entender sus razones sea una tarea apasionante.

Pankhurst fue, sin duda, una de las lideresas más difíciles de callar en el camino a la campaña hacia el derecho al voto electoral de las mujeres: el hueso más duro de roer para los asentados políticos británicos. Si por algo se la puede caracterizar es por no haber vacilado ni un segundo ante las estrategias que consideraba oportunas en cada momento (aunque supusiera no llegar a consenso a veces). Tan persistente era que incluso cambió su fecha de nacimiento para que coincidiera con el Asalto de las mujeres a la Bastilla. Su empeñó fue tal que la mayoría de biografías acabaron optando por la fecha que ella eligió y con la que se sentía identificada, en vez de citar la que constaba en su partida de nacimiento.

Fundadora de la WSPU, organización que se dedicaba según ella misma “a los hechos, no a las palabras”, la sufragista provenía de una extensa familia militante a la que, luego se unirían sus hijas, quienes fueron a su vez importantes lideresas de la causa sufragista.

Con tan solo ocho años, esta devoradora de libros ya sabía lo que era trabajar desde el movimiento sufragista. Sin embargo, su trayectoria política no se reduce a esta causa y su “currículum” señala constantes cambios de opinión seguidos de cambios de partidos; algunos incluso rechazaron su presencia (por razón de sexo) en la toma de decisiones. Esto implicó también que el movimiento de la Unión fuera exclusivo de mujeres.

Si algo consiguió la WSPU fue llevar la voz feminista al centro de la noticia. Tanto, que sus acciones han trascendido a la Historia casi como una definición estereotípica del movimiento feminista en general: “feministas radicales”. Las suffragettes pasaron de ser “las agredidas” a “las agresoras” y se mostraban “cómodas” ante la idea de ir a prisión si aquello implicaba visibilización. Así, tras se preguntada por un periodista acerca de si estaría dispuesta a ser encarcelada, ni corta ni perezosa Pankhurst contestó: “Oh, sí, absolutamente. No sería tan terrible, ya sabes, y sería una experiencia valiosa”.

El punto de inflexión en la acciones tomadas por la organización llegó el 21 de junio de 1908, cuando 500.000 activistas se reunieron en Hyde Park para exigir el voto para las mujeres. Los líderes parlamentarios respondieron una vez más con indiferencia y la WSPU, decide ir un paso más allá en la protesta. Acciones espectaculares como el Viernes negro, el asalto al Ministerio del Interior y los incendios provocados en mansiones y campos de golf masculinos, se convirtieron en el sello constante de las suffragettes para conseguir sus derechos. Una de las acciones más conocidas de la Unión fue cuando Emily Davison saltó delante del caballo del rey en el Derby Epsom en 1913, falleciendo poco después.

No es hasta 1918 que se concedió el derecho a votar a las mujeres en Gran Bretaña. Eso sí, únicamente para mayores de 30 años y con algunas restricciones.

Actualmente, espacios tan contemporáneas y virales como la Wikipedia (esa “fuente de sabiduría”) sitúan la acción realizada contra la Venus dentro de un epígrafe genérico y rotundo: “Vandalismo”. Parece que lo de negar derechos, todavía, está muy lejos de colocarse debajo de definiciones como ésa.

Artículo escrito por Mar Gallego el 28/02/2013 en PÍKARA MAGAZINE

29 de diciembre de 2012

YEMEN: UNA REVOLUCIÓ CULTURAL DE GÈNERE DINS DE LA REVOLUCIÓ NACIONAL

Tawakkul Karman,Premi Nobel de la Pau 2011
Ewa Strzelecka, investigadora de la Universitat de Granada i consultora internacional en gènere i desenvolupament, i membre fundador del grup d'investigació AfricaInEs, ha viscut durant 2 anys a la ciutat yemení de Sana'a, on ha treballat com a investigadora especialitzada en moviments de dones. La interessantísima comunicació transcrita en aquest post va ser presentada el 9 de febrer de 2012 al Euro-Mediterranean University Institute (EMUI) de la Universidad Complutense de Madrid. En ella, la investigadora exposa la seva anàlisi sobre la participació de les dones en la revolució de Yemen, els seus èxits i canvis socials i les seves derrotes i decepcions.

Un important document que posa en relleu la greu situació de les dones el país de les quals, en el darrer índex de desigualtat de gènere, (IDH-IDG 2011), que mesura la pèrdua d'èxits en 3 dimensions del desenvolupament humà: salut reproductiva, apoderament i mercat laboral, a causa de la desigualtat entre homes i dones, ocupa la darrera posició. És a dir, de 146 països, ocupa el número 146.

Movimientos de mujeres en Yemen en el contexto de las Primaveras Árabes

Yemen es uno de los países más empobrecidos del mundo. Casi la mitad de la población yemení vive con 2 dólares o menos al día y un tercio sufre de hambre crónica. Yemen ocupa la posición 154 sobre los 187 países evaluados en el último Índice del Desarrollo Humano del PNUD (IDH 2011), con un valor de 0,462*.

Es también uno de los países más desiguales en términos de género y del empoderamiento de las mujeres. En el último Índice de Desigualdad de Género (IDH-IDG 2011), Yemen se clasifica en la última posición, es decir la 146 sobre 146 países evaluados, obteniendo un valor de 0,769**. Además de los altos índices de pobreza y de desigualdad de género, Yemen destaca por sus niveles elevados de corrupción, analfabetismo, desempleo, riesgos terroristas y conflictos armados, y por tener una creciente población mayoritariamente joven, sin oportunidades ni recursos para lograr un nivel de vida digno, creativo y valorable en términos del desarrollo humano. Esta situación ha contribuido a un descontento social, que inspirándose en los alzamientos populares de Túnez, estalló en enero de 2011 en protestas y manifestaciones callejeras para reivindicar reformas político-sociales y poner fin a los 33 años de presidencia de Ali Abdullah Saleh. Dicha sublevación popular se prolongó en tiempo, convirtiéndose en una verdadera revolución.

Es una revolución que todavía está en proceso, ya que hasta ahora se han logrado a implementar solamente algunas demandas de la sociedad civil. Entre los cambios más importantes destaca la dimisión del presidente Ali Abdullah Saleh y la transformación pacífica del poder político según el acuerdo del compromiso entre los partidos de la oposición y el parido del antiguo régimen. No obstante, todavía hay demandas importantes de la revolución que no se han conseguido, con lo cual las protestas continúan en las calles. La gente pide, ente otras cosas, la implementación de la justicia y la prosecución del antiguo régimen por los crímenes cometidos durante la revolución. El acuerdo de transición respaldado por el Consejo de Cooperación del Golfo, que fue firmado por el presidente Alí Abdulah Saleh el día 23 de noviembre de 2011, estipulaba su dimisión y el traspaso pacífico del poder a cambio de la inmunidad para el y para sus colaboradores. De acuerdo con esta estipulación, el 21 de enero de 2012 el parlamento yemení votó a favor de una ley que garantizaba la inmunidad total para Alí Abdulah Saleh y la inmunidad parcial para los casos de sus colaboradores políticos. Fue una ley muy criticada tanto por las organizaciones de los derechos humanos como por las Naciones Unidas, ya que se contradice con la ley internacional que estipula que la amnistía no puede concederse en los casos de crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra o la violación grave de los derechos humanos. Todo esto se ha dado en Yemen. Miles de personas han sido asesinadas, disparadas o torturadas a manos de las fuerzas armadas del antiguo régimen durante la revolución. La tragedia humana y el dolor, así como la insatisfacción por los cambios implementados hasta ahora y la marginalización de algunos grupos políticos (el movimiento del Sur, los Hutís y los jóvenes) del actual diálogo nacional, hace pensar en las etapas siguientes de la revolución, y en una posible radicalización de algunos sectores políticos.

Lo que me interesa destacar en esta presentación son las fases de la revolución que ya se han completado. La revolución como una manifestación espectacular de los cambios sociales. La revolución que supone un cambio radical, una ruptura con el pasado, una transformación en las estructuras y en el modo del funcionamiento de una sociedad, así como los cambios en la vida cotidiana, en la mentalidad y en el posicionamientos de los miembros de esta sociedad. La revolución que refleja también el protagonismo y la movilización masiva de diversos sectores de la sociedad, así como su capacidad de transformarse a sí misma de una manera radical y en un tiempo excepcionalmente corto.

En este contexto, me interesa estudiar hasta qué punto los cambios político-sociales que tuvieron lugar durante la revolución, han afectado también a las transformaciones de los roles y las relaciones de género tradicionales. ¿Qué papel han jugado las mujeres en la revolución yemení y qué significado ha tenido para ellas esta revolución, y para el movimiento de mujeres en Yemen en general?

Voy a argumentar que las mujeres han jugado un papel determinante en la revolución yemení. Y que la revolución ha tenido un impacto importante en su empodermiento, tanto a nivel individual como el colectivo. Durante la revolución se han observado algunos cambios sociales a nivel de la mentalidad de la gente, manifestándose en sus respuestas a las preguntas emergentes que se lanzaba en los debates públicos. Por ejemplo: si la sociedad yemení está preparada y dispuesta a elegir y ser gobernada por una mujer – presidenta. También se han observado cambios en algunas actitudes de la sociedad durante la revolución. Por ejemplo, se han trasgredido algunas tradiciones vinculadas a las normas de género tradicionales, y éstas han sido aceptadas sin ningún reproche. Antes de la revolución, por ejemplo, era impensable ver a una mujer soltera y joven de una conocida "buena familia” en el exterior participando en alguna actividad compartida con los hombres después de la oración del magrib (después de la puesta del sol). Más aún, era completamente inimaginable que las mujeres en Yemen pudiesen acampar en las calles y las plazas públicas para manifestarse y expresar su compromiso político con la revolución. Eso era inimaginable, porque se trataba de pasar la noche en una tienda de campaña situada a una distancia minima de la zona donde se alojaban los hombres, que muchas veces no eran ni siquiera sus familiares.

Desde el principio de la revolución, las mujeres en Yemen no sólo han acampado y han participado de manera activa en todo el proceso de las protestas y las marchas callejeras, sino que también se han convertido en las verdaderas protagonistas y en la cara visible de la revolución yemení. Basándome en los datos de mi investigación, y concretamente en los testimonios de algunas activistas y jóvenes, puedo afirmar que las mujeres han jugado un rol fundamental en la convocación de la revolución yemení. Más aún, la participación de las mujeres se ha visto como un símbolo de la fuerza y del cambio radical que se reivindicaba en la revolución. Desde el principio de las protestas, la revolución ha tenido una cara visible y fue la cara de una mujer - Tawakkul Karman, conocida en Yemen como la madre de la revolución.

El 7 de octubre de 2011, esta periodista y activista por los derechos humanos, fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz, «por su batalla no violenta a favor de la seguridad de las mujeres y de su pleno derecho en la plena participación de la obra de construcción de la paz». Con este nombramiento se destacó no sólo a la primera mujer árabe y la única persona de nacionalidad yemení con un premio Nobel, sino que también se dio simbólicamente el reconocimiento internacional al liderazgo de las mujeres en las primaveras árabes. Tawakul es el ejemplo de la generación joven de mujeres y activistas en Yemen, que rompen con los modelos de género tradicionales y que lideran la plena integración de las mujeres en la vida pública y política del país. Es importante destacar que el liderazgo político de Tawakul Karman y su lucha por los derechos humanos resulta desafiante también hacia la ideología islamista y conservadora de su partido político, el Islah, que siempre se ha mostrado ambivalente en cuanto a la participación femenina en la política, siendo bastante restrictivo respecto a la nominación de las mujeres como candidatas en las elecciones.

Por estas cuestiones político-culturales, las mujeres van a proseguir una doble lucha a lo largo de todo el proceso de la revolución. El cambio que pidan será interpretado como una revolución cultural de género dentro de la revolución nacional yemení. Por un lado, las mujeres han luchado por los objetivos comunes a todos los grupos presentes en la revolución, es decir, por el cambio del régimen. Y por otro lado, se han visto obligadas a salir a las calles para denunciar su discriminación y lanzar algunas demandas vinculadas a su propia agenda de mujeres, una agenda política construida durante la revolución en sus propios espacios de encuentro. Las mujeres, por lo tanto, han participado en las marchas anti-régimen junto con los hombres o en los movimientos paralelos en las calles de las grandes ciudades de Yemen. Pero también han convocado sus propias marchas de protesta, denunciando su discriminación y desigualdad.

Uno de los acontecimientos más conocidos tuvo lugar el 15 de abril de 2011, cuando el Presidente Ali Abudulah Saleh pronunció un discurso en el que sugería que la mezcla de los sexos en la Plaza del Cambio estaba prohibida por el Islam. La breve propaganda mediática, que acompañó a este discurso, sugería que las activistas femeninas que participaban en la revolución, eran las mujeres malas, perdidas, las escandalosas y de una reputación cuestionable. Los hombres que permitían su participación en el movimiento revolucionario, actuaban en contra de las normas del Islam. El polémico discurso, contextualizado políticamente y culturalmente, ha sido interpretado como una estrategia del presidente para dividir a sus oponentes, apelando a su sensibilidad religiosa y de género. El Islam y las mujeres, como en tantas otras ocasiones, han sido utilizadas de nuevo como un arma político del poder. El intento de deslegitimar y desacreditar a las mujeres revolucionarias, demuestra también el temor del régimen por el alcance de su participación, su liderazgo y su importancia en la revolución. Su influencia y su visibilidad se ha convertido en un peligro real para el régimen y el antiguo sistema patriarcal. La respuesta de las mujeres al discurso del presidente ha sido inmediata, multitudinaria y de una importancia sin precedentes (incluso el asunto ocupó las portadas de todos los periódicos nacionales). Las mujeres salieron a las calles no sólo para denunciar el uso político del Islam y su deshonra por el presidente, sino también para reivindicar sus derechos de plena ciudadanía. La protesta de las mujeres ha sido tan abrumadora, que el mismo presidente tuvo que desdecirse, y asegurar públicamente que las mujeres en Yemen tienen pleno derecho a participar en la vida política en igual condiciones que los hombres.

Desde el principio de las revueltas, las mujeres han tomado el liderazgo y han participado activamente en todo el proceso de la revolución, en las movilizaciones, negociaciones, formulación de demandas, captación de fondos y otras modalidades de soporte para las protestas y las sentadas. Aunque es cierto que su presencia en las calles nunca ha alcanzado el numero masivo de los hombres, hay que tener en cuenta y sumar a todo ello sus manifestaciones de lucha y protesta desde sus lugares de enunciación propios. Desde sus espacios femeninos y de menos exposición pública, desde sus casas y lugares de trabajo, desde sus ordenadores y blogs, y desde los espacios de encuentro femeninos, las mujeres han apoyado la revolución de manera constante y significativa en su rol de lideresas, trabajadoras profesionales y como activistas políticas. Además, su participación desde su rol reproductivo, como madres, esposas, hermanas o amas de casa, ha sido fundamental. Las mujeres diariamente han suministrado el combustible de la revolución, es decir la comida y la bebida para las personas que vivían en las “ciudades de las tiendas de campaña” o los que marchaban en las calles. Además, con la cada vez más inadecuada provisión del Estado en materia de servicios básicos como agua, electricidad o combustible, las mujeres han sido no solamente las que más han sufrido, sino quienes han asumido la responsabilidad de distribución de los escasos recursos para asegurar la supervivencia de los hogares. Han sido las mujeres quienes, como extensión de su rol doméstico, han asumido la responsabilidad para la formación y la organización de los grupos de protesta a nivel local en contra de esta situación de pobreza y privación de los recursos básicos, y han luchado para organizar a sus vecindarios. También fueron las mujeres las que se han manifestado a favor de una revolución pacifica, y han pedido en tantas ocasiones que no se utilizase las armas. Las mujeres siguen denunciado la violencia y la injusticia de la ley de inmunidad para el régimen, porque también son ellas las que más sufren a causa del asesinato y la incapacitación por el régimen de sus esposos, padres y hermanos, los que en la mayoría de los casos eran los únicos sostenedores económicos de la familia.

Las mujeres también han sido víctimas mortales de la violencia y los conflictos armados durante la revolución. A pesar de que apuntar con armas hacia las mujeres en Yemen está en contra de los códigos tribales y las costumbres locales. El 16 de octubre de 2011, unos días después de que se conoció la noticia sobre Tawakul Karman como ganadora del Premio Nobel de la Paz, la primera mujer fue asesinada a propósito con un disparo en la cabeza a manos de un francotirador durante una marcha de protesta en Taíz. La victima, Aziza Othman Kaleb se ha convertido en la primera mujer –mártir de la revolución. A partir de entonces, hay más mujeres que mueren ya no como victimas casuales de la población civil, sino que son asesinadas con premeditación y de un modo selectivo, por ser consideradas un verdadero peligro para el régimen y el sistema de dominación masculina. No es algo nuevo, ya que el patriarcado siempre ha utilizado la violencia como arma contra las mujeres. La importancia de las mujeres- victimas morales de la revolución ha sido de tal consideración dentro de la cultura yemení, que el 18 de Noviembre 2011, los grupos opositores al régimen convocaron y nombraron este viernes, el día del rezo musulmán, como el Viernes de las Mujeres Mártires de la Revolución ("Friday of Female Martyrs of the Revolution”) para honrar a las mujeres revolucionarias.

Concluyendo, la participación de las mujeres en la revolución yemení, dentro del contexto de las Primaveras Árabes, forma parte de la trayectoria histórica de los movimientos de mujeres contemporáneos en Yemen. Con una agenda de acción propia, sus expectativas emancipatorias se han incrustado siempre en las dinámicas sociales e históricas específicas. Dentro de estos procesos las mujeres han sido capaces de formular sus propias estrategias de resistencia y cambio, incluyendo las reivindicaciones de sus derechos específicos y renegociando los nuevos roles sociales y libertades particulares. Las narrativas históricas de sus itinerarios emancipatorios reflejan los discursos y los códigos de género que han condicionado sus vidas y sus opciones, así como han determinado sus respuestas colectivas para negociar los cambios y alcanzar mayores cuotas de derechos y de autonomía. Las mujeres en Yemen siempre han luchado por sus derechos y por el reconocimiento de su estatuto desde sus lugares de enunciación, desde sus vivencias de género y aprendizajes cotidianos, y desde sus espacios de poder, formulando las estrategias que plantean formas de relacionar lo «tradicional» y lo «moderno», desafiando la consideración antitética de ambos términos.

La experiencia de las mujeres como lideresas en la revolución ha sido totalmente transformadora para el colectivo femenino. El Premio Nobel de la Paz de Tawakul Karman, sin duda, ha permitido reafirmarlas en este rol, reconociendo su importancia en los procesos de cambio y en la formación de un Estado democrático. Alguien que ha pasado por una experiencia de empoderamiento de este tipo no quiere volver atrás. Las mujeres piden el cambio, y eso es algo que ha reforzado al movimiento de mujeres en Yemen.

Hasta ahora el movimiento de mujeres se ha visto bastante fragmentado, lleno de conflictos, pero también se ha observado su capacidad de unión, a pesar de las diferencias, para incidir en un cambio político y estructural en términos de las transformaciones de género. La participación de las mujeres en la revolución yemení ha sido el ejemplo de que hay grupos femeninos y feministas dispuestas a unirse en torno a los mismos objetivos, manteniendo la diversidad del movimiento, que está formado por mujeres activistas, independientes y de partidos políticos, de edades y procedencias sociales diferentes, con niveles económicos y de educación distintos, de ocupaciones variadas, etc. La representación renovada de las mujeres abre asimismo un nuevo capítulo en la historia de los movimientos de mujeres en Yemen.

Aunque el movimiento de las mujeres ha salido fortalecido de la revolución, y que ha obligado a las mujeres a establecer un diálogo interno para reevaluar y repensar sus recursos y sus estrategias de resistencia y de lucha, y diseñar su propia agenda política para el periodo de la transición y en la era post-Saleh. A pesar de todo esto, los cambios reales no son fáciles de implementar.

El acuerdo de transición del poder, firmado por el presidente Alí Abdulah Saleh el día 23 de noviembre de 2011, ha recogido la obligación de asegurar una representación femenina en el nuevo gobierno y en todas las instituciones mencionadas en el documento. En las versiones anteriores del borrador se sugería un mínimo del 20% de cuota para las mujeres en el nuevo gobierno. No obstante, en la versión oficial esta garantía se redujo a unas palabras ambivalentes que sugieren sólo una “representación apropiada” de las mujeres en el gobierno. Las analistas sospechan que fue el Islah el que empujó para que la especificación del 20% de la representación femenina desapareciera del documento final. La expresión de la “representación apropiada” permite muchas divagaciones. Pues ¿quién va a decidir lo qué es lo apropiado para las mujeres: ¿los hombres del Islah o las activistas feministas de Yemen? Sus visiones sobre la participación política de las mujeres representan dos extremos ideológicos.

Como en tantas otras ocasiones a lo largo de la experiencia histórica, las mujeres han sido bienvenidas en la revolución de una manera excepcional, y su liderazgo ha sido recibido sin ninguna objeción mayor por parte de sus compañeros masculinos. Se necesitaban a las mujeres para la causa de la revolución. No obstante, una vez lograda la victoria, cuando pasamos a las etapas post-revolucionarias, donde la política implica el reparto del poder, todo cambia. Los puestos de poder son limitados y eso implica una lucha por el reparto del poder y el control sobre los recursos.

A pesar de que las mujeres de ambos lados, de la revolución y las que han apoyado al antiguo régimen, han participado activamente en los debates sobre el pasado, el presente y el futuro de Yemen, y han tomado parte activa en las acciones políticas. Han sido tratadas como expertas y lideresas durante la revolución. Han sido bienvenidas para expresar sus opiniones y sus programas del cambio político-social públicamente, en frente de las cámaras o en frente de la muchedumbre masculina. Cuando tocó el reparto del poder, su representación no ha aumentado de manera significativa. Al formar el gobierno de unidad nacional mediante el decreto nº 184, de 7 de diciembre de 2011, tan sólo tres mujeres han sido incluidas en el nuevo gabinete, de un total de 35 miembros; a saber: Houria Ahmed Mashhour - Ministra de Derechos Humanos, Amat al-Razzaq Hummad - Ministra de Asuntos Sociales y Trabajo, y Jawhara Hamoud Thabet - Ministra de Estado para Asuntos del Gabinete.

Las mujeres han sido decepcionadas, porque está claro que la situación de exclusión y de discriminación de las mujeres no va a cambiar sin la representación adecuada de las mujeres, comprometidas con el tema de género, en las estructuras de poder. No obstante, el movimiento de mujeres no ha sido pasivo. Las mujeres se están movilizando para presionar y demandar una representación del 30% en el poder y en todas las comisiones de trabajo durante los dos años del periodo de la transición política, estipulado en el acuerdo del 23 de noviembre. El 28 de enero de 2012, casi 100 mujeres, representantes de diversos sectores políticos y de la sociedad civil, se han convocado en Sana´a para preparar una estrategia política y definir las prioridades de consenso de los grupos femeninos, para poder avanzar en su lucha feminista por la implementación de los derechos de las mujeres en Yemen. El 8 de marzo 2012 se ha convocado la , con el fin de poder avanzar en este campo. El movimiento de mujeres en Yemen después de la revolución se ve como un movimiento más consolidado y consciente de su protagonismo, lo cual es necesario para liderar el cambio social, y se tiene presente su reto para influir e incidir en el desarrollo humano sostenible, en la equidad de género y en la democracia participativa y paritaria en Yemen.

* El Índice del Desarrollo Humano del PNUD mide tres dimensiones del desarrollo: salud educación y estándar de vida; a través de la combinación de cuatro indicadores: esperanza de vida, años de escolarización previstos y promedios, así como ingresos nacionales brutos per cápita.

** El Índice de Desigualdad de Género del PNUD mide la pérdida de logros en tres dimensiones del desarrollo humano: salud reproductiva, empoderamiento y mercado laboral, debido a la desigualdad entre hombres y mujeres.

Publicat aquí

SHAHENDA MAKLAD: LA INCOMBUSTIBLE REVOLUCIONÀRIA EGÍPCIA

Shahenda Maklad
La figura de Shahenda  Maklad va ser notícia el 5 de desembre quan un  islamista, partidari del president egipci Morsi, tapa la boca a la que va ser líder del moviment  camperol -nascut als anys seixanta per combatre el feudalisme en el qual estava immers el seu país- en un acte de protesta celebrat al voltant del palau presidencial contra l'esborrany de la Constitució i el decret que amplia els poders del president egipci, avui retirat per la pressió ciutadana.

El 2 de febrer, el diari Alakhbar, li dedicava un article en el qual rememorava la seva vida de lluita revolucionaria titulat El llarg viatge de tota una vida fins a Tahrir.
L'administradora del bloc



Shahenda Maklad: The Lifelong Trip to Tahrir


In 1965, international revolutionary figure Ernesto “Che” Guevara, accompanied by late Egyptian President Gamal Abdel Nasser, made a stop in Kamshish, a small village in the Governorate of Menoufiya, north of Cairo. There, with a wide grin and twinkling eyes, he saluted the young woman, who dared to rebel against feudalism, and her peasant friends.

She shook his hand and the presidential convoy was soon on its way. Yet, this encounter left an image that cannot be erased from the mind of fierce militant Shahenda Maklad.
Maklad keeps a large picture of Guevara next to one of her husband, Communist activist Salah Hussain who died in 1966, just one year before Guevara. 

“They are both the same for me, they both fought against exploitation and slavery,” she says as tears welled up in her eyes. 

She cries for the husband whom she fought next to in the armed resistance against feudal lords. She tries to escape this painful feeling, but pictures of her old companion fill every corner of her house. She sips some water, but soon more tears stream down her face. This time, they are tears of joy. The January 25 Egyptian revolution has filled her heart with joy.

Maklad’s heart still beats to the rhythm of militancy and freedom. She is now 74 years old, but despite her old age and feeble body, her memory is as sharp as ever. 

Maklad descended from a bourgeois family. As a child, she had an early taste of adventure with her father, Abdul-Hamid Shawki Maklad, a senior police officer and intellectual. 

“He was a great oud player. If his father, the mayor, had not forced him to join police academy, he would have played the oud in Umm Kulthum’s band,” she says.

Maklad was the eldest daughter in her family and had four younger brothers. She was very close to her father, even more so than to her “kind, yet unadventurous,” mother. 

At an early age she had to confront the contradictions of class in Egyptian society. Despite his class background, her father would frequently have discussions about socialism with her, giving her an early grasp of the root of those contradictions. 

It wasn’t until years later that Maklad understood why her father used to “refuse to order breaking up popular demonstrations after our defeat in the Palestine war in 1948.”

Maklad’s father – who sent a telegram to Nasser saying “if you do not release the peasants of Kamshish, who were detained for revolting against feudalism, then detain me with them” – always urged his daughter to defend her opinion until her dying breath. 

He supported her and empowered her to separate from her officer husband, whom she didn’t love. He did this so she would be able to marry Salah Hussain, who had just returned at that time to Kamshish. 

Prior to his return to the village, Hussain was arrested for organizing the peasants’ movement, in addition to students. He had been training them to take up arms to face the Feki family. 

The Feki family owned the village and the peasants who lived in it. The family ruled with terror and oppression, treating peasants in a disdainful and demeaning manner. The family prevented peasants from continuing their education or even from looking any one of the family members in the eye. 

Hence, it is not surprising that the armed peasant struggle Hussain led in 1953 was the fiercest battle against feudalism. He was arrested and imprisoned for a year, as the Nasser regime was a reformist and not a radical one when it came to reclaiming lands from the Feki family. 

“The land was not redistributed to peasants until five years after the armed struggle, in which dozens were killed...nevertheless, that was not the end of the battle with feudalism in the village,” declares Maklad. 

On 30 April 1966, Maklad collapsed in her home in Alexandria, when she received the news that her husband had been assassinated by the Feki family in Kamshish. 

The then mother of three (one of which was a new-born) pulled herself together and went down to Kamshish. She carried the casket of her husband, the martyr of the revolutionary peasants’ movement. 

There, the funeral turned into a popular demonstration. Maklad shouted at the top of her lungs, “Salah is a martyr, and a martyr never dies.”

The color black soon dominated her wardrobe, as she was in a constant state of mourning. The stream of bad news seemed endless, the last of which was the death of her son Wassim in Russia, soon followed by that of her brother and cousin.

“After the death of Wassim, I thought I was finished and that it was the end of me. But the January revolution brought me back to life once more,” she says. 

In her early youth, Maklad joined the armed movement with her Marxist partner. After his death, she decided to follow in his footsteps and continue in the path of struggle and militancy. She soon became a national and international icon.

“Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, and Nasser visited me to give me their condolences. We greeted them with chants calling for ‘freedom and the fall of feudalism,’” says Maklad.

Maklad was imprisoned twice in her life. The first time was in 1971 when she was sent to Alexandria at the height of the armed conflict with feudalism, which was in its last throes. 

Maklad was imprisoned again in 2 January 1981 on charges of belonging to the Egyptian Communist Party. Then, poet Ahmad Fouad Negm, who he himself was jailed multiple times for his controversial poetry, dedicated a poem to Maklad titled “The Nile.” 

Feudalism resurfaced again in the era of former Egyptian President Hosni Mubarak. Maklad never stopped struggling against it. 

On 23 December 2011, she led a women’s march that comprised of over one million Egyptian women to Tahrir Square, in order to restore the honor of young Egyptian women who were subjected to humiliating virginity tests by the soldiers of the Egyptian army. 

When asked about her position on the Islamists’ victory in the recent parliamentary elections, she said she doesn’t accord any weight to it. 

“Their victory was merely a matter of seizing the right moment in history. They exploited people’s poverty and their distorted awareness. The people will eventually awaken from this state of confusion. It is good for the people to try Islamist rule now, because they are drained,” she says. 

“The people are leftists. Egypt is leftist. Egypt will return to them and they will return to her, once they recover. Tahrir Square will forever be our weapon and the people’s general assembly,” she concludes.

This article is an edited translation from the Arabic Edition.

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