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Amy Goodman

Periodista, investigadora, escritora... Ha demostrado que SÍ es posible la independencia de los medios de comunicación y ha dado voz a lxs excluídxs en los mass media. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Vandana Shiva

Doctora en física, filósofa, activista por la justícia global y la soberanía alimentaria... Ha demostrado que SÍ es posible la producción sostenible y plural de alimentos. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Tawakkul Karman

Periodista, política, activista por los Derechos Humanos... Ha demostrado que SÍ se puede luchar desde el pacifismo por la Revolución política, social y de género en Yemen. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Joumana Haddad

Poeta, traductora... Ha demostrado que SÍ se puede trabajar por la secularización de la sociedad, la libertad sexual y los derechos de las mujeres en Líbano. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Leymah Gbowee

Trabajadora social, responsable del movimiento que pacificó su país en 2003... Ha demostrado que SÍ es posible la Paz en Liberia y que las mujeres son sus constructoras. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Ada Colau

Filósofa de formación y miembra visible de la PAH... Ha demostrado que SÍ es posible hacer frente a la ilegitimidad de las leyes movilizando a la sociedad pacíficamente. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Marama Davidson

Activista por los derechos del pueblo maorí... Ha demostrado que SÍ es posible identificarse con la idea universal de la descolonización del Planeta. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Teresa Forcades

Doctora en salud pública, teóloga... Ha demostrado que SÍ es posible un discurso humanista, feminista y combativo por la justícia social dentro de la Iglesia Católica. SIN ELLA NO SE MUEVE EL MUNDO.

Sheelah McLean, Nina Wilson, Sylvia McAdam y Jessica Gordon

Fundadoras del movimiento Idle No More... Han demostrado que SÍ es posible mobilizar a la sociedad en defensa de los derechos de los pueblos autóctonos en Canadá. SIN ELLAS NO SE MUEVE EL MUNDO.

9 de mayo de 2015

Who was Maryam Şahinyan?

Maryam Şahinyan fue una fotógrafa armenia que se resistió a los avances tecnológicos en fotografía y a las nuevas tendencias estéticas que se fueron desarrollando durante las distintas décadas del siglo xx en las que se desenvolvió su vida y su trabajo. Durante los casi 50 años de su carrera profesional, siempre utilizó una cámara de fuelle de madera, adquirida por su padre, y el blanco y negro en todas sus fotografías. Su obra, compuesta por 200.000 imágenes, constituye un archivo único que refleja de manera fiel la sociedad de aquellos años en Estambul, donde tuvo que instalarse tras el inicio de las deportaciones y asesinatos que dieron lugar al primer genocidio del siglo xx, perpetrado por el Imperio otomano contra el Pueblo armenio, y que comenzaron en el año 1915.
 La administradora del blog  

Artículo publicado en http://saltonline.org/en/141

Maryam Şahinyan was born in 1911 at Şahinyan Konağı (Camlı Köşk), one of the most impressive civil structures in Sivas. Her grandfather, Agop Şahinyan Paşa, represented Sivas in the first Ottoman Parliament (Meclis-i Mebusan), established in 1877. Born with the social privilege inherent to a grandchild of a member of parliament, Şahinyan’s life took an unexpected turn when, as a child, she witnessed the historical events of 1915. Her family left behind the considerable real estate it owned in the region, including nearly 30 villages, five flour mills and Şahinyan Konağı, which was located in Sivas’ city center. Relocating to İstanbul via Samsun, the Şahinyans adjusted to the circumstances brought about by the Republican era, resettling in a modest apartment in Harbiye.

In 1933, Maryam’s father, Mihran Şahinyan, became a partner at the Foto Galatasaray studio in Beyoğlu - at the time managed by two Yugoslavian brothers. Typical to bourgeois children of the Imperial era, photography had been a hobby for Mihran growing up. Now, his childhood pastime would determine his family’s future, as Mihran worked at the studio to support them. At the time of Maryam’s mother, Dikranuhi Şahinyan’s, sudden death in 1936, the family’s limited finances were strained. While her brothers continued to pursue their educations, after completing primary studies at Esayan Armenian School, Maryam dropped out of Lycée Français Privé Sainte-Pulchérie during middle school to help her father at the studio. Learning the intricacies of studio photography over a couple of years, the young woman, in contrast to her siblings, developed a passion for her father’s work. By 1937, she decided to shoulder the financial burden of the family and manage the studio independently. As a woman studio photographer, Maryam was preferred by many female clients. The decision to take over the business thus proved advantageous for the studio under the conservative climate of the time. Maryam Şahinyan never married nor had children, and worked uninterruptedly in her studio, which ultimately moved across three Galatasaray locations, over her half-century-long career.

Armed with the wooden bellows camera her father originally took over from a family that immigrated from the Balkans in the aftermath of the First World War and the black-and-white sheet film she continued to use until 1985, Şahinyan, in a sense, arrested time – both against the technological advancements photography was experiencing and contemporary trends. In the end, she created an unparalleled visual coherence without compromising her technical and aesthetic principles. Throughout her professional life, Şahinyan wore a white coat and black over-sleeves to protect her clothing. She had a good command of French and Italian, in addition to Turkish and Armenian, and she used all these languages in her work. Friends with nuns, Italian sirs, and clergymen who came to İstanbul to work in different institutions, as well as the kuyrs of the Armenian Kalfayan Orphanage and Anarat Hığutyun, she provided her services pro bono to these circles throughout her life. Under Şahinyan’s leadership, Foto Galatasaray witnessed various political periods, from the 1942 imposition of Turkey’s Capital tax to the war against Cyprus in 1974, as well as the demographic and socio-cultural transformations İstanbul underwent over the course of five decades. When she retired from the studio in 1985, Şahinyan left behind a unique visual archive made up of approximately 200,000 images. She passed away at her home on Hanımefendi Sokak in Şişli in 1996 and is buried in Şişli Armenian Cemetery.

22 de abril de 2015

La cultura del lazo rosa produce y reproduce la violencia androcéntrica y biomédica más salvaje

Artículo de la antropóloga Ana Porroche-Escudero, investigadora en la División de Investigación para la Salud de la Universidad de Lancaster y miembro del Breast Cancer Consortium, publicado en la revista Diagonal



Hoy en día se habla mucho de concienciar a la población sobre el cáncer de mama. Se supone que contribuimos a esta causa al comprar camisetas, lacitos y todo tipo de productos rosas de lo más diverso, o participando en multitud de eventos benéficos. Con el objetivo de esta ‘concien­ciación colectiva’ se ha generado un ambiente festivo y un interés público sin precedentes en el ámbito de la salud. El problema principal es que el término ‘concienciación’ se ha despolitizado, lo que tiene consecuencias gravísimas.

La Asociación Española contra el Cáncer (AECC) es una de las máximas exponentes de esta lectura controvertida. Básicamente, reduce la concienciación a la provisión de información para que las mujeres cumplan con los mandatos médicos haciéndose mamografías y adoptando un estilo de vida que se considera saludable. El adoctrinamiento proviene del tono parternalista, monocromo, basado sola y únicamente en fomentar el acatamiento de las normas sobre el comportamiento personal y coercitivo, apelando al miedo a la enfermedad, a la responsabilidad social y a las responsabilidades de género para influir en el comportamiento de las mujeres.

Esta visión instrumentalista y violenta contrasta radicalmente con el planteamiento de la ‘concienciación crítica’, promovido por el movimiento feminista allá por los años 70, basado en la información crítica y la promoción de la autonomía personal. Uno de los principios de éste es que la información proporcionada debe ser “correcta, relevante, accesible, efectiva y basada en la evidencia científica”. Algunas de las preguntas alternativas que la concienciación crítica plantearía son: ¿por qué la incidencia del cáncer de mama continúa aumentando a pesar de los avances de la medicina? ¿En qué tipo de investigación se invierte el dinero? ¿Cuánto dinero se recauda con la mercadotecnia rosa, a dónde va a parar y a quién beneficia? ¿Qué grupos de mujeres desarrollan determinados tipos de cáncer, y quién tiene más probabilidades de sobrevivir? ¿Cuál es el impacto económico, social, emocional y físico del diagnóstico y tratamiento de cáncer? ¿Cuáles son las diferentes opciones terapéuticas disponibles para las personas afectadas? ¿Cuáles son los beneficios y los efectos secundarios de las intervenciones?

Cualquier medio es válido

Como consecuencia de esta despolitización, cualquier tipo de crítica al modelo actual es rápidamente acusada de “poco ética e inmoral” y de ir en contra de los intereses de las mujeres. De igual manera, cualquier interveción que se hace en nombre de la ‘buena causa’ se considera legítima, lo que ha llevado a malgastar millones de euros en esfuerzos educativos que no fomentan la autonomía personal. Estos esfuerzos se han aprovechado de la solidaridad de la población, creándoles la falsa sensación de estar haciéndolo bien y de estar informada, sin que sea cierto.

Asimismo, raramente se cuestionan los medios empleados para conseguir los fines. El sexismo, la sexualización, la infantilización de las mujeres, la difusión de información sesgada o totalmente irrelevante son frecuentes en muchas campañas, junto al uso de la pedagogía del miedo o el adoctrinamiento, acciones todas ellas justificadas dentro de un marco patriarcal y monopolizado por la autoridad biomédica.

La tendencia a infantilizar a las personas enfermas no es nueva en la medicina, a pesar de las duras batallas para repensar el paradigma dominante de atención médica basado en relaciones de poder médico-paciente. La suposición es que las personas enfermas, y el público en general, son incapaces de comprender la información médica y tomar decisiones por sí mismas. De ahí el énfasis en la tutela paternalista, obsesionada con dictar cuáles son los comportamientos ‘adecuados’. La ensayista Barbara Ehrenreich explica en su artículo Bienvenida a la tierra del cáncer cómo la promoción de juguetes como ositos de peluche y elefantitos rosas “animan a las mujeres a regresar a su estado de niñez, a no cuestionar y aceptar cualquier medida que los doctores, como padres sustitutos, imponen”.

La infantilización está íntimamente ligada con la tendencia a trivializar la enfermedad. Las investigadoras Gayle Sulik, Susan Love y Barbara Ehrenreich explican que el uso del color rosa y toda la parafernalia en torno a este cáncer crea una (falsa) sensación de festividad, suaviza la crueldad de la enfermedad, minimiza el dolor y ridiculiza el miedo a través de la negación de la mortalidad y de la psicopatologización de las mujeres que no comulgan con el eslogan impositivo y peligroso “piensa en positivo y vencerás el cáncer”.

Esta trivialización también invisibiliza las cicatrices emocionales, económicas y físicas a corto, medio y ­largo plazo, anestesia la rabia y suprime el espíritu crítico. Las reivindicaciones de la activista y enferma Beatriz Figueroa son un ejemplo desalentador de la falta de conocimiento público sobre el impacto de la enfermedad. Como señala Figueroa, “la vida no sigue igual después del cáncer”, al menos no para muchas personas. Con todo esto no sugiero que tengamos que recurrir a un lenguaje apocalíptico, ni tampoco niego los posibles beneficios de una actitud positiva frente a la vida; sin embargo, la concienciación crítica requiere ‘realismo’, entendido como “la actitud o práctica de aceptar una situación tal y como es y de estar preparada para ocuparse/lidiar/enfrentarse con ella como corresponde”, según palabras del Breast Cancer Consortium.

La sexualización de la enfermedad y la cosificación de los pechos como objetos de placer sexual masculino son otras dos formas omnipresentes de violencia. De hecho, se ha denunciado durante décadas que este tipo de cáncer ha conseguido atraer la atención pública simplemente porque es una ‘enfermedad sexy’. Ven­de. En otras palabras, la concienciación justifica el modo en que los pechos y los cuerpos de las mujeres han sido representados, escudriñados de una manera casi pornográfica por muchas de las denominadas campañas que se suman al rosa.

Preservar la feminidad

Estas campañas no constituyen actos reivindicativos para reclamar la diversidad corporal de las mujeres y despatologizar los cuerpos mastectomizados. Todo lo contrario. Los pechos se muestran como objetos donde el placer (del otro) y el consumo van a la par. Además de invitarnos a comprar productos, instigan a que hagamos todo lo posible para preservar nuestra feminidad y sexualidad –tristemente reducida a los pechos, como si fuesen el único atributo que hace mujer a una mujer–. Raramente se conceptualizan los pechos como un órgano importante para la propia mujer, en su vertiente estética, encarnada o sexual, que las prótesis y cirugía no pueden imitar.

Además, en estas campañas, el arquetipo propuesto de mujer (re)pro­duce una sexualidad encorsetada e inaccesible, donde la delgadez, la hiperfeminidad, la heterosexualidad, la juventud, la salud y la simetría corporal representan el ideal. De este modo, cualquier síntoma de enfermedad que amenace este ideal se convierte en una fuente de estigma y debe ser escondido. Según la poeta Audre Lorde, los pañuelos, el maquillaje, las prótesis y la obligatoriedad de las reconstrucciones mamarias son artefactos al servicio del patriarcado.

La desinformación es otra forma de violencia. Es preocupante la falta de información realista y precisa sobre los tratamientos e intervenciones quirúrgicas. La Federa­ción de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP) denuncia que la Asociación Española contra el Cáncer “no advierte de las fuertes controversias existentes sobre el cribado del cáncer de mama a nivel mundial, de los posibles perjuicios para la salud de una parte de las participantes y de los déficits informativos en el consentimiento informado, tratando a las mujeres como menores de edad”. Lo mismo se podría decir de la información sesgada sobre la cirugía reconstructiva. Y no hablemos del silencio estruendoso sobre la falta de inversión en el área de investigación de la metástasis.

Resulta curioso, además, que se permita que compañías que patrocinan muchas de estas acciones ‘educativas’ sean responsables de producir agentes contaminantes en sus productos (como en el caso de Ford o Avon) o estén ligadas directamente a la industria farmacéutica (Novartis, Procter&Gamble). Esto evidencia la falta de escrúpulos de estas organizaciones, donde los intereses monetarios se anteponen a la salud pública.

Culpabilizar de la enfermedad

Existe también el peligro de que los esfuerzos de prevención se centren exclusivamente en modificar el comportamiento de las personas. Esto conlleva que se haga responsable a éstas de prevenir el cáncer, de detectarlo y curarlo, y de culpabilizarlas si las cosas salen mal. Igualmente, este paradigma centrado en la mujer oscurece la responsabilidad de los gobiernos de actuar y evita la investigación sobre las causas del cáncer.
En definitiva, la cultura del lazo rosa produce y reproduce la violencia androcéntrica y biomédica más salvaje. La lógica de que concienciar es una acción positiva, liberadora y colectiva ha sido secuestrada por la industria privada y por la salud pública más paternalista y menos política con el objetivo de promocionar determinados tipos de comportamientos y consumismo.

Mamografías periódicas a examen

La radiofísica hospitalaria Guadalupe Martín explica cómo “la implementación de los programas de cribado mamográfico está basada en estudios de hace más de 30 años, cuyos resultados sobreestimaron los beneficios y no mencionaron el perjuicio más importante, el sobrediagnóstico o diagnóstico de cáncer de mama en mujeres sanas. El sobrediagnóstico es un hecho constatado en los programas de cribado, que cuestiona seriamente la justificación de un programa de prevención de la salud, en el que la máxima debería ser “primum non nocere ” (lo primero es no hacer daño). Aunque el nivel de sobrediagnóstico es un asunto sometido actualmente a debate por la comunidad científica, es fundamental la reevaluación de la justificación de los programas de cribado, en los que los beneficios son pequeños y los daños son numerosos e importantes, y en particular, cuando nuevas evidencias contradicen las creencias previas bajo las que se implantaron dichos programas".

 

 

19 de abril de 2015

El feminismo contra las políticas neoliberales, por Rosa Cobo

Artículo de Rosa Cobo, profesora titular de Sociología del Género de la Universidad de A Coruña, publicado en eldiario.es. Una reflexión sobre el ataque del capitalismo globalizado, y la intensificación de sus políticas neoliberales, a los derechos de las mujeres conquistados en los tres últimos siglos.

El feminismo es un movimiento social interclasista, pues todas las mujeres, de todas las clases sociales, de diferentes culturas o razas y con distintas orientaciones o identidades sexuales pueden ser abusadas sexualmente, agredidas, explotadas en el hogar y en el mercado laboral y discriminadas en aquellos ámbitos en los que hay recursos y poder. Las estructuras simbólicas y materiales sobre las que está edificada la desigualdad afectan en mayor o menos medida a todas y cada una de las mujeres y ninguna de ellas puede sustraerse a algunos de los rostros de esa desigualdad. 

En sus tres siglos de historia, el feminismo ha sabido identificar los nudos de la opresión y ha luchado políticamente para deshacerlos. En el siglo XVIII, el feminismo se articuló como una interpelación moral a los privilegios masculinos y en ese contexto las mujeres reclamaron la consideración de sujetos racionales como base para conseguir otros derechos que ya tenían los varones. En el siglo XIX, el feminismo exigirá el estatuto de sujeto político para las mujeres y se articulará políticamente en torno al derecho al voto. En el siglo XX, las feministas pondrán de manifiesto el dominio masculino en el marco doméstico y familiar y el feminismo subrayará el carácter político de aquello que había sido definido por el liberalismo y el socialismo como privado.

El feminismo del siglo XXI, en medio de intensos cambios sociales, se interroga acerca de las vindicaciones sobre las que articular la lucha bajo una poderosa reacción patriarcal y neoliberal. En efecto, como hemos podido ver en España recientemente con el derecho al aborto, ninguno de los derechos que hemos conquistado está plenamente consolidado. La reacción patriarcal pesa como una losa sobre las vidas de las mujeres debido a los intentos de restablecer los antiguos códigos patriarcales. 

La idea que quiero desarrollar es que en este comienzo de siglo, el capitalismo neoliberal se ha convertido en el dispositivo de mayor opresión para las mujeres. Todos los datos ponen de manifiesto que las políticas de austeridad son devastadoras para ellas. La idea, asentada entre la izquierda, de que las políticas económicas neoliberales afectan negativamente a las clases trabajadoras y medias es cierta, pero es una idea insuficiente. Hay una parte en esta afirmación que no se suele contar y es que las políticas de austeridad empobrecen y subordinan más a las mujeres que a los varones. 

La economía feminista subraya que uno de los efectos más rotundos de los programas de ajuste estructural es el crecimiento del trabajo gratuito de las mujeres en el hogar, resultado directo de los recortes de las políticas sociales por parte del estado. En efecto, aquellas funciones de las que el estado abdica, vuelven a recaer invariablemente en la familia y una vez más son asumidas por las mujeres. Si bien los trabajos reproductivos y de cuidados han sido asignados históricamente a las mujeres, las políticas de austeridad aumentan el trabajo en el hogar, pues algunas tareas que estaban ‘externalizadas’, ahora vuelven a la familia. 

Por otra parte, la entrada de considerables contingentes de mujeres al mercado global de trabajo en unas condiciones de sobreexplotación difíciles de imaginar es un requisito necesario para la supervivencia del nuevo capitalismo neoliberal. La alta participación de mujeres en las maquilas o zonas francas vinculadas al vestido y al montaje electrónico pone de manifiesto que hay sectores económicos ocupados mayoritariamente por mujeres. Como también puede apreciarse que las maquilas más descualificadas son las más feminizadas.

Los nuevos sistemas de producción flexible requieren un nuevo perfil de trabajador. Deben ser personas flexibles, capaces de adaptarse a cambios rápidos, a los que se puede despedir fácilmente y que estén dispuestos a trabajar en horas irregulares. Este segmento del mercado laboral se está convirtiendo en mano de obra heterogénea, flexible, temporal y con salarios de pobreza. Estos grupos de trabajadores, que Manuel Castells denomina ‘genéricos’, son mayoritariamente mujeres. El perfil del trabajador sin derechos y sobreexplotado tiene rostro de mujer. Este hecho es el que ha hecho que el feminismo se haya comprometido y movilizado políticamente junto a la izquierda en la lucha contra el neoliberalismo.

Sin embargo, hay que precisar que el objetivo político feminista no debe ser la crítica a la austeridad en sí misma: debe ir más allá e identificar la política patriarcal del neoliberalismo. El feminismo del siglo XXI ha entendido que el capitalismo neoliberal, en estrecha alianza con los diversos patriarcados, está privando de derechos conquistados a las mujeres, está articulando nuevos espacios de subordinación, incrementando la explotación y feminizando la pobreza. El resultado es un creciente e instrumental aumento de la violencia contra las mujeres con el objetivo de que acepten su nuevo rol en las nuevas sociedades capitalistas y patriarcales. Cualquier estrategia feminista debe articularse en torno al trabajo y al empleo debido a su carácter fuertemente opresivo para las mujeres. Y, además, esta estrategia desembocará en la construcción de diferentes espacios de encuentro entre las feministas y las mujeres que no se encuentran dentro del movimiento feminista. Las políticas neoliberales y patriarcales deben convertirse en uno de los objetivos de la lucha feminista porque se han convertido en la causa fundamental de la feminización de la pobreza.

Fuente fotografïa: http://dcs.uas.edu.mx/index.php?sec=3&op=2&tipo=i&id_noticia=3789

17 de abril de 2015

The radical vision of Toni Morrison

Entrevista a Toni Morrison, premio nobel de literatura en 1993, publicado en el magazine dominical del periódico New York Times, con motivo de la grabación del audiolibro de su última novela "God Help de Child", en la que ella misma ha prestado su voz. Podéis leer esta extensa entrevista al completo clicando en el enlace anterior.

At 84, she sits comfortably as one of the greatest authors in American history, even as her uncompromising dream for black literature seems farther away than ever.

Not too long ago, Toni Morrison sat in the small kitchen attached to the studio where she was recording the audiobook for her newest novel, “God Help the Child,” telling a roomful of strangers stories that I will never forget. The studio, a small, refurbished barn in Katonah, N.Y., was more than a hundred years old, but only a few rustic touches remained, like a sliding barn door and knotty pine floors. A solid kitchen table had been laid with fresh fruits, muffins and tins of jam. Beams of sunlight reflected off the blindingly white snow outside the glass window. A young woman from Random House kept mentioning her sunglasses, how it was bright enough to wear them inside. Everyone giggled at her nervous chatter, but they seemed to be mostly laughing at her brave attempt to make small talk in the presence of Toni Morrison.

The only person not bothered by the glare and the room’s awkward giddiness was Morrison herself, who sat at the head of the table, in a thin, black linen caftan, a wool beret and with a sizable diamond ring on one hand. Morrison wears her age like an Elizabethan regent or a descendant of Othello via Lorain, Ohio. Long before we met, I read that she could be impervious at times, coquettish at others. What was evident that day in Katonah was that had she so much as lifted a finger, every person in the room — the studio’s director and his engineer, her P.R. person from Knopf, her publisher and two young women from the audiobooks division of Random House — would have stopped what they were doing to ask if they could assist. Not because she required it, but because the unspoken consensus was that the person who produced the 11 novels that Morrison has written, the person those books came out of, was deserving of the fuss.

It takes a long time to record a book. Many authors use actors. But that’s not how Morrison hears her own sentences, so she does these tedious sessions herself. That day, she would go into a narrow, low-lit booth, carrying a small pillow for her back, sit down and read from her new book for hours. We followed along in the control room, listening to her barely-a-whisper voice read from a chapter called “Sweetness”: “It’s not my fault. So you can’t blame me. I didn’t do it and have no idea how it happened.”

 

 


9 de abril de 2015

"Devuelve a tu madre su nombre"


De acuerdo con ONU Mujeres, para los hombres egipcios, y de otros países de Oriente Medio, revelar el nombre de la madre es considerado a menudo un tabú. De hecho, si un hombre revela el nombre de su madre será objecto de burla pública. Con el tiempo, el nombre de estas mujeres es olvidado y son conocidas con denominaciones como "la madre de su hijo menor". ONU Mujeres y BBDO Dubai lanzó la iniciativa "Devuelve a tu Madre su Nombre", con la esperanza de crear impacto y tomar medidas para minimizar este horrible tabú.

Para crear conciencia, esta iniciativa pidió a los hombres de Oriente Medio que cambiaran el perfil de su Twitter el Dia de la Madre -que en esta región se celebra el 21 de marzo- por el nombre de sus madres. Hasta ahora la respuesta ha sido positiva, con una mayoría tuiteando los nombres con el hashtag #MyMothersNameIs.

Texto traducido del publicado en BuzzFeed Videos

18 de marzo de 2015

Zanele Muholi: Un trabajo sobre la intimidad de la comunidad LGTBI en Sudáfrica

Artículo publicado en la revista DIAGONAL

Una reconocida activista de la fotografía

Zanele Muholi nació en Durban en 1972. En 2002, cofundó el Forum for the Empowerment of Women (FEW), una organización de lesbianas negras dedicada a ofrecer un espacio seguro a mujeres para reunirse y organizarse. Su primera exposición en solitario fue Visual Sexuality: Only Half the Picture, en Johannesburgo en 2004. Entre los reconocimientos que ha recibido destaca el l Premio Casa África en la Bienal de ­Fotografía de Bamako de 2009 y en 2013 el Príncipe Claus del Ministerio de Cultura holandés.


El continente africano ha sido, durante mucho tiempo, el gran olvidado en la historia de la fotografía. Si, como apuntaba la escritora Susan Sontag, la fotografía aporta una nueva gramática de la visión, para enriquecer el vocabulario fotográfico conocido hasta ahora debemos incorporar las visiones que pueden ofrecernos las fotógrafas africanas, sin caer en los lugares comunes ni en los estereotipos vigentes. Éste es el caso de Zanele Muholi.
La obra de Muholi es, según sus propias palabras, “un trabajo de activismo visual”. Todo su empeño y su lucha se centran en dar visibilidad a la comunidad negra de lesbianas, gays, bisexuales, personas transgénero e intersexuales. Por eso sus imágenes presentan a mujeres negras, lesbianas, suda­fricanas o de otros países, mujeres de toda índole social, y nos muestran una comunidad compuesta por una multiplicidad de identidades. Colocan en primer plano a las protagonistas de las fotografías, mujeres que lo hacen de forma voluntaria y que mantienen una relación de proximidad con la fotógrafa. Son participantes de la vida política, económica y social de sus países respectivos, que viven, que son, pero que, sin embargo, no forman parte de la historia oficial, como denuncia Zanele Muholi.

Las otras

Una de las mayores batallas de ­esta fotógrafa ha sido desafiar la hegemonía reescribiendo una historia visual que todavía sigue ­dominada por una visión etnocéntrica y patriarcal, y que continúa articulándose a través de un pensamiento heteromasculino, etiquetando por tanto a las lesbianas negras como “las otras”.

Esta lucha emprendida por Muholi en relación a la comunidad LGTBI hay que enmarcarla en la realidad que vive la sociedad sudafricana postapartheid a la que pertenece la artista. Una sociedad en mutación y transformación en la que una joven generación, a la que pertenece esta fotógrafa, lucha por subvertir el orden establecido y reclama nuevas formas de representación. Muholi, nacida en un township [asentamientos segregados para personas negras situados fuera de las ciudades o pueblos], de familia trabajadora, siempre ha luchado por vivir como una lesbiana negra en un país que ha pasado de la lucha violenta antiapartheid a la reconciliación con su opresor en la construcción de una transición democrática. Es en esta sociedad en la que ha ido creciendo la artista, lanzándose a la fotografía, realizando un curso en el Market Photo Workshop, una escuela fundada por David Goldblatt a finales de la década de 1980 y que nace en respuesta al apartheid, para formar a jóvenes fotógrafos que ­habían sido excluidos del ciclo tradicional de formación en aquel momento.

Activismo visual

El marco favorable que encuentra en la escuela la empuja a desarrollar su “activismo visual”, a adoptar la fotografía como un impulso, como un acto de militancia que alerta sobre la triple exclusión que soportan las lesbianas negras en Sudá­frica, que deben luchar contra el racismo, el sexismo y el patriarcado. Muholi denuncia, pero sobre todo, y de ahí la fuerza de sus fotografías, no coloca a estas mujeres como víctimas. Al contrario, presenta a cada una de ellas como sujetos plenos, realizando un importante trabajo de documentación, de archivo de la vida de esa multiplicidad de mujeres. Las retrata de forma individual, cada una posando, colocando su identidad diferenciada en primer plano y permitiendo, en última estancia, construir una nueva historia visual de Sudá­frica y del África contemporáneas, al poner en entredicho nociones tales como que la homosexualidad es una sexualidad no africana.
En el conjunto de África sigue persistiendo la idea de que la homosexualidad es una maldición traída por Occidente y muchos paí­ses continúan todavía persiguiéndola. En el caso de Sudáfrica, aunque la Constitución sudafricana de 1996, considerada como una de las más “avanzadas” de África, protege los derechos sexuales, todavía sigue privilegiando un tipo de orientación sexual hetero; mientras que en Occidente, obsesionados con la falsa idea de la “autenticidad africana”, ver el amor de dos mujeres negras entra en contradicción con el imaginario construido.
Pero su trabajo de registro, recopilando las historias de estas mujeres, reescribiendo sus propias experiencias, no se compone únicamente de sus luchas, no sin esfuerzo, sino también y fundamentalmente del amor presente en cada una de ellas. Así, nos abre su vida, comparte con nosotros sus momentos de felicidad y de complicidad, multiplicando los fragmentos de una historia que se escribe día a día.

Registro histórico

Los retratos íntimos de Muholi presentan el cuerpo negro femenino de una manera sincera e impactante, poniendo al descubierto la multiplicidad de identidades y sexualidades humanas. Sus trabajos Indawo Yami, Faces and Phases y Being, realizados entre 2006 y 2014 y dentro del que se encuentran las fotografías que acompañan este reportaje, recogen retratos en blanco y negro de la comunidad LGTBI de Sudáfrica y crea un registro histórico de una parte de la población que permanecía oculta. Su obra expone las contra­dicciones existentes entre las políticas de Estado sudafricanas progresistas respecto a la comunidad LGTBI y el contexto de agresión homofóbica que vive el país a diario.

15 de marzo de 2015

Sophie Smailes: Negociando y navegando mi cuerpo gordo

Artículo publicado en la revista Athenea Digital

En este artículo interactúo con la autoetnografía feminista como forma de aproximación al fenómeno cultural de ser una mujer “gorda”. La autoetnografía feminista es un enfoque profundo y comprometido, que logra poner de relieve la colonización de espacios y discursos. El proceso destaca la coexistencia y la exposición de “yoes” líquidos vulnerables – cuestionando nociones de un yo, que es una “identidad” cuidadosamente contenida y controlada. El proceso crítico de la autoetnografía feminista se entrelaza con bibliografía sobre investigación feminista, feminismos, autoetnografía, estudios críticos sobre la gordura e interseccionalidad. Un punto clave de esta investigación es el proceso reflexivo de investigar las experiencias de ser una “mujer gorda” y como yo (y mi discurso) “resisto[imos] a las normas sociales e institucionales que frecuentemente prescriben la investigación” y “promocionan voces de mujeres y experiencias únicas" (Averett, Soper, 2011, p. 371-372).


8 de marzo de 2015

La revolución feminista venezolana explicada por Lidia Falcón

Publicado en el diario Público en su columna La verdad es siempre revolucionaria

Los días 5, 6 y 7 de marzo 4.000 mujeres se encontraron en el teatro de la Escuela Militar de Caracas, donde Hugo Chávez estudió, para celebrar el Congreso Venezolano de las Mujeres, de nivel nacional.


Desde noviembre de 2014, el Ministerio del Poder Popular de la Mujer, con su ministra Andreína Tarazón y sus viceministras se ocupa de todas las áreas que afectan a la vida de las mujeres: la formación política y profesional, el trabajo, la salud, la reproducción, comenzaron la ingente tarea de convocar a todas las organizaciones de mujeres del país para debatir los temas que deseaban ser analizados y discutidos en el Congreso.


Treinta mil mujeres participaron en esos trabajos a lo largo y ancho de una nación, que tiene un millón de kilómetros cuadrados. Treinta mil mujeres de todos los estados de la República, de todas las organizaciones feministas, que fueron reuniéndose con las máximas responsables del Ministerio del Poder Popular de la Mujer semana tras semana durante cuatro meses, para decidir los temas que interesaba que se estudiaran en el Congreso, y las Mesas y Talleres que deberían analizarlos durante las sesiones a fin de plantear y aprobar las conclusiones que deberán hacerse ley en la próxima legislatura.


Como nos explicó ayer la Ministra Andreína Tarazón, se tuvieron en cuenta las especificidades de todas las clases de mujeres: desde las niñas a las ancianas, de las esposas, de las madres, de las hijas, de las solteras, las trabajadoras asalariadas y las amas de casa, las discapacitadas, las lesbianas y las heterosexuales, y sus necesidades.


A este Congreso se arriba tras siete años de trabajo del Ministerio del Poder Popular de la Mujer, creado a raíz de aquella histórica declaración de Hugo Chávez de que sin las mujeres era imposible construir el socialismo y el énfasis con que aseguró que él era feminista. Durante este periodo de tiempo el Gobierno bolivariano ha logrado las mayores transformaciones que se han producido en Venezuela en toda su historia a favor de las mujeres y de los trabajadores de todas las clases. No solo se ha invertido en los avances sociales y en el reparto de la riqueza más que ningún otro país de Latinoamérica, como ratifica la ONU, y se ha erradicado el hambre como afirma la FAO, y se ha declarado a Venezuela libre de analfabetismo como asegura la UNESCO, sino que se ha llevado a cabo una ingente movilización de las mujeres articulándolas en más de 600 organizaciones autónomas en todo este gran país, pertenecientes a diversas tendencias ideológicas, defensoras de distintas causas y situadas en otras tantas ciudades y estados.


Por ello se llama el Ministerio del Poder Popular de la Mujer. Durante los últimos años este organismo ha convocado a las Voceras de Género de los Consejos Comunales en reuniones que se han repetido hasta tres veces al año, para que plantearan las demandas que tenían pendientes de resolver. Y el año pasado se creó el Consejo Presidencial de las Mujeres, que se reúne con el Presidente y le entrega las reclamaciones y las soluciones que consideran que se deben implantar, y que son vinculantes para la Presidencia.


Esta ingente labor llevada a cabo por una inteligente, preparada y preciosa Ministra de 27 años Andreína Tarazón y sus colaboradoras, igualmente integradas en la labor feminista, como la Viceministra Rebeca Madriz encargada del área de Formación y Participación Política que viene de la militancia en el Movimiento Feminista, y las otras Viceministras, Yekuana Martínez y Dulce Medina,  así como la Presidenta del Banco Bicentenario, ha dado su fruto más granado en el Congreso que acabamos de concluir.


Durante los tres días de las sesiones hemos asistido a los vibrantes discursos de la Ministra, de la Viceministra Rebeca Madriz, del Ministro de Educación Héctor Rodríguez y de la diputada y veterana luchadora feminista, discípula de Chávez, María León, la Leona como la llaman. Y hemos visto a la histórica dirigente indígena Noeli Pocaterra.


Es imposible transmitir en unas pocas líneas el entusiasmo que ha dominado a las asistentes al Congreso. Difícilmente se podía soportar el ruido de 4.000 gargantas gritando enfebrecidas ante las palabras de los oradores cuando se mencionaba al Comandante Hugo Chávez y al Presidente Maduro, al Padre de la Patria Simón Bolívar y a los llamamientos a defender Venezuela de la agresión imperialista. El paroxismo llegaba cuando se mencionaba la Revolución Bolivariana. Porque todas las participantes, y muchas más que no estaban en la Escuela Militar, saben que sin la revolución todas las conquistas alcanzadas serán abolidas por la derecha oligárquica entregada al imperialismo de EEUU.


Las mujeres han logrado que se erradique la pobreza extrema que las atenazaba desde la dictadura,  y bajo los gobiernos llamados democráticos de la IV República, en un 66%, que en la actualidad se limita a un residual 5%, como ha reconocido la FAO. Las Cámaras legislativas han aprobado La Ley por una Vida libre de Violencia para las Mujeres, que es la mejor del mundo, y a raíz de la cual se han creado Policía especializada, juzgados y fiscalías, la Defensoría de la Mujer y casas de abrigo.


Las mujeres solteras con hijos, las más pobres, las desempleadas, las discapacitadas han sido las principales beneficiarias de las 600.000 viviendas que el Gobierno bolivariano ha construido en sus mandatos. El sistema de salud público universal y gratuito, atendido por miles de médicos cubanos que se entregan a su trabajo en los pueblos y las ciudades más apartados, conviviendo con los vecinos, a veces en sus mismas chabolas mientras se construyen los centros de salud, donde acaban residiendo y atendiendo 24 horas diarias a los enfermos. Las Misiones, el Plan Mamá Rosa, ha ido superando en los barrios, en las comunas, en los Consejos Comunales, las injustas desigualdades económicas que mantenían a las clases trabajadoras en la pobreza secular, mientras una clase privilegiada se apropiaba de la mayoría de la riqueza del país.


La participación política de las mujeres ha crecido exponencialmente con su masiva participación en los Consejos Comunales, y es evidente que la preparación que muestran las voceras de esos Consejos es infinitamente superior a la que poseen tantas de nuestras dirigentes feministas. Sobre todo porque se definen y se defienden como revolucionarias, porque quieren hacer la revolución socialista y feminista sin pedir perdón por ello, sino enormemente orgullosas de poder proclamarlo en voz alta porque se saben respaldadas, impulsadas y protegidas por el Gobierno bolivariano.


Las conclusiones aprobadas en 24 mesas de trabajo que llamaron talleres, sobre todas las áreas que afectan a la vida de las mujeres y del avance revolucionario del proceso venezolano, son extraordinarias. Imposible en un artículo explicar las exigencias y realizaciones que se han aprobado en decenas de resoluciones sobre salud, educación, vivienda, asistencia social, formación política, violencia, interrupción voluntaria del embarazo, protección a las madres, trabajo doméstico y trabajo asalariado, igualdad salarial, pensiones para las amas de casa y para la vejez, las jóvenes, las afroamericanas, las indígenas, derechos para las lesbianas y las transexuales, cultura política y cultura feminista. Y en este breve resumen no cabe aún el índice del memorable e histórico documento, que son las conclusiones del Congreso Venezolano de las Mujeres, que acaba de concluir con unos parlamentos emocionantes de las invitadas internacionales.


Nadie que no haya escuchado los enardecedores y vibrantes discursos de Mariela Castro, la hija de Raúl Castro y Vilma Espín de Cuba, Piedad Córdoba, la diputada y negociadora del proceso de paz de Colombia, Xiomara Castro de Celaya, la legítima presidenta de Honduras después del golpe de Estado que secuestró y deportó a su marido el Presidente Zelaya, las representantes de Puerto Rico, Paraguay, Líbano, República Dominicana, Maite Mola de España, la dirigente de la Marcha Mundial de las Mujeres de Brasil, la invitada especial del partido Syriza de Grecia y la de Ecuador, Paola Pabón, que fueron acogidas con estruendosas ovaciones y delirantes muestras de entusiasmo, sabiendo lo que es alegría, fuerza, lucha y victoria, como gritaron ininterrumpidamente. Las mujeres que ayer subieron al estrado forman parte de la vanguardia del Movimiento Feminista mundial, y su energía es incomparable con el decaimiento y la pusilanimidad  que abate a muchas de nuestras feministas españolas. Porque aquellas saben que se juegan la vida y la supervivencia en esta lucha a muerte entre el capital y el imperio y las mujeres y los trabajadores.


Después de este evento, que he tenido la fortuna de presenciar, difícilmente se puede dudar del triunfo de la revolución feminista en Venezuela en el marco de la revolución bolivariana que comenzó con Hugo Chávez.

Por supuesto, para desesperación de la oposición de derechas, que querría ver destruidos los avances del pueblo y seguir disfrutando de la inmensa riqueza petrolera del país, al servicio del imperialismo estadounidense. Pero después de asistir a ese Congreso, las pocas esperanzas que debe abrigar esa llamada oposición de la MUD de reconquistar el poder, que las abandone, porque como siempre el pueblo venezolano, y en la vanguardia sus mujeres, están dispuestos a luchar hasta la muerte por defender la Patria, la Independencia, la Libertad y el Socialismo que se les había negado hasta la revolución bolivariana.


Digan lo que digan los medios de comunicación de la derecha venezolana y española, hagan lo que hagan los esbirros del capital y los agentes de la CIA introducidos en el seno de la sociedad, como gritaron ayer hasta la ronquera las mujeres y los hombres que estábamos allí, esos: los capitalistas, los oligarcas, los latifundistas, los policías asesinos, los paramilitares y los marines estadounidenses, esos, NO VOLVERÁN.