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Amy Goodman

Periodista, investigadora, escritora... Ha demostrado que SÍ es posible la independencia de los medios de comunicación y ha dado voz a lxs excluídxs en los mass media. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Vandana Shiva

Doctora en física, filósofa, activista por la justícia global y la soberanía alimentaria... Ha demostrado que SÍ es posible la producción sostenible y plural de alimentos. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Tawakkul Karman

Periodista, política, activista por los Derechos Humanos... Ha demostrado que SÍ se puede luchar desde el pacifismo por la Revolución política, social y de género en Yemen. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Joumana Haddad

Poeta, traductora... Ha demostrado que SÍ se puede trabajar por la secularización de la sociedad, la libertad sexual y los derechos de las mujeres en Líbano. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Leymah Gbowee

Trabajadora social, responsable del movimiento que pacificó su país en 2003... Ha demostrado que SÍ es posible la Paz en Liberia y que las mujeres son sus constructoras. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Ada Colau

Filósofa de formación y miembra visible de la PAH... Ha demostrado que SÍ es posible hacer frente a la ilegitimidad de las leyes movilizando a la sociedad pacíficamente. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Marama Davidson

Activista por los derechos del pueblo maorí... Ha demostrado que SÍ es posible identificarse con la idea universal de la descolonización del Planeta. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Teresa Forcades

Doctora en salud pública, teóloga... Ha demostrado que SÍ es posible un discurso humanista, feminista y combativo por la justícia social dentro de la Iglesia Católica. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Sheelah McLean, Nina Wilson, Sylvia McAdam y Jessica Gordon

Fundadoras del movimiento Idle No More... Han demostrado que SÍ es posible mobilizar a la sociedad en defensa de los derechos de los pueblos autóctonos en Canadá. SIN ELLAS NO SE MUEVE EL MUNDO.

4 de junio de 2016

La paridad hombre-mujer en el reino de Dahomey

Le royaume de Dahomey (17ème-19ème siècle, actuelle République du Bénin) bien connu pour son armée de femmes guerrières, l’est beaucoup moins pour le rôle prépondérant occupé par les femmes dans le reste de sa société. Et pourtant, ce qui est encore un combat pour nos sociétés modernes y avait déjà cours il y a quatre siècles.

Artículo publicado en Investig' Action 

On connaît les Amazones du royaume fon de Dahomey, cette armée professionnelle de femmes réputée comme plus féroce que sa contrepartie masculine.
On sait moins que cette parité s’étendait au reste de l’appareil gouvernemental. Si le roi devait toujours être un homme et qu’il le fut à une courte exception près, son pouvoir était contrebalancé à travers celui d’une reine-mère, la Kpojito (littéralement, celle qui enfante la panthère, totem du roi de Dahomey). Bien qu’elle soit symboliquement la ‘mère du roi’, elle ne l’est pas biologiquement et était donc choisie, parmi les nombreuses épouses du roi précédent, par le roi pour ses qualités. Riche propriétaire terrienne disposant d’une cour séparée dans la cité royale et de nombreuses personnes à son service, elle représente la voix du peuple dont elle est issue et peut plaider pour eux auprès du roi. A leur mort, les possessions des Kpojito et leur nom de règne étaient héritées par une membre de leur famille. Chaque nouveau roi choisissait toutefois une nouvelle Kpojito. Les Kpojito ont joué un rôle considérable dans l’histoire de Dahomey, l’une d’entre elles comme Hwanjile, Kpojito du roi Tegbesu (1740-1774) jouant le rôle de chef et de réformatrice de la religion nationale. Hwanjile aurait été choisie parce qu’elle aurait été puissante, experte en magie ainsi qu’une excellente psychologue. De nombreuses Kpojito auraient, par le biais de conflits armés, tenté d’imposer leurs candidats au trône.
Le gouvernement de Dahomey se composait de ministres, comme le Migan, ministre de la justice où le Gawu et le Kposu, ministres de la guerre. Tous les ministres du gouvernement avaient une contrepartie féminine qui s’occupait spécifiquement des affaires reliées aux femmes. Les femmes ministres de la guerre pouvaient ainsi participer aux opérations militaires sur le terrain aux côtés des Amazones. Dans un domaine comme celui des traducteurs du roi, l’interprétariat était fait par un homme devant le roi et une femme interprète vérifiait si celle-ci était exacte.
Un voyageur britannique du 19ème siècle, Freeman rapporte que dans les conseils où étaient entendus les appels judiciaires d’autres régions étaient rassemblés autour du roi les deux ministres en chef du pays et les deux leaders des amazones. Dans tous ces cas toutefois, les dernières sont considérées comme ayant la plus grande influence : cela étant un trait caractéristique de la politique dahoméenne où le sexe féminin a l’ascendant ». Freeman, chez qui, en Angleterre, était impossible que des femmes soient membres du parlement, critiquait le fait que cela soit possible à Dahomey.
Cette parité homme-femme dans le gouvernement et l’armée de Dahomey, mais aussi dans le reste de la société avait conduit l’explorateur britannique William Winwood Reade à s’exprimer ainsi au sujet du rôle de la femme à Dahomey : « elle est aussi employée dans des missions diplomatiques et dans des entreprises commerciales. Elle est bergère, agriculteur, guerrière, commerçante, ambassadrice et quelquefois reine. Dans ce pays (…) on trouve d’admirables exemples de l’axiome de Platon, qui disait : « En ce qui concerne sa nature, la femme est capables de toutes les entreprises permises à l’homme. » 




1 de mayo de 2016

La industria oculta de los óvulos

Artículo de Beatriz Gimeno publicado en Píkara Magazine

El control de la reproducción ha sido siempre un espacio de lucha política. Bajo el eufemismo de “donación”, se sostiene un mercado en el que los cuerpos de las mujeres precarias son sometidos a tratamientos e intervenciones agresivas. Entonces, ¿cómo es que el feminismo español no incluye este tema en su agenda?


El otro día una periodista francesa me llamó para hacerme una entrevista sobre la donación de óvulos. No dejó de mostrarse asombrada por que España sea uno de los países en los que, habiendo un mayor tráfico de compraventa de óvulos (al mismo tiempo que un país con un fuerte movimiento feminista) sea uno de aquellos en los que menos se habla de esta cuestión. Es cierto.
El auge y la utilización de las tecnologías de reproducción asistida y la compraventa (donación) de óvulos sí son temas feministas. Sólo las mujeres se embarazan y paren mediante estas tecnologías y sólo las mujeres tienen óvulos. Ya sabemos que la tecnología, toda la tecnología, tiene un enorme interés para las ciencias sociales en sí misma en tanto que es, además de una técnica específica, una práctica social y discursiva de representación. Por supuesto que las tecnologías, la técnica, el conocimiento, la misma ciencia, todo ello está mediado por relaciones de poder, y si hacemos referencia a cuestiones reproductivas, estarán mediadas por relaciones de género, obviamente; que es lo mismo también que decir “poder masculino”. Ni por un momento debemos olvidar que el control de la reproducción ha sido siempre un espacio de lucha política, y lo sigue siendo.
La reproducción asistida que ocurre en la sanidad pública cubre una ínfima parte de la demanda existente, y en todo caso, habría mucho que escribir acerca de cómo se genera esa demanda, de cómo se crean nuevas categorías de mujeres estériles y enfermas (antes infértiles) necesarias para mantener de manera creciente la demanda, de cómo se relaciona esta demanda con categorías de consumo, con modas culturales, etc. Y no olvidemos que estamos hablando de una enorme industria mundial, una industria cuyo interés es el lucro y cuya materia prima son los biomateriales humanos (esperma, óvulos, embriones).
Las técnicas de reproducción asistida tienen un enorme impacto social que puede afectar a las relaciones de género, de parentesco, a las concepciones tradicionales de lo que es la maternidad y paternidad, pero que afecta también a la salud de las mujeres. Recordemos que la industria que utiliza como materia prima los óvulos no se dedica sólo a la reproducción asistida, sino que además de esta, está la investigación en clonación terapéutica y células troncales. En esta industria de biomateriales, la razón tecnocientífica capitalista ha generado una lógica utilitarista que requiere de óvulos de manera masiva. El problema es que los óvulos son un recurso limitado y de difícil acceso y para conseguirlos la industria ha puesto en marcha toda una batería de discursos médicos, jurídicos o científicos, además de una maquinaria publicitaria, en la que el papel de aquellos y la explotación de los cuerpos de las mujeres se invisibiliza y banaliza socialmente.
Hay muchas maneras de hacerlo. Por ejemplo, en todo este proceso, se suele hablar, en general, de “embriones”, como si estos surgieran de la nada, invisibilizando que son necesarios miles de óvulos para conseguir esos embriones. No se dice dónde ni cómo se van a conseguir esos óvulos, ni el precio que hay que pagar por ellos.
Otra manera de invisibilizar la cuestión es llamar “donación” a lo que en realidad es una compra. Como en el caso de los vientres de alquiler, la excusa que se da al hecho de que haya dinero de por medio y que aun así se llame “donación”, es la de que es necesaria una “compensación”. Lo que oculta dicha compensación es que, sin ella, no habría donaciones suficientes para cubrir la demanda. No hace falta “compensar” la donación de sangre, ni la de esperma y tampoco pagamos por la donación de órganos.
Aunque tampoco hay aquí espacio para profundizar en el papel de los mercados, lo cierto es que siempre que se abre un mercado en una situación de desigualdad estructural, las personas más pobres se ven obligadas a vender lo que sea demandado al precio que los más ricos fijan y quedan, a su vez, excluidos de los supuestos beneficios de ese mercado. Los pobres que venden un riñón no pueden acceder a comprarse uno en el caso de necesitarlo, etc. La inmensa mayoría de las mujeres que donan sus óvulos lo hacen por motivos económicos. En la actualidad, por ejemplo, es muy corriente encontrar publicidad para estas donaciones en las universidades. Sabemos que esta ha sido la manera en la que muchas estudiantes han podido pagarse las actuales matrículas universitarias. Y también sabemos que hay una auténtica industria de óvulos procedentes de los países más pobres de Europa: Rumanía y Polonia principalmente.
Pero en el caso de los óvulos y bajo el eufemismo de “donación”, subyace crudamente la desigualdad de género. Una muestra de esta desigualdad es el tratamiento que se da a esta “donación” en la publicidad y en la información social y técnica, como equivalente a la donación de esperma. Se ha construido así un imaginario en el que supone lo mismo donar óvulos que esperma, lo cual es una desinformación interesada que vulnera los derechos de las mujeres, sin que hasta ahora la ley, ni el feminismo, hayan mostrado mucho interés en esto.
Para empezar, el esperma no necesita de ningún tratamiento para ser donado. Los óvulos sí, y muy agresivo. La donante tendrá que someterse a multitud de pruebas invasivas y dolorosas, la mayoría sin anestesia. Las mujeres, además, producimos un solo óvulo al mes, una producción claramente insuficiente para la industria. Para sortear esta bajísima productividad natural, se somete a las mujeres a una hiperstimulación ovárica, de manera que en lugar de un óvulo produzcamos de diez a veinte. Esto supone un tratamiento hormonal muy agresivo que mediante inyecciones diarias y constantes visitas al médico para pruebas de todo tipo, que convierte el cuerpo de la “donante” en una bomba de hormonas, con consecuencias psicológicas y físicas muy profundas.

27 de marzo de 2016

Origen y evolución del movimiento asociativo de las mujeres palestinas


Mar Gijón Mendigutía, es licenciada en Filología Árabe. Ha vivido en Damasco desde 2005 hasta 2010 y sus líneas de investigación se centran en los mitos fundacionales de Israel, la Nakba y el origen de la “cuestión palestina”, así como en la población refugiada palestina. Forma parte del equipo de la asociación palestina Biladi.

Fragmento del texto publicado en Unintifada 244

31 de enero de 2016

We should all be feminists: Chimamanda Ngozi Adichie


Chimamanda Ngozi Adichie es una novelista nigeriana descendiente de la étnia igbo, natural del sudeste de Nigeria, una zona denominada Igboland, de cultura y lengua igbo,  y que incluye la zona situada en las dos riberas del bajo río Níger, en el delta, además de otras tierras al este del mismo. 

Chimamanda pasó su infancia en la ciudad de Nsukka, sede de la Universitat de Nigèria, donde trabajaban sus padres. A los 19 años se traslada a Estados Unidos donde estudia Comunicación y Ciencias Políticas. En 2003, publica su primera novela. 


Okoloma era uno de mis mejores amigos de infancia. Vivía en mi calle y me cuidaba como si fuera mi hermano mayor: si a mí me gustaba un chico, yo le pedía opinión a Okoloma. Okoloma era gracioso e inteligente y llevaba botas de vaquero con las punteras picudas. En diciembre de 2005, Okoloma murió en un accidente de aviación en el sur de Nigeria. Todavía me cuesta expresar cómo me sentí. Okoloma era una persona con la que yo podía discutir, reírme y hablar de verdad. También fue la primera persona que me llamó «feminista».
Yo tenía unos catorce años. Estábamos en su casa, discutiendo, los dos atiborrados del conocimiento a medio digerir de los libros que habíamos leído. No me acuerdo de qué estábamos debatiendo en concreto. Pero me acuerdo de que, en medio de toda mi diatriba, Okoloma me miró y me dijo:
—¿Sabes que eres una feminista?
No era un cumplido. Me di cuenta por el tono en que lo dijo, el mismo tono con que alguien te podía decir: «Tú apoyas el terrorismo».
Yo no sabía qué quería decir exactamente aquello de «feminista». Pero no quería que Okoloma se diera cuenta de que no lo sabía. Así que lo pasé por alto y seguí discutiendo. Lo primero que pensaba hacer nada más llegar a casa era buscar la palabra en el diccionario.
Ahora demos un salto de varios años.
En 2003 escribí una novela titulada La flor púrpura, sobre un hombre que, entre otras cosas, pega a su mujer, y cuya historia no termina demasiado bien. Mientras estaba promocionando la novela en Nigeria, un periodista, un hombre amable y bienintencionado, me dijo que quería darme un consejo. (Los nigerianos, como quizá sepan, siempre están dispuestos a dar consejos no solicitados.)
Me comentó entonces que la gente decía que mi novela era feminista, y que el consejo que me daba —y me lo dijo negando tristemente con la cabeza— era que no me presentara nunca como feminista, porque las feministas son mujeres infelices porque no pueden encontrar marido.
Así que decidí presentarme como «feminista feliz».
Por aquella época una académica, una mujer nigeriana, me dijo que el feminismo no era nuestra cultura, que el feminismo era antiafricano, y que yo solo me consideraba feminista porque estaba influida por los libros occidentales. (Lo cual me pareció divertido porque gran parte de mis lecturas de juventud eran decididamente antifeministas: antes de los dieciséis años debí de leer todas las novelas románticas de Mills & Boon que se habían publicado...

Fragmento del libro "We should all be feminists", que incluyes las manifestaciones expresadas en este vídeo.



15 de diciembre de 2015

“Nada derrota a la muerte como lo hace la palabra escrita… ¿Es por eso que la escritura estaba prohibida para las mujeres y lxs esclavxs?”

Nawal El Saadawi

Artículo publicado en PERIODISMO HUMANO
Se graduó como Doctora en Medicina en 1954. En 1957 fue nombrada Directora General de Sanidad hasta que en el año 1972 fue cesada por la publicación de su primer libro Mujeres y sexualidad, en el que narra el trato humillante que sufren las mujeres en el mundo árabe. Ha trabajado en Naciones Unidas y ha recibido el XV Premio Internacional Cataluña 2003 por su lucha a favor de la libertad de las mujeres en el mundo árabe y por la democratización y justicia social de la sociedad musulmana. Se exilió en el año 1993 a Estados Unidos, donde dio clases en la Universidad de Duke y Seattle. Actualmente vive en Egipto.
Nawal el Saadawi nos la podemos imaginar con siete años paseando por la orilla del río Nilo, al que en su aldea, Al- Kfr, llaman Al-Bahr, que significa el mar. En ese paseo piensa en su entorno familiar: en la vida de sus tías, de sus primas, de su abuela, de su madre, casadas siendo niñas, rezando a Alá para traer hijos y no hijas al mundo, tal y como la tradición manda. Las niñas no pueden cambiar el destino, sólo sirven para trabajar y deben aspirar al matrimonio sin rebelarse contra Dios, aceptar todo lo que venga de la conveniencia familiar e imponerse a sí mismas el silencio en presencia de un hombre.
Se enfurece porque un chico vale lo que quince chicas. El padre es el único que da nombre a los hijos y la mujer cuando muere lo único que se lleva a la tumba es la soledad, la misma con la que ha vivido. En su imaginación se alimenta la idea de que el matrimonio no es un fin ineludible. Sus pretendientes y los sucesivos posibles novios a los que fue presentada se dieron cuenta de que “amaba más el tacto de la pluma que el del cucharón o el del mango de la escoba, y desaparecían como un soplo de brisa en la noche”. Y al mismo tiempo se preguntaba por qué las mujeres de su casa eran cómplices y víctimas de ese fracaso compartido por todas. A lo largo de toda su existencia, escribir ha sido la vida, las respuestas y la búsqueda de la razón, de lo verdadero y lo falso y una mirada comprometida de lo real, sin salidas engañosas: “Escribir ha sido la antítesis de la muerte y, paradójicamente, la razón por la cual en junio de 1992 me pusieron en una lista de muerte”.
Y no es imaginable otro modo de enfrentarse al silencio, a la marginalidad y a la profunda herida que deja en el cuerpo y en lo más hondo del ser humano la experiencia de que un día otras mujeres conocidas cercanas a la familia busquen a la niña de seis años, Nawal, y con una cuchilla le corten el clítoris. Es una herida que nunca se cura y que permanece abierta siempre. Sólo salvar a otras mujeres de ese atroz sacrificio actúa como bálsamo. Su madre no pudo defenderla de la ablación pero Nawal protegió a su hija y a muchas niñas a través de su denuncia. Se trata de un recuerdo imborrable para todas aquellas que han sido circuncidadas en cualquier parte del planeta. Pero a pesar del horror y de las medidas contra la mutilación genital femenina, en el mundo hay más de tres millones de niñas en 28 países de África y algunas regiones de Asia que siguen sufriendo esta brutal violencia.
Nawal el Sadawi se reconoce a sí misma en la tierra de los faraones pero, después de aquellas reinas majestuosas, las mujeres de Egipto no están en la Historia porque no se les ha permitido escribirla. Una generación tras otra la narración de su existencia ha sido oral y ha pasado de abuelas a madres después a hijas y así sucesivamente. Estudió con brillantes notas y con un gran sacrificio personal y familiar. Los ingresos de su padre eran escasos y siempre estuvo a punto de acabar en los fogones con su madre, pero ella fue su principal aliada. Nunca necesitó su ayuda en la cocina. Nawal se salvó.
Después de graduarse en el año 1954 como doctora en Medicina pasó por distintos hospitales, ocupó cargos de responsabilidad, llegó a ser directora general de Sanidad desde 1958 hasta 1972, cargo del que fue destituida por la publicación del libro Mujeres y sexualidad y nunca dejó de pensar que lo que más deseaba en este mundo era cambiarlo y que la mejor herramienta con la que ella contaba era la pluma y no el escalpelo. Escribir ha sido una autopista para despegar, para eludir posibles matrimonios, para luchar contra la discriminación de las mujeres, para respirar en los días, tantos y durante tanto tiempo, de persecuciones políticas sin respiro, para consolarse en el exilio, lejos de Egipto, en Estados Unidos, para volver a construir lo que destruían y para resistir frente a los fundamentalistas que la condenaban a muerte.
Los principios de igualdad y libertad han permanecido junto a ella a lo largo de toda su vida como médica y como escritora. Por su oposición pública a cualquier forma de discriminación por clase, género, nacionalidad, raza o religión, estuvo en la cárcel de mujeres de Al-Kanatir en 1981, durante la presidencia de Sadat. “Los visitantes del alba”, aquellos hombres silenciosos, bien vestidos, con guantes, gafas oscuras que aparecían poco antes del amanecer, la tuvieron vigilada, prisionera en su propia casa durante más de un año hasta que en 1993 tuvo que exiliarse.
En la lista negra de la que formaba parte junto a otros intelectuales egipcios la acusación contra ella siempre era la misma: “incitar a las mujeres a rebelarse contra las divinas leyes del Islam”, una frase que se repetía aunque hubiera cambios de Gobierno. Un enemigo invisible pero peligroso, paralizante. El presidente egipcio Hosni Mubarak ordenó en 1991 cerrar la Asociación de Solidaridad con las Mujeres Árabes que había creado Nawal en 1982. Esta mujer se ha enfrentado a la ignorancia, a la pobreza y a la enfermedad y por ello todos los Gobiernos egipcios la han perseguido.
La mujer que ha dado a conocer la humillación y la violencia en la que viven millones de mujeres en los países árabes soñaba con pianos cuando era niña. No le gustaban ni los secretos ni los susurros, le parecían “repugnantes y sospechosos”. Sus libros, sus artículos han sido un acto de subversión en voz alta y clara, frente a los que ejercen la injusticia en nombre de la moral, la religión y los valores sociales.

25 de noviembre de 2015

Boko Haram: una guerra contra ellas

Boko Haram, la milicia islamista que tiene su base en el noreste de Nigeria, desde hace siete años siembra el terror y ha ocasionado alrededor de 17.000 muertos y 2,5 millones de desplazados. Su nombre deja bien a las claras sus intenciones, Boko Haram significa en lengua hausa que la educación occidental está prohibida, y para lograrlo aplican los más brutales métodos, con una fijación especial por los secuestros de niñas.
Judith Prat ha realizado un documental de imágenes y voces, “Boko Haram, una guerra contra ellas”, que es el fruto de sus visitas a la zona en conflicto y de haber convivido con algunas de las 700 mujeres y niñas que el pasado mes de abril fueron rescatadas por el Ejército en el bosque Sambisa, el territorio donde se esconde la guerrilla. Tras su prolongado secuestro, más de doscientas estaban embarazadas y otras habían tenido hijos, después de haber sido violadas y, en algunos casos, obligadas a casarse con miembros de la milicia.
La fotógrafa Judith Prat tiene un largo curriculum de trabajos relacionados con las más graves situaciones de vulneración de derechos humanos, movida, como ella misma cuenta: “por mi interés en contar lo que ocurre, por sacar a la luz realidades que en ocasiones no son visibles, por plasmar en imágenes pequeñas historias de personas anónimas que en realidad están contando cómo es el mundo en el que vivimos”. Entre su obra fotográfica destacan sus trabajos sobre la vida en las cárceles de Panamá, las consecuencias de la crisis para los inmigrantes que viven en nuestro país, las condiciones de esclavitud de los trabajadores de las minas de Coltán en el Congo o la vida cotidiana de los refugiados sirios.
Texto publicado en la web Be Sincro!

13 de noviembre de 2015

Mujeres saharauis: la lucha que continúa


Fotografía de Laura Toledo Daudén.
Artículo de Zahra Ramdán, fundadora y presidenta de la Asociación de Mujeres Saharauis en España, publicado en la revista PUEBLOS
El 31 de octubre de 1975, el ejército marroquí invadió y ocupó por la fuerza de las armas el Sáhara Occidental, obligando a su pueblo a enfrentarse a una gran injusticia que hoy, cuarenta años después, continúa tratando de silenciar a pesar de la flagrante violación de la legalidad internacional. Las mujeres saharauis, incorporadas desde el inicio a la lucha por la libertad y la justicia para su pueblo, siguen activas y convencidas de que son parte indivisible de ese gran movimiento a nivel mundial que lucha por la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres y por la construcción de un mundo más justo y más democrático.

Los bombardeos a principios de 1976 de la aviación marroquí con fósforo blanco y napalm de los civiles saharauis que huían de sus ciudades y aldeas provocaron el éxodo de la población y que ésta se refugiase en el desierto, en los campamentos.
La ocupación provoca cierta similitud con la primera etapa del pueblo saharaui, nómada, en lo que respecta la ausencia de los varones. En este caso, ellos se encuentran en el conflicto bélico, y su ausencia facilita de nuevo la ocupación de los espacios por las mujeres. La vida en los campamentos está subordinada a la organización y supervisión de las mujeres, que se han hecho cargo en un porcentaje muy elevado del poder local y familiar y son parte importante de profesiones anteriormente reservadas a los hombres.
Muchos observadores y analistas internacionales coinciden en que la participación directa de las mujeres saharauis por lograr sus legítimos derechos a la libertad y a la independencia es uno de los grandes símbolos de la resistencia de este pueblo.
La ONU y Marruecos
Tras dieciséis años de guerra, la Organización de Naciones Unidas (ONU) convenció en 1991 al entonces rey de Marruecos, Hassan II, de que aceptara que el pueblo saharaui ejerciese su derecho legítimo a la autodeterminación mediante un referéndum supervisado por la propia ONU y la Unión Africana. Así, se creó la Misión de Naciones Unidas para el referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO).
La política intransigente del gobierno de Marruecos es el principal obstáculo para la implementación del proceso de descolonización del último vestigio colonial en África. Marruecos obstaculiza de manera continuada los esfuerzos que lleva a cabo el enviado personal del secretario general de la ONU, el diplomático estadounidense Christopher Ross.
Nuevo ciclo para las mujeres
En esta etapa histórica del Sáhara Occidental se abre un ciclo diferente para las mujeres saharauis. Terminado el proceso bélico, se produce el retorno de los hombres a los campamentos de refugiados, lo que provoca que mujeres y hombres tengan que compartir de nuevo los mismos espacios.
Las mujeres saharauis demuestran ser firmes defensoras de la autodeterminación de su pueblo y de la creación de un Estado que no merme sus conquistas sociales.
La experiencia de las organizaciones de mujeres en situaciones de conflictos en otros países confirma que los procesos de desmovilización tienden a producir un retroceso en las posiciones logradas por las mujeres. Las personas que han acudido a los campamentos en los años de la guerra (1975-1991), en calidad de observadoras internacionales o visitantes, y que han regresado posteriormente, coinciden en que las mujeres saharauis no han sido ni son una excepción en este sentido.
Pese a esto, las mujeres saharauis gozan de un status jurídico y político muy avanzado con respecto a otros países con condiciones económicas y sociales similares, así como con respectoa otros países de religión islámica, puesto que participan activamente en las esferas administrativa y política. En este sentido, son un ejemplo vivo de que la cultura donde se desarrolla una religión es tan importante como la religión misma. El Islam se entiende como se concibió esencialmente en su origen, sin discriminaciones entre sexos, no contaminada por otras interpretaciones culturales.
Mujeres organizadas
A principios de 2004 se fundó la Asociación de Mujeres Saharauis en España (AMSE), formada por mujeres procedentes de las ciudades ocupadas, de las zonas liberadas y de los campamentos de refugiados y refugiadas. Durante todo este tiempo, AMSE ha llevado a cabo un importante trabajo de sensibilización acerca de la situación del pueblo saharaui, destacando especialmente el protagonismo de las mujeres como ejemplo de emancipación y empoderamiento dentro del mundo árabe y musulmán.
El VII Congreso de la UNMS se celebró entre el 3 y el 5 de abril de 2015 en la Wilaya de Smara, campamento de personas refugiadas saharauis de Tindouf (Argelia), con la participación de delegaciones extranjeras que llegaron de los continentes. Fotografía: Isabel Uria Serrano de la Asociación de Amigxs de la RASD de Bizkaia.
El VII Congreso de la UNMS se celebró entre el 3 y el 5 de abril de 2015 en la Wilaya de Smara, campamento de personas refugiadas saharauis de Tindouf (Argelia), con la participación de delegaciones extranjeras que llegaron de los cinco continentes. Fotografía: Isabel Uria Serrano de la Asociación de Amigxs de la RASD de Bizkaia.
Se han organizado multitud de charlas, conferencias, coloquios, exposiciones fotográficas y actividades de carácter cultural, y se ha publicado abundante material de difusión y sensibilización. Se ha procurado trabajar de manera coordinada con las redes de solidaridad de cada lugar, así como con grupos internacionales.
Uno de los principales objetivos de AMSE ha sido y sigue siendo hacer frente al bloqueo informativo impuesto sobre la lucha del pueblo saharaui, visibilizando siempre a las mujeres como elementos fundamentales en la transformación de la sociedad. Trabajamos para desenmascarar las maniobras y artimañas del régimen ocupante marroquí, que no ha escatimado esfuerzo alguno para confundir a la opinión pública internacional acerca de su presencia colonial en nuestro país.
Futuro incierto
La pasividad de la comunidad internacional, la ambigüedad, la complicidad de ciertos gobiernos occidentales y su insensibilidad ante la continua vulneración de los derechos humanos animan al gobierno de Marruecos a proseguir en su intransigencia, no aplicando las resoluciones de las Naciones Unidas y poniendo condiciones previas e inaceptables a las diferentes rondas de negociaciones.
Después de más de dos décadas del histórico alto el fuego y ante la imposibilidad de la aplicación del Plan de Paz debido a los grandes impedimentos ejercidos por Marruecos, la paciencia del pueblo saharaui se agota. Lo que está en peligro es la resolución pacífica del conflicto. Nadie quiere que esto suceda, pero tampoco nadie podrá hacerle responsable de lo que sería una tragedia anunciada, tras más de veinticuatro años de espera pacífica y confianza en las negociaciones auspiciadas por Naciones Unidas.

4 de octubre de 2015

Papusza, la primera poeta gitana

Texto publicado en el periódico El País. Un dato que no incluye esta breve reseña sobre la película, es que está rodada en romaní, para lo cual, los actores y actrices tuvieron que estudiar esta lengua propia del pueblo gitano durante un año.

Bronislawa Wajs, también llamada Papusza (1910-1987), fue la primera poetisa gitana polaca que vio publicados sus escritos, lo que le valió el reconocimiento literario, aunque también el repudio de la mayoría de su propio pueblo, entonces con demasiados prejuicios con la cultura (de cría había aprendido a leer a escondidas), más allá de la música, sobre todo si en sus escritos se reflexionaba sobre la naturaleza de la etnia, sus arraigadas costumbres y su carácter. Acusada de revelar los secretos de su pueblo, la mujer protagonizó una historia de rebelión y sacrificio que el matrimonio formado por Joanna Kos-Krauze y Krzysztof Krauze (fallecido el año pasado de un cáncer) filmó en 2013 casi como un espectáculo visual, tan pictórico como cinematográfico.

Desde el primer al impresionante último plano, el trabajo de los directores, con encuadres y composiciones cercanas al romanticismo pictórico alemán, y de Krzysztof Ptak como director de fotografía es deslumbrante; una belleza que, por cercanía en el tiempo y en el espacio, sería fácil comparar con la de Lukasz Zal y Ryszard Lenczenwski para Ida,candidata al Oscar, pero que por su tonalidad de alto contraste quizá esté más cerca de la de Fred Kelemen para El caballo de Turín (Béla Tarr, 2011). La imagen, en realidad, es más de media película, porque en lo narrativo la pareja de directores cuenta su relato a través de secuencias muy cortas que intercalan momentos en desorden cronológico entre 1910 y la década de los 70, apenas pinceladas alejadas de la narrativa convencional que no acaban de atrapar la emoción de fondo de la existencia de Papusza. De hecho, las escenas más expositivas sobre la formación del mito de la poeta son las más rancias, lo que lleva a que sean sus secuencias sin texto, exteriores, con sus cielos nublados al acecho de las almas, las absolutamente perdurables de una película desigual con un portentoso trabajo de luz y textura.

Fotografía: http://wyborcza.pl/1,75475,14461929,Z_taboru_bylam__teraz_znikad_jestem___ksiazka_o_Papuszy.html?ssoSessionId=37a5833f36512c22326a343712823c9aec66256d506e9273c3b17aa267aa075b